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El otro día acabé escuchando Noches felices en Viena que, pese a los aires de opereta, es una canción algo melancólica interpretada por la brillante pero no menos melancólica Asmahan. Es curioso, pensaba yo, como Occidente se inspira en Oriente y como Oriente mira también hacia Occidente. Siempre ha habido un flujo de intercambio entre las culturas mediado por clichés -qué duda cabe- pero el intercambio es un hecho. Si para muestra basta un botón, baste la canción de la princesa drusa Asmahan como demostración.

El mundo se transforma con mayor rapidez de la que podemos asimilar los ciudadanos de a pie mientras el protocolo de las formas mantiene el statu quo. Así fue en tiempos de Asmahan, así lo es ahora.

Pero en días como hoy es difícil no pensar en estos cambios al intentar escribir algo sobre un perfume. No quiero usar la palabra frivolidad porque todos necesitamos evadirnos un poco. Al fin y al cabo, las ilusiones o deseos individuales pueden darse a favor de las propias circunstancias, en contra de las mismas o a pesar de ellas.

Aún así, en cada lugar -y más aún bajo el paraguas del “mínimo común” que impone la cultura globalizada de la que todos bebemos cada día incluso sin querer- construimos imágenes e ideas que perduran rayando en el cliché. Sólo algunos creativos se salen de ese círculo y añaden algo más, algo que refresca el panorama.

Esa es la dinámica pragmática de la cultura. Algo que se mueve de forma diferente, en dirección distinta y propone un foco nuevo. En los ochenta algo así podía convertirse en una oleada de frescor o un estilo de fuerte impronta. En estas fechas cualquier cosa un poco más especial acaba siendo nicho y, con mucha suerte creando su propio nicho dentro de esa pirámide que hoy en día es la cultura.

Azzedine Alaïa que siempre se ha distinguido por imprimir en sus colecciones un aire de avant-garde lanza un perfume -tras tantos años de carrera- y mucha gente se queda de piedra porque no es un tema oriental -quizás si lo fuera se criticaría eso mismo-. Pero un recuerdo concreto de la infancia, justamente piedra caliza caliente refrescaba con agua fue la referencia que el diseñador dio a Marie Salamagne para crear el perfume; eso y la clara indicación de que no fuera un oriental ni un perfume con notas destacadas. ¿Qué nos dice eso? Que intencionalidad de estilo en el perfume hay, el estilo Alaïa. Abstracto y estructural. Inquieto y purista.

No en vano, podríamos forzar un poco las cosas y hablar del misterio oriental expresado a través de la oscuridad del musk, porque el perfume de Alaïa tiene una parte almizclada generosamente cálida, empolvada y animal. Pero eso sería simplificar demasiado. Cierto que el perfume ofrece una estética aparentemente sencilla pero es sólo apariencia, como la punta del iceberg, porque en realidad está lleno de tersos matices ensamblados entre sí con gran armonía gracias a esa poderosa base de almizcle. Curiosamente esa combinación de estética abstracta pero estructura compleja, de acabado ligero pero con facetas saturadas y desarrollo difusivo en el que entran en juego facetas frescas-acuáticas-florales-frutales permite decir que Alaïa Paris sigue la línea de L´Eau d´Issey.

Igual que un traje a medida pensado con mucha sagacidad, construido y cosido al milímetro para que siente como un guante funciona este perfume embelleciendo el olor propio de la piel. Se despliega en un continuo de textura fría-acuática-aterciopelada-cálida que puede recordar la mezcla sensacional de austeridad y sensualidad de un chipre frutal, especialmente por el modo en que las notas frutales acompañan a la rosa y el jazmín (definitivamente yo siento un dulzor ajazminado): desde el tono lactónico del albaricoque a la más atrevida frambuesa pasando por el cremoso plátano e incluso grosella. También hay una faceta especiada, fresca y cremosa de pimienta rosa. Pero la envoltura empolvada animalística del almizcle con toques de cuero y la ligereza global que imprime la faceta acuática rompen ese esquema clásico. En un chypré puedes intuir desde el principio la riqueza que desvelará la evolución. En el perfume de Alaïa -he aquí la clave- todo está velado.

Dicho de otra manera: hay más de lo que parece. Y entiéndase esto como el toque chic del perfume porque, al final, tienes que entender un poco para comprender hasta qué punto Alaïa Paris es estructuralmente complejo y los materiales empeñados son ricos (y caros).

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