Etiquetas

, , , , , , ,

theletterbeers
* La carta (1885) por Jan van Beers.

Azahar de naranja se dice en algunos lugares de España para diferenciarla de la flor del limonero, del limero y de otros árboles cítricos. Pero simplemente azahar ya basta para evocar esta flor emblemática de virtudes calmantes.

Con agua de azahar se enjuagaban las lágrimas para aliviar las penas en la Edad Media, ese mismo agua que refresca la piel dejándola suave y como más rellena. Con las flores del naranjo es costumbre hacer una infusión que atempera los nervios y facilita el sueño. Y con la esencia de esas mismas flores, arrastrando ya siglos de tradición, se han formulado elixires y aguas perfumadas a lo largo y ancho de toda Europa. Desde el Agua de Hungría y el Elixir de Agua del Carmen al Acqua Mirabilis que Jean Paul Feminis llevó a la ciudad de Colonia, sentando la base del Eau de Cologne y todas las fórmulas afines que sobreviven hasta nuestros días. Fórmulas siempre muy apreciadas por sus cualidades tonificantes.

Dulce, floral, cítrico. El neroli en sí mismo es casi un perfume que tiene la capacidad de aclarar la mente. Refrescante, aéreo, meloso-azucarado y con vagos recuerdos a rosa y a jazmín. Ese es el clásico perfil que todos reconocemos. Un poco romántico, un poco tierno.

Frente a él, la opulencia y la sensualidad del absoluto de flor de naranjo. El neroli a su lado es casi infantil. Un olor alegre y desenfadado. Pero en todo caso su sencillez no implica simpleza, al contrario puede ser algo sofisticado pues el neroli también es herbal, con efecto espumoso como el champagne , verde, crujiente y limpio como lino fresco recién planchado o natural como un soplo de aire fresco. Estas facetas más verdes y naturales se aprecian mejor en las variedades del Norte de África, cuyas esencias suelen tener un mayor equilibrio entre notas verdes y melosas.

En Grand Néroli de Atelier Cologne se realza este carácter cercano a la flor natural que tiene la esencia de neroli de Marruecos. De hecho, esta Cologne es una curiosa fusión entre facetas florales-indólicas muy efervescentes, acentos limpios que recuerdan al lino y elementos verdes que fluctúan entre la vivacidad de la hierba fresca y el profundo verdor resinoso de un bosque de pinos, lo que aporta un interesante efecto frondoso a la faceta verde, de lo que tiene gran culpa el toque de gálbano.

Entre cítrico y verde con el filo floral penetrante de los indoles aportando mucha luminosidad y una textura burbujeante en esta composición. Mientras el neroli se adorna con otros acentos curiosos de corteza de árbol, agujas de pino, una aromática bergamota, intensos matices alimonados y un frescor subterráneo casi mentolado.

Según se evapora, las facetas parecen atomizarse y fundirse en un capa de almizcle blanco ligero con una discreta tonalidad solar ambarada. Pero esa sensación de pinar durante un atardecer de verano lo hace singular. Aún un neroli delicado, muy transparente, pero también muy vivaz y menos azucarado o menos cercano a la tonalidad de la mandarina. El petit grain y la bergamota ayudan a subrayar este carácter herbáceo. Pero, en el fondo, Grand Neroli sigue un esquema muy clásico aunque renovado con sagacidad. Por la forma en que expresa ese frescor profundo, amaderado y herbal con ligeras declinaciones de chypré podemos enraizarlo en la tradición del Eau Sauvage de Dior , que aún sigue siendo una de las más audaces composiciones en torno al tema de la Cologne. No estoy diciendo que Gran Neroli huela como el perfume de Dior, sino que en su núcleo tienen un modo muy parecido de aunar notas ajazminadas y quizás un toque de muguet con un frescor muy profundo de modo tal que hace pensar en aire fresco, en una brisa que trae la fragancia de los pétalos. Más aún en Gran Neroli esta sensación de aire fresco es extrema.

En síntesis, Grand Neroli (2010, Cecile Krakower) es super cool. Los aspectos más rústicos de las composiciones tradicionales están difuminados en detrimento de una mayor transparencia pero aún puede seguirse ese hilo, por eso el momento musical elegido es  un clásico del New Age: I will find you de Clannad.

Anuncios