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Intentar escribir una reseña sobre un perfume favorito es tarea ardua. Por un lado debes hacer el esfuerzo de mirar el perfume con cierta distancia y objetividad para entender de qué va, más allá de tu gusto personal. ¿Racionalizáis con frecuencia aquello que en verdad os gusta a rabiar? Por otro lado tampoco se puede crear una gran distancia, no se puede ni se debe renunciar a ese elemento de emocionalidad porque forma parte de tu visión. Hay que buscar un punto de equilibrio entre el gusto y la razón pero mientras lo encuentras puedes pasar por distintas fases.

Para mi el proceso es algo así: Nebulosa I, Nebulosa II, Nebulosa III (o Nébula I, Nébula II, Nébula III…si tenéis un corazón Trekkie) así discurre el viaje hasta regresar al punto de partida pero ya con otro bagaje porque la idea ya está bien perfilada y el círculo se completa. Así que, cuando la cosa deja de ser mil cosas a la vez y adquiere entidad per se, es cuando puedo comenzar a escribir con cierta coherencia -al menos coherencia mental interna-. Este proceso puede ser relativamente rápido o durar meses, incluso años si voy abordando el tema en períodos intermitentes.

Timbuktu de L´Artisan Parfumeur es uno de esos favoritos míos que aún está en fase nebulosa indeterminada, con mil ideas revoloteando en mi cabeza y, por el momento, parece que no se concreta. Así será hasta el momento en que las cosas parezcan cobrar una forma sólida entonces, y solo entonces, surge la opción de escribir una entrada en el blog. Sin embargo, esta fase brumosa, pese a la inconexión de ideas que la caracteriza, suele ser una fuente de nuevas ideas, de cadenas de elementos que se van conectando entre sí y permiten una mejor comprensión de algo. Es como el hilo de Ariadna o mejor aún, es como escalar una montaña: cuanto más subes más amplio es el paisaje pero también, cuando tienes más experiencia sabes que esa amplitud es una posibilidad durante la escalada. Así que el estado de nebulosa es peligrosamente egosintónico.

Pero la cuestión central, la razón de que la curiosidad se alimente siguiendo el hilo de Ariadna, siempre es encontrar una respuesta. Comprender al fin y al cabo. Tenemos esa necesidad y la pregunta que nos hacemos de forma mecánica para entender algo es ¿de dónde viene? Pues ya sabemos que un perfume es un perfume es un perfume es un perfume…pero ¿de dónde deriva exactamente su fórmula? ¿cómo nació, cómo se explica que huela así?

Estoy convencida de que no existe una respuesta unívoca. No cuando hablamos de creatividad. Bueno, a veces parece bastante evidente que “este perfume es una copia de aquel otro” o que “se cita sin tapujos” pero en el fondo sólo podemos aventurarnos a suponer que es así. Puede que incluso quien crea el perfume tenga estas dudas, si realmente lo crea porque le hayan dado esa libertad en vez de encargarle “una versión de”.

Esta imprecisión no es exclusiva de la perfumería, ocurre en cualquier actividad en la que el componente creativo tenga un gran peso. Normalmente lo que está claro es el detonante, aquello que hace estallar la idea en la mente, algo que sucede en un momento concreto y te permite “ver las cosas con claridad”. Eso suele ser más fácil de señalar: como Newton y la manzana. Pero antes de que llegue ese momento hay todo un proceso de acumulación de datos, ideas, sensaciones, intuiciones, etc que van formando campos de significados, despertando inquietudes, señalando puntos de reflexión…antecedentes todos que desembocaran en algún momento en una idea o engrosarán la nebulosa. Sí, no hablamos de ocurrencias sino de cosas que se fraguan poco a poco, por eso hay que estar preparado cuando se produce el eureka! que puede ser algo inexperado.

Nunca se crea desde la nada. Esa es la cuestión. Negar algo así sería negar todo el proceso de aprendizaje social, emocional, formal y académico en el que los humanos nos desarrollamos como individuos y seres sociales pertenecientes a una comunidad caracterizada por unos usos y tradiciones.

Además, tendemos a buscar similitudes casi por instinto, quizás como forma de separar rápidamente lo que es diferente. También buscamos antecedentes, en un intento de arraigar las cosas.

Por eso no es de extrañar que al oler algo, por ejemplo, al oler un perfume, digamos que nos recuerda a esto o aquello, que se parece a lo que usaba tal o cual persona. Aunque también puede ser que faltando referencias y modos de referenciar sólo nos salga un it´s very unique. Sinceramente hay pocas genialidades de ese tipo pero la frase es muy común.

Cuando hablo de que nada se crea de la nada me suele venir a la mente una imagen bastante popular en el Renacimiento para ejemplificar como se construye el conocimiento. Es la imagen del enano a hombros del gigante, donde el gigante representa todo el conocimiento acumulado hasta ese momento y el enano es la metáfora de las ideas que se agitan en ese período concreto de la Historia o del devenir, como prefiráis decir.

Así que, cuando revisamos, criticamos, reseñamos algo -en mi caso perfumes-, señalar rasgos de familiaridad es una forma de asomarse al pozo de las ideas, buscando una explicación más allá de la mera copia. Sin embargo, esas similitudes -más o menos aparentes, legibles para unos, ilegibles para otros- no necesariamente indican una relación directa o una intencionalidad concreta en el momento de la creación. Lo que indica es la lectura personal, con todo lo que ello implica.

Viaje hacia Nébula. Pondré un ejemplo de cómo las cosas pueden relacionarse y complicarse hasta el infinito y más allá tomando como punto de partida Timbuktu de L´Artisan Parfumeur. Desde mi perspectiva, dominada por el interés en apreciar los elementos distintivos de algo más que en señalar parecidos, este perfume entronca con un tipo antiguo de perfumes chipre ambarados, quizás por el uso del vetiver yo lo coloco en la zona de Djedi de Guerlain o Knize Ten. Aunque no es una composición que siga con formalismo académico tales ejemplos -algo que si hace Onda de Vero Profumo, por ejemplo- sino una elaboración personal bastante analítica. Aún así, nunca he llegado a escribir un texto editable porque siempre acabo pensando que falta un eslabón. Mi mente sigue deambulando por Nébula I o Nébula II o Nébula III porque en cierta ocasión me dijeron que olía muy bien y recordaba al antiguo jabón Lux, cosa que me hizo pensar. ¿Esa similitud con el jabón Lux vintage podría acercar este perfume al área de los aldehídicos florales de acabado más seco, tipo Madame Rochas?+

En el corazón de Nébula. ¿Podríamos entender los aldehícos florales como bien se discute a veces*** en el caso del Nº5 como una suerte de abstracción de una estrutura chypré? Otra pregunta. Cuando L. Turin escribió sobre Timbuktu estableció cierta filiación con Fougére Royale de Houbigant…Los perfumes helecho se asocian con ideas de higiene y limpieza por su carácter y el contexto que más caracterizan: las barberías. No obstante se sospecha que la fórmula original de Fougére Royale era de un jabón, después adaptado a fragancia. Como el Heno de Pravia.
Ese perfume de Houbigant es considerado el primer perfume moderno, prototipo de la familia a la que dio nombre: los fougére o helecho, que por otro lado bien pueden solaparse con los perfumes chypré, de hecho algunos autores son partidarios de no diferenciarlos mucho. Sí, las familias de perfumes se relacionan entre sí.

Mareo sideral. Demos otra vuelta de tuerca. La base Musgo de Sajonia muy importante en los perfumes de la década de los años 20´s y fuente de inspiración de grandes clásicos como Madame Rochas o Caléche de Hermès fue creada en su momento con un sabor casi fougére y era muy utilizada para enriquecer notas de musgo entre otras cosas.

¿Es este un ejemplo de cómo fougére y chypré se solapan? A veces clasificar un perfume no es algo tan sencillo y, no perdamos de vista la idea de que perduran fórmulas antiguas que son muy anteriores a las clasificaciones que se manejan actualmente. Es fácil que algunas fórmulas queden en tierra de nadie.

Si se huele una muestra vintage de Madame Rochas -tratando de dejar de lado sus facetas grasas como buen vintage que es- y se compara con Timbuktu a la luz de estas ideas se puede apreciar ese mismo tipo de fluidez ricamente amaderada y tersa tan característica. En todo caso ¿Existe un sólo modelo para Timbuktu? Mejor dicho ¿Existe realmente el modelo? Yo más bien soy partidaria de decir que existe un proceso de aprendizaje y asimilación que subsume esos modelos en los esquemas mentales propios de quien lo crea, de quien lo estudia, de quien lo huele.

El estudio de los perfumes clásicos es un gran ejercicio al que siempre conviene volver pero nunca forzar. Sirve para generar preguntas y alimentar la curiosidad. Es inevitable que ciertos rasgos se mantengan en el aire pasados los años: ciertos acordes que condicionan una estructura, una combinación original que refresca el panorama y se hace popular ¿Cuántas cosas podríamos decir que se inspiran en Chanel Nº5 ? Infinitas.

Es inevitable que se establezcan comparaciones porque es un modo de facilitar la comprensión, de ver mejor. Esas comparaciones son el andamiaje con el que se avanza hacia ideas más sólidas y propias. Algunas personas pueden sentirse molestas por estas comparaciones como si comparar no fuera una herramienta para la comprensión sino algo reduccionista. Puede que algunas comparaciones lleven al reduccionismo y que den la impresión de que sólo se crean productos derivativos -también sabemos que algunas veces eso es cierto- pero apelar al genio creativo egregio e imperativo que deja de lado el proceso de construcción del saber me parece poco humano. Incluso Miguel Ángel fue en su día aprendiz y en los textos tempranos de Aristóteles resuenan las palabras de Platón.

Construcción del conocimiento, construcción del saber hacer y también de la propia percepción a nivel de psicología básica, ya que la percepción es fruto de unas capacidades innatas y de un proceso de educación social. Eso es lo que hay que recordar.

¿Conocéis la historia de los semáforos azules en Japón? Os cuento otra historia parecida. Los Himba de Namibia pueden diferenciar distintas tonalidades de verde tan parecidas que muchos las consideraríamos iguales, sin embargo no discriminan entre el azul celeste (cyan) y el verde hierba ¿Por qué? Porque no han aprendido a nombrarlo, esto es, a diferenciarlo. Eso es la educación de los sentidos: aprender a nombrar, aprender a diferenciar.

Para volver a la Tierra. Si habéis llegado a esta línea tendréis que estar agotados. Seguramente necesitaréis despejar un poca mente, os lo aseguro y os lo aconsejo, si en algún momento necesitáis espabilar para seguir trabajando hay una opción más sana que el café, escuchar algo con mucho ritmo: Ljubavna de Parni Valjak. Aunque parezca mentira el título es De amor.

***Editado 26-XI-2015. En el entusiasmo de la escritura cité de memoria y olvidé que Luca Turín en realidad es contrario a esta idea. En todo caso, para mi una posible conexión tiene sentido.

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