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“Lo más profundo que hay en el hombre es la piel. Y qué mejor que sentir la invitación de la caricia del agua para sumergirnos en el mar.” Cita de La idea fija de Paul Valéry.

Podríamos decir algodón de azúcar especiado, praliné de avellanas, café irlandés, manzanas caramelizadas, pan brioche con miel y mantequilla y otras tantas cosas por el estilo, pero ninguna de estas palabras sería la descripción adecuada. Aunque tampoco sería del todo inapropiada. Con estas palabras describimos continuas y fugaces sensaciones, en algún punto similares entre sí, que habitan en el perfume sin llegar a concretarse del todo. Jeux de Peau no entra de lleno en el territorio gourmand como ocurre con Santal Majuscule, es más elusivo…

También podríamos decir que es un perfume de estructura lineal. Lo es, pero lleno de efectos que vienen y van, dibujando una trayectoria de carrousel. Esa ilusión de movimiento en círculo sombreando el perfume es lo que despista tanto y hace de este jugo algo bastante único pues no es ni completamente gourmand, ni totalmente amaderado, ni plenamente ámbar, ni del todo un iris endulzado. Es todas y cada una de estas cosas en un momento dado, y luego, la otra. Similitudes, vaguedades…

Sólo su nombre resulta descriptivo y concreto: Jeux de Peau, Juego de (en la) piel. Fantásticas palabras para introducir la experiencia lúdica y única del perfume sobre la piel porque el perfume mismo, todo perfume, juega sobre la piel de cada persona de un modo sutil pero tenaz. Nunca es el mismo en la misma persona, nunca es lo mismo para otras personas.

Jeux de Peau juega como el que más. Es una invitación al acercamiento pero también es una prueba de resistencia. Invita porque es dulce y cálido, con el atractivo de un suave almizcle blanco, un abizcochado sándalo o un iris delicadamente vainillado como telón de fondo. Pero también te prueba porque primero eclosiona en la piel como una nube dulce y mantecosa que resulta casi intoxicante y, de ella, después, como serpentinas, surgen cosas curiosas: un hilo especiado, el vago recuerdo del café con achicoria, un dulzor verde y casi herbáceo, trazas de regaliz e incluso una vaga impresión de cuero, todo ello bañado por la sensación de alimentos tostandose. Son matices raros por independiente, algunos incluso chocantes, pero en conjunto funcionan porque generan el contraste necesario para dejar atrás la monotonía de un perfume dulce al uso, conjurando un allure oriental-amaderado-especiado.

Jeux de Peau (2011) quizás intente decir “acércate, pero acércate con respeto”. Todo el mundo entiende que algo dulce y cálido no levanta un muro de seriedad, ni crea distancia como haría un perfume más seco y áspero. Curiosamente, esta proyección de cercanía a través de notas dulces la gente tiende a interpretarla como un signo de baja competencia. Sí, lo que para el portador o portadora puede ser una elección por confort, para los otros, que huelen con el espacio como principal mediador, lo dulce se lee como “a ti te falta poder”. Inconscientemente es así. Pero Jeux de Peau , aún siendo dulce y cálido y acogedor, se desarrolla como un perfume rico, imaginativo y no exactamente fácil de llevar.

A través de sutiles matices habla de ambiente acomodado: efluvios de cuero, iris, ámbar, especias e incluso whisky. En otras palabras, sugiere lujo pero no ostentación.

De alguna manera podría emparentarse con Pink Sugar (2004) de Aquolina: ambos parten de una nota de azúcar basada en etil maltol rodeada de distintos matices gustativos y, en ambos casos, evolucionan como perfumes amaderados con acentos amargos de regaliz y trazas de notas verdes. Pero mientras Pink Sugar se lee directamente como puro algodón de azúcar, Jeux de Peau y sus mil matices sólo sugiere, y lo que sugiere es como miel empolvada.

Por otro lado, relacionarlo con Sables de Annick Goutal es inevitable porque en ambos sobresale el peculiar carácter del helicrisio, un olor curioso y complejo, a veces incluso discordante, que divide a la gente. El aceite esencial de helicrisio (o siempreviva) tiene un perfil gustativo, pungente, primitivo, oriental. Para muchas personas, pese a ser algo abigarrado, sólo huele a curry porque una de sus facetas recuerda a esa especia pero, en realidad, es un material lleno de inflexiones cálidas y melosas, herbales y empolvadas con matices de cuero, té, tabaco, jarabe de arce, fenugreco, cerezas…en definitiva una esencia muy aromática que imprime personalidad en las fórmulas. En Sables es total protagonista, en Jeux de Peau interpreta junto al sándalo una armonía ambarada.

Finalmente, otras referencias más cercanas, las encontramos en la misma colección de perfumes de Serge Lutens con Santal de Mysore (1991) y Santal Blanc (2001). En Jeux de Peau hay un poco del balsámico sándalo especiado con recuerdos de curry que brilla en Santal de Mysore pero, sobre todo, hay bastante de la suave calidez almizclada y empolvada con que se realza el acorde de pan blanco -pan de leche- y leche caliente en Santal Blanc, sólo que en Jeux e Peau el pan está recién salido del horno, tiene más corteza y fue amasado con masa madre.

La nota gustativa de producto horneado, de panadería, es sobre todo, un efecto creado con pirazinas. Este grupo de químicos aromáticos está presente en la naturaleza de distintos modos, por ejemplo, se desarrolla durante el horneado de pasteles o la caramelización del azúcar y con frecuencia son usadas por la industria alimentaria para crear sabores de avellana o praliné. Las pirazinas también se usan en perfumería en trazas para crear un atractivo singular, así en Bois Farine son responsables en la salida de tonos verdes y recuerdos de avellana; pero en Jeux de Peau el efecto se ha llevado al extremo y no es sólo una sugerencia palatable lo que encontramos en la salida del perfume sino que casi se pueden saborear las avellanas -avellanas lechosas, algo verdes incluso- el praliné, el café, la crema de caramelo, los dulces de malvavisco tostados… Casi , o sin casi, es brutal el relieve de estas notas en salida pero esto se calma al rato y entonces comienza el juego en la piel.

Distintos químicos aromáticos están empeñados en dar el singular perfil gustativo de Jeux de Peau, gracias a ellos se sugieren muchas notas y sensaciones relacionadas con la leche y el azúcar: leche caliente, tofe, azúcar caramelizándose, cierta mantecosidad así como matices de café, achicoria, jarabe de arce/fenugreco. Junto a ellos, ciertos ingredientes naturales que subrayan los aspectos gourmand del perfume, destacando el helicrisio y quizás algo de extracto de trigo. Esta combinación de materiales está muy lograda y resulta interesante el equilibrio entre matices, la redondez de las notas y a la vez la sutilidad de las mismas. A menudo es difícil saber qué estas oliendo exactamente y qué lo produce: ¿es la nota de coco que surge hacia el final de la evolución un efecto del sándalo, de los lactones o es producto de una nota de osmanto que también aporta el toque a confitura de albaricoque? ¿Es la mirra la que produce la nota de regaliz? ¿Realmente hay una nota a frutas fermentadas y fenoles que hace pensar en un acorde de whiskey o es otro de los tantos efectos que surgen en la piel?

Superada la prueba inicial, superada esa salida brutal, Jeux de Peau se convierte en un juego de sugerencias infinitas. Es el juego de las relaciones entre matices, porque los olores se relacionan unos con otros rompiendo los límites que establecen las taxonomías académicas. Sin categorías absolutas, ni gritos impositivos, el perfume acaba revelando, en sotto voce, un aspecto aromático de la piel humana: el recuerdo a miel.

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