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En torno al 1900 el colmo del refinamiento era un perfume de violetas. De fragancia elusiva pero rica, con un denso olor a tierra húmeda y verdor ribeteados por un fino hilo floral reminiscente de rosas. Flor representativa de los pastizales y el sotobosque en primavera. Asociada a la timidez, la delicadeza y el romanticismo pero flirteante en su fragancia como ninguna. Y esa es quizás la cualidad más difícil de conseguir en un buen perfume de violetas: que la flor no pierda su carácter evanescente y delicado en detrimento de la estabilidad y que mantenga la frescura y la dulzura de un modo singular porque, al fin y al cabo, como perfume también suele caer en el estereotipo. Más aún, las iononas, ingredientes clave para construir su olor, es uno de los grupos de materias primas más usados tanto en perfumería fina como en la funcional…sólo que hay muchas calidades diferentes.

Las iononas, junto con otras materias de síntesis como los aldehidos, la cumarina, la heliotropina o la vainillina forman parte de ese grupo de ingredientes que, al albor del s.XX, permitieron modernizar las antiguas fórmulas de la perfumería tradicional -basada en naturales- para comenzar a crear temas más abstractos, fantasiosos y sobre todo, estructurados. Estos ingredientes permitían crear notas dulces más densas y pesadas que comenzarían a florecer en las bases tipo ambreina o conseguir un halo fresco y abstracto de flores difuminadas o todo lo contrario, perfilar aún más la faceta de una flor como el heliotropo o la violeta con el acabado dulce y empolvado exagerado.

Los siempre preciados olores del iris y la violeta habían sido durante décadas asociados a las rosas en recetas de polvos de peluca y polvos de arroz, asociación de la que deriva el acorde empolvado. El iris se obtenía del rizoma de iris, también llamando “raíz de violeta” por lo parecido de su olor, mientras que la esencia de violeta se conseguía normalmente partiendo de un pomada preparada con la espléndida violeta de Parma, cuyas flores se caracterizan por ser dulces y fragantes. Pero en ambos casos el procedimiento era laborioso y el rendimiento relativamente bajo, especialmente en el caso de la violeta. Así pues, al calor de la revolución industrial, una investigación química del olor de las violetas que permitiera la producción de algún odorante de síntesis fue el objetivo de Tiemann y Krüger, quienes alimentados de curiosidad decimonónica, emprendieron la empresa de lograr un material sintético con olor a violetas.

Puesto que las flores de violeta son muy frágiles y la cantidad de odorantes que contienen son pocos y difíciles de aislar, los investigadores decidieron usar en su experimento algo que recordaba mucho al olor de la flor: la raíz de iris. Durante su estudio lograron aislar una cetona a la que bautizaron como irona, cuyo olor, sin ser exactamente igual al de las violetas, recordaba bastante a ellas. Establecida la estructura de la irona, intentaron reproducirla vía síntesis a partir del citral (que aún es la fuente principal) -un odorante clave en el olor de limón y responsable del caracter punzante de la hierba limón, la citronela , la verbena, etc. Lo que obtuvieron no fue una irona ( hoy en día aún es una estrutura difícil de producir y muy cara), que supone una estructura con 14 átomos de carbono sino una estructura relacionada, con 13 átomos de carbono, que bautizaron con el nombre de ionona. Paradójicamente la ionona tenía un olor aún más cercano al de la flor natural. Esto unido a su buena capacidad de fijación convirtieron el producto en un éxito.

Al principio esta ionona no era un ingrediente muy asequible, así que normalmente se vendía ya diluída, pero Tiemann y Krüger pensaban que su producto era un químico aromático individual cuando en realidad era una mezcla de dos isómeros: alfa iononas y beta iononas; ambas poseen olor a violetas pero con un tono diferente. Aunque no lo parezca, Tiemann y Krüger hicieron bien su trabajo, porque aún hoy en día es un reto obtener iononas puras y con un olor bien caracterizado. Hay iononas e iononas.

Las alfa iononas tienen, junto con las metil iononas (relacionadas con el olor del iris) un rol principal en la producción de fragancias creando un acabado floral empolvado muy característico. En general, es el tipo de ionona mejor aceptado porque se reconoce como un olor de flor de violeta. Tienen un perfil floral y afrutado tipo frutos del bosque -especialmente frambuesas- dulce con matiz meloso y acabado amaderado. Son el estereotipo del olor a violeta y a menudo forman parte de bases para crear perfumes de rosa.

Las beta iononas tiene un carácter más verde y amaderado, con un tono seco que hace pensar en tiza y matices cerosos. Aún muestran dulzor y el aspecto frutal es más intenso que el de las alfa iononas, entre melocotón y frambuesa. En general el público las acepta peor como representante del olor a violetas pero lo cierto es que se acercan más al modelo natural, su olor se relaciona tanto con la violeta como con la rosa, la flor de vid y la freesia. Representan el lado primitivo y natural de estas flores.

Las iononas, que en la naturaleza son componentes derivados de la degradación de carotenoides, están presentes en numerosas flores y frutas. Alfa iononas caracterizan el aroma de las frambuesas pero también el aceite de costo que, tiempo atrás, se usaba en perfumería para reforzar el carácter del iris y aportar cierta calidez animal, como ocurría en Vol de Nuit (vintage) de Guerlain. Beta iononas pueden encontrarse en numerosas frutas exóticas como el mango, la carambola y la uvilla de campo o physalis; también en la seta chantarela o rebozuelo y en multitud de flores y hierbas como el mate, la litsea cubeba, el té verde, la hoja de higuera, la flor de osmanto, la rosa, la boronia, la freesia, el lirio de los valles o la adelfa amarilla.

No es de extrañar que las iononas sean tan usadas en perfumería, son versátiles y existe un amplio rango de calidades con las que jugar. Además tienen el plus de contribuir al efecto empolvado, con todas las connotaciones positivas de familiaridad, limpieza y ternura pero también negativas de exceso y demodé que esa textura puede tener en un perfume.

Ernest John Parry en su The raw materials of perfumery de 1921 hablaba de la pomada de violeta como un ingrediente natural cada día menos usado. La histórica Violetta di Parma de Borsari (1870) era famosa por emplear tan exquisito material, pero realmente eso era ya una rareza a principios del s.XX. En su lugar, las notas de violeta se hacían con las ya consagradas iononas y otros ingredientes naturales como el caro absoluto de aromo (véase Guerlain en el extracto de Après L´Ondée), el de reseda, el de mimosa, el aceite de costo o el absoluto de hoja de violeta cuyo olor recuerda bastante al de la propia flor.

Vera Violetta ¿1893? de Roger& Gallet, inspirada en el tema verde, fresco y empolvado de Fougére Royal (1882) de Houbigant, es el primer ejemplo del que se tiene constancia del uso de iononas combinadas con absoluto de hoja de violetas. A partir de entonces tal mezcla comenzará a ser popular y pasará a formar parte de famosas bases de violeta cuyo sabor aún perdura en nuestros días como arquetipo de olor a violetas: dulce, verde, empolvado… el tipo de violeta que puede apreciarse desde Paris de YSL o la antigua Verte Violette de L´Artisan Parfumeur a la bohemia La Violette de Annick Goutal o la refinada violeta de Parma tintada con iris y melocotón de Love in Black de Creed.

Un perfume de violetas más natural difícilmente se acepta. Una violeta más natural tendría que mostrar ciertos matices sucios, indólicos a los que algunas personas son muy sensibles. Yo aún no conozco ese perfume pero quien vaya en pos de algo diferente, algo como el perfume de una violeta carnosa, debería darle una oportunidad al aún raro y perfumado Une Fleur de Cassie y al poderosamente almizclado Dans tes bras de Frederic Malle; ambos rinden homenaje a la nota de violeta que Jacques Guerlain perfiló en sus trabajos: una nota aún estilizada y empolvada pero de carácter más denso y especiado, que brillaba en todas sus obras de un modo u otro y hoy en día aún es una de las facetas más importantes en los perfumes Guerlain.

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