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La joven podía consentir muy bien en ser la hija de un corsario, pero de ningún modo estaba dispuesta a ser presa de ninguno de ellos. De niña había sido bondadosa; de joven era despiadada. “No -se decía así misma-; ellos son quienes serán mis víctimas” . De todas formas, la desusada admiración, la nueva defensiva y ofensiva, trajeron inquietud a los primeros años juveniles. Y como aquí lo que se está escribiendo y leyendo es la historia de Malli, uno es libre de imaginar que, de alargarla más, se habría convertido en lo que los franceses llaman une lionne, una leona. En la historia misma, no es más que un cachorro de león, un poco cachorro en sus movimientos y, hasta el último capítulo, insegura a la hora de calcular su propia fuerza. Tempestades en “Anécdotas del destino” de Karen Blixen.

Cuando la perfumería nicho se cernía a la idea de la mínima distribución y la oferta alternativa, sus perfumes tendían a buscar la singularidad con acabados más artesanales o con perfumes monotemáticos o con notas realmente particulares, o simplemente seguían un estilo tradicional con buena claridad en todas las facetas. Diferentes marcas, diferentes catálogos y acabados, sin duda, pero varias de estas firmas nicho que hoy son bien conocidas comenzaron en Paris con pequeñas tiendas de cierto aire bohemio chic. Diptyque fue pionero, luego L´Artisan Parfumeur, Annick Goutal, Maître Parfumeur et Gantier…aquello era el equivalente al slow food de ahora, salvando las distancias.

De estas firmas pioneras seguramente Maître Parfumeur et Gantier es la que ha mantenido un tono más conservador en sus perfumes, que no buscan ser el colmo de la originalidad pero si del rigor y la discreción. Realmente son composiciones de acabado casi cartesiano, sin muchas concesiones pese a bautizar sus perfumes con nombres caprichosos.

Rose Muskissime (1989) , siguiendo la tradición iniciada con Amazone de Hermès de emparejar rosa y notas frutales en un acorde serio apoyándose en absoluto de brote de grosella, tiene -pese al superlativo en su apellido- un carácter más intimista que la portentosa Amazone. Es, con todo, una rosa persistente gracias a la presencia de rosa de Marruecos y de Turquía.

De ambos tipos de rosas se pueden apreciar rasgos: ahí está ese olor afrutado, como de vino de moras, que es un aspecto revelador de la presencia de rosa damascena y que aquí, lejos de disimularse, se adorna y realza, para enmarcar un acorde de rosa roja y ámbar suave; pero también por otro lado se aprecia el tono más amaderado y meloso de la rosa centifolia que crea un efecto más profundo e incluso pesado. Juntas forman el corazón de este perfume intensamente rosado pero de poca proyección y que, paulatinamente, va dejando ver un fondo discreto de almizcle ambarado en el que de nuevo se puede apreciar ese rastro a moras que también puede ser característico de los acordes de ámbar gris.

Ese equilibrio entre la tenacidad de la rosa y la sutilidad ambarada dan un aire juvenil al perfume en general, pero lo más juvenil y chispeante es la salida, un auténtico festival de color y sabor en el que se distinguen varias notas frutales. El absoluto de brote de grosella es clave aquí, aporta ese peculiar contraste entre dulzor licoroso y acidez verde bastante aguda y junto a él se aprecia el tono exótico lactónico del mango, recuerdos de bayas y una juguetona nota de cereza.

En nuestros días, las notas frutales han acabado por tener mala fama: ubicuas, simplificadas pero empalagosas y tremendamente comerciales. Lo cierto, es que son matices que siempre han podido surgir en los perfumes de calidad porque los propios ingredientes naturales contienen estos matices, que luego se pueden trabajar hasta crear un efecto de fruta madura que no todo el mundo podrá llevar, se pueden suavizar hasta tonalidades más pastel más fáciles de apreciar o hacerlas brillar con colores casi chillones. Bien trabajadas pueden tener un gran atractivo y resultan reconfortantes, sin olvidar de su afinidad con el olor de la piel.

Rose Muskissime pese a su colorida salida es básicamente una rosa roja. Ni tan intensamente floral como Ce Soir ou Jamais de Annick Goutal, ni de una calidez tan encendida por especias como La Fille de Berlin de Serge Lutens sino una rosa afrutada y compacta que revive con esa nota de vino de moras un aspecto afrutado muy clásico de los perfumes de rosa y ámbar.

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