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He aquí flores para vos: la ardiente alhucema, menta, ajedrea, almoraduj; la caléndula, que se acuesta con el sol y, llorando, se levanta con él. Son flores del medio verano, y creo que se dan a los hombres de una edad media. ¡Sed muy bien venido! Diálogo entre Perdita y Florisel en Cuento de Invierno de W. Shakespeare.

Propia de un gabinete de maravillas o de un botiquín casero, la lavanda siempre ha sido muy versátil y su imagen integra diferentes tradiciones folklóricas y prácticas medicinales muy antiguas que nacían de pequeños cultivos locales, aquí y allá, hasta casi finales del s. XIX. Antes de que la II Revolución Industrial trajera consigo el desarrollo de la industria química, farmacéutica y perfumística y de que surgieran nuevas disciplinas -como la aromaterapia- paralelas al estudio de los aceites esenciales y sus efectos sobre el humor y la psyché; antes de ese momento, la lavanda era otra cosa y su esencia también.

Hasta entonces los cultivos de lavanda seguían el viejo adagio de “cultivar y sacar beneficio” a pequeña escala, no existía un cultivo sistemático con fines industriales en Francia. Había pequeñas plantaciones familiares que usaban semillas para obtener la planta -lo que hoy se conoce como lavanda fina- pero principalmente se recolectaba la lavanda silvestre que crecía en alta montaña. Que en un jardín doméstico creciera lavanda era algo bastante común, también que en cada casa destilaran su propio aceite por un método de destilación muy tradicional, con alambiques a fuego directo, en el que la planta entraba en contacto con el agua. Todo lo que rodeaba a la lavanda parecía tener un aire medieval.

Así era hasta finales del s.XIX cuando la firma Schimmel se interesó por mejorar la calidad y la productividad de la planta, comenzando a ensayar con la destilación al vapor -la estándar hoy en día-. El método no sólo era más rápido sino que además permitía obtener un aceite mucho más rico en acetato de linalilo. A partir de entonces, este componente que dota al aceite esencial de lavanda de propiedades antiinflamatorias y sedantes se convirtió en la clave para determinar la calidad de un aceite: a mayor porporción de acetato de linalilo, mejor calidad. Aún hoy es así en perfumería porque da a la esencia un tono general mucho más fino y afrutado.

Leopoldo Lamothe, habitante de la Drôme, fue un pionero en el desarrollo de los campos de cultivo de lavanda no poblacional o clonal -obtenida por esquejes-, con plantas que llevan la misma carga genética y, por tanto, tienen un aspecto muy homogéneo. Esos perfectos y bien organizados campos de color púrpura que hoy son una fotografía icónica de la Provenza son fruto de los muchos intentos por mejorar el cultivo de esta planta.

Lamothe dedicó su vida a investigar sobre cosas como ¿cuál podía ser la configuración de plantas más óptima?, pero también promovió las agrupaciones de productores para negociar mejor los precios con la industria lo que supuso el germen de una carrera productiva en Provenza entre pequeñas granjas y compañías de la industria del perfume de Grasse. El objetivo era conseguir una planta más fuerte y productiva, es decir, más económica. La presión aumentó cuando los perfumistas, tras la I Guerra Mundial, comenzaron a ser sus propios productores, consiguiendo así el control sobre todo el proceso de producción. Este fue un punto importante porque los precios de la lavanda eran realmente volátiles: durante décadas, hasta mediados del s.XX, la lavanda no hizo más que encarecerse, a veces, a un ritmo loco.

Esta carrera implicó muchas cosas. Algunas interesantes, como la mejora en la calidad de las esencias, pero otras no tanto. La cuestión es que el cultivo de lavanda casi muere de éxito.

Conseguir un mejor precio va muy ligado al rendimiento de la planta en el proceso de destilación; hubo entonces un fuerte interés por conseguir variedades de lavanda que produjeran más y estas plantas eran las variedades clonales y sobre todo el híbrido del lavandín. La consecuencia directa fue que muchos agricultores abandonaron o redujeron de forma significativa el cultivo de lavanda fina por medio de semillas seleccionadas y se recolectó menos de la silvestre porque el acceso era complicado.

Por un lado la producción de lavandas clonales -aún hoy la mayoría- se optimizó gracias a la agricultura intensiva con campos totalmente organizados en filas que permiten un mejor crecimiento de la planta. Por otro lado el lavandín adquirió protagonismo, pasó de ser un híbrido espontáneo a un cultivo muy rentable pues como planta híbrida resulta mucho más fuerte y resistente, con un olor más intenso, afilado incluso, y mucho mejor rendimiento en la destilación; su esencia no es tan rica en acetato de linalilo y esto en perfumería lo coloca en un escalón inferior, pero su uso se extendión en la industria del jabón y los perfumes de gama baja. En síntesis, durante el primer cuarto del siglo XX, se producía más aceite esencial, pero no mejor. La labor de recuperación de aquellas esencias de lavanda de alta calidad, silvestre o cultivada por semillas, hoy vuelve a ser una cuestión productores locales.

Desde la Antigüedad se conocían y usaban con fines medicinales diferentes variedades del género Lavandula, principalmente el espliego y la lavanda propiamente dicha. Aunque la familia de las lavandas es muy amplia, actualmente, junto con el lavandín, son tres las especies -con sus múltiples variedades- de las que se obtiene aceite esencial:

-La alhucema.
-El cantueso.
-La lavanda auténtica.

El lavandín (Lavandula angustifolia P Miller x L. latifolia Medikus) es un híbrido espontáneo verificado por la empresa Chiris de Grasse cuyo uso se extendió durante el s. XX pero en aromaterapia comenzó a cobrar interés a partir de los años 60, especialmente en el ámbito del deporte porque funciona muy bien para dolencias musculares. Pero como híbrido también es una variedad muy heterogénea, cuyas características finales son una combinación de las características parentales. A menudo se le atribuyen usos similares a los de la lavanda, pero en realidad depende del quimiotipo.

La planta es más grande que el espliego, de tallos leñosos y con flores que pueden variar del azul al gris. En la industria perfumística se usa a menudo para extraer linalol y acetato de linalilo. De aroma penetrante y fresco pero con un tono más medicinal, verde y acuoso que la lavanda, revela un dulzor al evaporar que puede fluctuar entre propiedades más energizantes o más tonificantes, según la variedad. Aquellas variedades más ricas en ésteres (más del 40%) son más calmantes y descongestivas; las que tienen un mayor nivel de cetonas son más tonificantes.

Hoy en día es el rey de los campos de Provenza y cuatro son las principales variedades cultivadas: la más popular y robusta llamada grosso es de peor calidad pero en torno al 70 % de los cultivos de lavandín son de este tipo. La variedad super es la que tiene un olor más parecido al de la lavanda fina, mientras que el resto de cosechas se divide entre la variedad de calidad superior llamada abrial y la sumian que es bastante cercana a la anterior.

En perfumería suele usarse la variedad abrial, que tiene un olor más complejo y de propiedades sedantes; ejemplos como Prelude to Love y A Taste of Heaven de Kilian dejan ver como entre su perfil verde y aromático surgen matices más ricos y melosos de fondo casi acaramelado al evaporar.

El espliego o alhucema (Lavandula spica o latifolia) es la lavanda típica de España y Portugal. La planta tiene hojas más anchas y rugosas que la lavanda auténtica, las flores están más comprimidas y tiene un color más grisáceo y mate.

Por ser rica en 1,8 cineol su olor es más alcanforado y acre, reminiscente del romero, pero este óxido aporta al aceite sus propiedades expectorantes y descongestivas del pulmón. Culpeper la recomendaba para espasmos, convulsiones y dolores de cabeza en caso de resfriado. El Oleum Spica era una fórmula popular que mezclaba un cuarto de aceite de espliego con un cuarto de vino o trementina para tratar rigidez muscular o articulaciones doloridas. Actualmente sigue usándose mucho para problemas musculares, reumatismos e incluso en veterinaria para desparasitar. También la industria de las fragancias funcionales usan este tipo de lavanda para jabones, ambientadores o productos de limpieza.

El cantueso (Lavandula stoechas) también llamado hierba de San Juan, Tomillo borriquero o -para mayor confusión- lavanda española o lavanda francesa porque es típica de la cuenca mediterránea; es una de las variedades más antiguas, con seis subespecies. Esta planta comparte suelo con la jara y su olor es bastante diferente al de otras lavandas. Rico en fenchona, alcanfor, 1,8 cineol.

En la Antigüedad era una planta muy apreciada para la limpieza: los romanos la usaban en sus baños y en el Herbarius Latinus se recomendaba para limpiar úlceras, abcesos y todo tipo de heridas. También fue usado como afrodisíaco mezclado con leche de cabra durante la Edad Media.

El cantueso florece desde principios de marzo hasta finales de junio y era habitual quemarlo en la hoguera de San Juan para alejar malos espíritus. En la Inglaterra del s. XVIII se le conocía como Sticadro y era ingrediente del infame Vinagre de los Cuatro Ladrones.

Una subespecie del cantueso es la Lavanda de Sevilla (Lavandula stoechas ssp.luiseri), diferente a las otras variedades porque apenas contiene cetonas y si trans-alfa-necrodol y acetato de lavandulilo. En aromaterapia aún es un aceite nuevo que se aplica principalmente para el cuidado de la piel por sus propiedades reafirmantes, y en perfumería por su olor cálido y complejo de tipo herbáceo pero con declinación afrutada (frambuesa, ciruela, pera), melosa y vinosa que complementa muy bien un acorde ámbar.

La lavanda auténtica (Lavandula angustifolia Mill o Lavandula vera D.C. o Lavandula officinalis Chaix) es una variedad de flores violáceas y hoja pequeña. Tanto el tallo como las hojas contienen aceite esencial pero lo que se destila es la flor fresca recogida con tiempo seco y sin viento para que contengan el mayor volumen de ésteres posible. Es un aceite rico en linalool (alcohol monoterpénico típico de todas las Laminaceae que tiene un efecto analgésico) y en acetato de linalilo (ester terpénico del linalool con propiedades antiinflamatorias y sedantes a nivel de sistema nervioso central).

Se recolecta y destila entre julio y agosto, siendo la cosecha de este último mes de menor valor pues produce un aceite menos rico en ésteres y más oscuro en color. Su olor es el clásico olor de lavanda: terso, difuso y fresco, con un tono herbáceo de acabado dulce, cierto carácter floral-frutal y fondo amaderado -en las variedades más finas puede tener sutiles matices cítricos-.

La famosa lavanda inglesa también es L. angustifolia solo que cultivada en distinto terreno. Sigue teniendo un olor de carácter aromático pero algo más delicado y cercano al de la bergamota.

Ya en la Edad Media algunos escritos como el Herbarius Latinus diferenciaban entre el cantueso, entonces llamado stoechas, y la lavanda auténtica que se usaba para cosas tan variadas como el dolor de corazón, el insomnio, la picadura de escorpión o la conservación del lino.

Complementa especialmente bien con aceites esenciales de otras hierbas aromáticas: junto a la menta no sólo forma un olor deliciosamente verde y vivaz sino que es un clásico remedio para el dolor de cabeza; puede unirse al incienso o la manzanilla y potenciar su efecto calmante para ayudar a dormir o al romero y ser más energizante. Pero tanto en aromaterapia como en perfumería el aceite de lavanda brinda la oportunidad de crear una mezcla más redonda y fluida, así que además de sus múltiples propiedades es también un útil recurso compositivo. En perfumería se usa también su absoluto que tiene un tono más oriental, porque el dulzor herbal declina en un matiz terso de tabaco y cumarina que recuerda al olor de los campos de lavanda bajo el sol del estío, algo que funciona muy bien en acordes ámbar.

En el acorde fougére es un ingrediente clave junto con el geranio y la cumarina, también en las recetas de Agua de Colonia tradicionales y todas las versiones de Agua de Lavanda (blanca, ambarada, inglesa, etc). Este tipo de fórmulas hoy en día se asocian sobre todo con la perfumería masculina pero es una nota muy versátil que forma parte de muchos perfumes, no pocos clásicos de Chanel, Guerlain o Lanvin la contienen: Nº22, Ma Sin, Shalimar, L´Heure Bleue, Nº5

Algunos perfumes a probar:

-Entre las aguas de lavanda están el clásico de Yardley y el de Penhaligon´s además del famoso Pour un Homme de Caron cuya estructura derivada del fougére renueva Kilian en A Taste of Heaven usando el tema de la absenta como punto de partida para trabajar el cotraste entre lavanda herbácea, fondo vainillado y toques amargos.

-Muchos de los perfumes de Jacques Guerlain llevaban notas aromáticas, la lavanda se aprecia en muchos unida a la bergamota y al romero en Jicky , Eau de Cocq y en Mouchoir de Monsieur.

Brin de Reglisse de Hermès explora las facetas más gourmand y almendradas en contraste con el regaliz trabajando una faceta más oriental de la lavanda igual que en Mon Parfum de Guerlain.

-Como complemento de un perfume ámbar aparece con su cara más austera en Ambre Précioux de Maître Parfumeur et Gantier.

-Además de las aguas de lavanda que evocan la vida al aire libre y la naturaleza, los perfumes de lavanda pueden tener un carácter más austero o meditativo al asociarlo con incienso como en Gris Clair y Encens et Lavande de Serge Lutens o evocar algo confortable y acogedor como Jersey de Chanel, un perfume de lavanda y almizcle de factura moderna pero que se inspira en la tradicional receta de las Aguas de Lavanda que incluían tintura de almizcle para la fijación y difusión.

-Finalmente Kiki de Vero Kern recorre todas las tonalidades de lavanda a base esencia y absoluto, siendo un perfume de lavanda muy fluido, sutilmente fresco y con un acabado casi casi sabroso.