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En Córcega, principal centro productor en la actualidad, se le llama murza o Hierba de San Juan y es una de las plantas que define el paisaje con su intenso color amarillo dorado. Igualmente ocurre en otros lugares de la cuenca del Mediterráneo y de los Balcanes, donde el helicriso florece entre junio y julio cubriendo de oro riberas del mar y áridas montañas. Es la típica planta de la garriga y el maquis, compañera del mirto, el lentisco, el enebro, la jara, el cantueso, el romero, el brezo blanco, la salvia, las zanahorias y las cebollas silvestres, la menta, el hinojo, las camomilas y las santolinas con las que a menudo se confundía en la Antigüedad.

Su olor no es menos característico que su color. Recordando a la salvia y a la manzanilla, su fragancia es intensa y siempre permanece cálida, con un dulzor azucarado penetrante y persistente; a veces hace pensar en cosas tan dispares como el jarabe de arce y los almiares recién creados. Sus blanquecinas y brillantes hojas emanan, al ser arrugadas, un fuerte olor a cúrcuma por el cual al helicriso también se le conoce como planta de curry -la cúrcuma es la base del curry-. También la apariencia inmutable de su color y la buena cualidad aromática de sus flores mucho tiempo después de haber sido cortadas le ha valido nombres como perpetua, siempreviva, inmortal, flor de paja, flor de papel. En realidad, es una planta con muchos nombres, respondiendo a veces a tradiciones locales, pero también con muchas formas y colores que van desde el blanco al rosa profundo, pasando por distintos tonos de rojo anaranjado, aunque el más característico hoy en día sea el de intenso amarillo dorado.

Helicriso es un nombre discutido a nivel etimológico, pero se acepta convencionalmente que deriva del griego helios chrysos -sol dorado o sol de oro- aunque las fuentes de la Antigüedad, desde tratados de botánica y medicina a la poesía bucólica de Teofrasto, también mencionan una variedad de intenso rojo o le dan otros nombres. Es un arbusto perteneciente a la familia de las Asteraceae (como la margarita y los girasoles) que puede alcanzar los 80cm, desarrollando largas raíces que le permiten vivir en suelos muy pobres y terrenos de piedra caliza. Su habitat natural siempre implica una fuerte radiación solar y crece en altitudes dispares: hasta los 2000 metros de altitud o decendiendo hasta el nivel del mar. Esta capacidad de adaptación se refleja en una gran variedad de especies y un alto grado de polimorfismo de las plantas. Se calcula que existen cerca de 600 especies repartidas entre los distintos continentes aunque se cree que es oriunda de África; 20 de estas especies son propias del Mediterráneo y 8 típicas de Italia, país donde primero fue descrita y, por ello, se bautizó en época moderna como Helicrisium italicum ( Roth) G Don (1830). Hoy el Helicrisium italicum Roth (sinónimo Helicrisium angustifolium Lam D.C. ) denomina a una de tantas variedades botánicas que a su vez se dividen en otras subespecies. A menudo especies y subespecies resultan difíciles de diferenciar y clasificar. En aromaterapia el problema se puede simplificar hasta cierto punto atendiendo a los principales compuestos aromáticos que se obtienen en la destilación, así se diferencia entre:

A) Aceites provenientes de África que son ricos en 1,8 cineol con un característico olor a eucalipto y menta.

B) Aceites provenientes del norte de la cuenca mediterránea, agrupables, a grandes rasgos, en dos quimiotipos:

El de los Balcanes, con un aceite esencial rico en sesquiterpenos alfa y gamma curcumenos por los cuales es más antinflamatoria y antihistamínica. Su fragancia se caracteriza por un dulzor más seco y herbal que recuerda al té oolong y al heno.

El de Córcega -y parte de Cerdeña- cuyo aceite esencial tiene un alto contenido en acetato de nerilo que lo hace más calmante y analgésico junto a italidonas I, II y III que dan a esta esencia el efecto de regeneración celular por el que se ha vuelto tan preciado en tratamientos dermatológicos y cosméticos. Su olor, además, es particularmente meloso, algo más floral y con recuerdos de tomillo y fenugreco.

Los primeros estudios sobre los beneficios del aceite esencial de helicriso se documentan con los trabajos de Leonardo Santini en los años 40´s y 50´s, en el tratamiento de pacientes con psoriasis. En aromaterapia son sus virtudes para tratar la piel las que le han dado la fama actual pero los trabajos de Santini no tuvieron la merecida transcendencia en la comunidad científica. El helicriso fue durante décadas una rareza. Kurt Schnaubelt lo rescató del anecdotario en el que parecía condenado y, más tarde, con el nuevo milenio, L´Occitane impulsó un programa de cultivo en Córcega -que tomó el relevo de los Balcanes colapsados tras la Guerra-; la promoción de esta firma cosmética junto a otras empresas como doTerra han puesto a la siempreviva de moda. Sin embargo, en el mundo de la fitoterapia, su extracto y su tintura tienen una larga y reconocida tradición como antinflamatorio, antimicrobiano y expectorante. La planta misma, preparada en infusión es un remedio popular para tratar problemas en las vías respiratorias. En la propia Córcega se usó como remedio contra la gripe española.

Pese a ser una planta muy medicinal y efectiva, como las lavandas y las camomilas, no existen muchas fuentes que documenten su uso a lo largo de la Historia. La mayoría del conocimiento proviene de tradiciones locales, a veces ligadas a variedades endémicas de la planta, como ocurre con el H. plicatum de Turquía, usado para curar heridas u otitis.

En general, el helicriso es útil para problemas de tipo respiratorio, para el sistema digestivo, para el sistema linfático y para tratar inflamaciones. Las fuentes de la Antigüedad ( Teofrasto, Plinio el Viejo y Dioscórides) proporcionan los primeros datos de su uso medicinal y simbólico; no en vano, medicina y espiritualidad estaban entonces muy ligadas.

Dioscórides, en De materia medica, Libro IV, dice de la “flor de oro” ( Krysanthemon) o la flor “que no se marchita” (amárantos) que ” con esta se coronan también las imágenes”. Cabe señalar que como flor de verano formaría parte de coronas y guirnaldas para decorar templos y estatuas durante festividades estivales importantes, como podían ser los Juegos Olímpicos en el santuario de Olimpia. Su capacidad para mantener una intensa fragancia durante meses tras ser cortada también la convirtieron en preciada ofrenda en diferentes ritos, especialmente en ritos funerarios. Y su característico color amarillo, semejante al brillante oro, lo vincularon con ritos solares y el culto a la eternidad.

Dioscórides también señala su uso medicinal: ” Su cabellera, bebida con vino, es beneficiosa para la disentería, las mordeduras de serpiente, la ciática y los desgarros; provoca la menstruación; (…) Dado a beber en ayunas, en el peso aproximado de tres óbolos, retiene las fluxaciones catarrales, mezclada con vino blanco rebajado con agua. Se coloca entre las ropas para que las preserve sin polilla”

Cuando en el Renacimiento los viejos tratados griegos y romanos vuelven a divulgarse, los autores modernos se hacen eco de las antiguas palabras. Así, Castore Durante en su Herbario Novo describe las virtudes de las plantas siguiendo la Teoría de los Humores y clasifica el helicriso como caliente y seco. Siguiendo a los clásicos Durante recomienda infusionar la planta con vino para tratar problemas de hígado y mezclarlo con miel para tratar problemas de la piel. De lo que ya no habla este autor es de la cualidad hipnótica y psicotrópica del helicriso; una cualidad señalada por Teofrasto y por la cual la planta tendría valor en rituales de comunicación con las divinidades.

Fragancias y plegarias están íntimamente ligadas en el mundo antiguo a la magia chamánica y la medicina. Se podían ofrecer sustancias aromáticas para ahuyentar malos espíritus o a modo de fumigaciones higiénicas que trataban de prevenir enfermedades, pero también se ofrecían sustancias cuyo olor provocaba sedación, narcosis, trance…Elaborados inciensos quemados en templos, ofrendas florales, ricos ungüentos para ungir estatuas de divinidades…los templos de la Antigüedad estaban intensamente perfumados porque el perfume se consideraba el principal vehículo de comunicación con las deidades. De aquellos usos quedan vestigios en nuestro tiempo: los distintos inciensos quemados en distintas religiones o las guirnaldas florales a modo de ofrenda. Del helicriso aún se puede rastrear su rol en el mundo espiritual antiguo en distintas culturas mediterráneas: es una flor típica en la celebración del 1 de noviembre y en las pequeñas iglesias de las islas croatas y griegas sigue usándose como ofrenda.

Volviendo a la pragmática, ciertamente el helicriso algo hace en la mente. Hoy se sabe que su aceite esencial tiene efectos psicológicos igual que otros aceites pero quizás se pueda decir que, como el frankincienso, es uno de esos aceites esenciales cuyo efecto es profundo y complejo. A veces se le compara con la lavanda por su capacidad para relajar y aliviar el stress pero el helicriso es más potente, incluso narcótico si no se maneja adecuadamente; su contenido en cetonas obliga a usarlo siempre muy diluido. Las cetonas a baja dosis tienen propiedades calmantes y actúan rápidamente, sin contar con el efecto del acetato de nerilo.

Mientras la lavanda se recomienda para mejorar el rendimiento en tareas matemáticas porque favorece el razonamiento, el helicriso despierta el cerebro intuitivo, las áreas del hemisferio derecho, favoreciendo la creatividad y la capacidad de usar la visualización -una técnica que sirve para aclarar, focalizar y fijar en la mente el material estudiado: palabras y movimientos; Por ejemplo, construir un palacio de la memoria o aprender una rutina de ballet-. Sin embargo, la lavanda suele ser universalmente aceptada por su olor limpio y fresco, mientras que la siempreviva con su particular dulzor persistente no siempre es bien tolerada. Puede costar hacerse con el olor, pero si llega a ser aceptado maravilla por sus infinitos y exóticos matices. A pesar de ser como un perfume en sí mismo, por su carácter difícil suele usarse en mezclas con otros aceites esenciales con los que combina especialmente bien como los cítricos y las mentas, la albahaca y el clavo, los de otras plantas típicas del monte bajo, con el frankincienso y el vetiver y, más a nivel de perfumería, cabe añadir el iris y la rosa damascena, el ylang-ylang, la boronia y la mimosa, el bálsamo de Perú y el musgo de roble.

En perfumería se usa sobre todo el absoluto que resulta tener un dulzor más intenso y concentrado, recordando al azúcar caramelizándose, al regaliz, al jarabe de arce , también tiene elementos amaderados de cumarina y una faceta cálida y almizclada que recuerda al café. Según su procedencia y método de extracción puede aportar matices más frutales (frutos rojos e higos), más herbales con recuerdos de té y tabaco, más especiados y aromáticos con elementos de fenugreco y apio, recuerdos de nuez o de incienso…aunque lo más característico del helicriso quizás sea el efecto global empolvado y azucarado que aporta a un perfume.

Paralelamente a su resurgimiento en aromaterapia en las últimas décadas también se ha ido convirtiendo en una nota habitual en la perfumería niche, circuito del que rara vez sale. Sin duda siempre ha sido una rareza, por su olor rico y complejo y su intensa persistencia. Su perfil aromático lo hace especialmente útil para facetar acordes ámbar y perfumes estilo chipre, así como para dar calidez y naturalidad a composiciones florales de rosa, azucena, tuberosa, lirio de los valles, etc y por su recuerdo a café, caramelo o galletas también entra de lleno en el territorio de los perfumes gourmand. En líneas generales aporta calidez y gran difusividad al perfume. Es uno de esos materiales que no tiene mucho sentido oler en el secante, necesita del calor de la piel para cobrar vida y desvelar los matices más mantecosos, suaves y florales.

Annick Goutal fue pionera en el uso de este material allá por los años 80´s: desde Eau de Monsieur (1980) y Eau de Sud (1996) hasta el glorioso Sables (1985) y el más reciente Nuit Etoilee (2012) lo contienen de forma evidente. Hay pocos perfumes en los que el helicriso esté tan presente como en Sables, quizás sean menciones honorables Jeux de Peau de Serge Lutens e Interlude Woman de Amouage. Otras firmas de autor le dedican un lugar especial en forma de homenaje al paisaje corso como Corsica Furiosa o el más medicinal Eau de Gloire de Parfum d´Empire y Helicriss de Sylvaine Delacourte. En 1740 Marquis de Sade de Histoires de Parfums la nota es más protagonista que aliada del cuero y en Tuberosa 3 Animale imprime calidez herbal a la tuberosa; la mayoría de las veces la siempreviva cumple esta función de insuflar vida, dar calidez, redondear, aportar matices entre capas…así aparece en Chypre Rouge , Chêne o El Attarine de Serge Lutens y en los perfumes de Frapin en 1270 y Speakeasy; en la versión moderna de Visa de Robert Piguet adorna la faceta frutal y en Ambra Nobile de Nobile 1943 aporta un toque licoroso. Guerlain lo ha usado junto a notas de flor de naranjo en Cologne du 68 y para dar una luminosa calidez seca al fino cuero de Cuir Beluga. Otro perfume de cuero fino/ante en que se usa es Cuir Velours de Naomi Goodsir. En Dolcelisir de L´Erbolario se aprovechan sus matices palatables para recrear un acorde ámbar reminiscente de Ambre Narguille de Hermès.

Como planta, el helicriso puede ser ejemplo de muchas cosas dignas de estudio, pero sobre todo revela como en la Antiguëdad las plantas con un fuerte aroma podían adquirir relevancia en ceremonias religiosas derivadas seguramente de primitivos ritos de culto a la Madre Tierra y al Sol. Igual que el incienso o la mirra. Como material de perfumería, su olor es inconfundible y poderoso. No podría describirse como poético en un sentido romántico y delicado sino que es algo más complejo y telúrico capaz de imprimir encanto y personalidad.