Writing 101. Día 2 : La biblioteca.

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Era un tibio y soleado día de abril así que aún no se sentía el bullicio característico de la recta final del curso, cuando todo el mundo camina apurado a conseguir los últimos apuntes, recoger las últimas fotocopias o preguntar a los demás cómo será el examen final. Eran las primeras horas de la tarde pero la luz parecía más atenuada, como si fuera media tarde.

Yo tenía unas horas libres y un pequeño trabajo de investigación que terminar. Había conseguido, al fin, aquel libro imposible de encontrar, que necesitaba para completar una parte del trabajo y quería leerlo con detenimiento. Así que decidí caminar un poco para despejar la cabeza e ir a la biblioteca central, alojada en uno de los edificios históricos de la universidad.

Aquel día tranquilo de abril, todos debimos de tener la misma idea porque en la sala principal no había ni un puesto disponible. Cierto que mucha gente acampaba dejando sus cosas en la mesa para luego irse a fumar al patio o buscar un café pero, fuera como fuere, ninguno de aquellos antiguos pupitres de madera, iluminados con lámparas individuales y acompañados por crujientes sillas sobre el crujiente suelo de madera estaba libre.

Merodeé un poco por el claustro y decidí entrar en una de las salas de lectura. Hasta hacía unos años aquel edificio había albergado clases. Las viejas aulas convertidas en salas de lecturas eran enormes, quizás no tan grandes como algunas de las que yo conocía en mi campus pero con su luz diáfana, los techos altísimos y sus colores totalmente neutros transmitían sensación de inmensidad. Además, las ventanas, de corte clásico, tenían un alféizar bastante bajo que permitía entrar la luz a raudales pero sin la incomodidad de los vanos hasta el suelo.

La habitación estaba orientada al oeste, de manera que la luz de la tarde la bañada con una pátina dorada. Las ventanas daban al jardín que había ante la capilla, en el que hacía poco habían plantado magnolios. Se veían algunas flores blancas y enormes entre las hojas verdes, se veía el campanario que cada hora avisaba del paso del tiempo y se veía el cielo claro.

Tuve suerte, la única mesa libre estaba cerca de una gran ventada. Tenía una generosa superficie de madera ante mi para extender todos los papeles. Siempre necesito extender mis papeles y libros cuando estoy ordenando un trabajo, aquello era casi como estar en el escritorio de mi casa. Y además la silla era muy cómoda, con asiento aconchado, sin crujidos y asentada sobre una tabla más nueva que no delataba tu pisada.

En las paredes se alternaban estanterías oscuras con libros añejos y tramos de lienzo en blanco. Todo parecía dispuesto con ritmo pero los contrastes eran suaves. Aquella no parecía mi universidad, parecía una de esas habitaciones claras y un poco rústicas de tipo nórdico. Sólo el olor de los viejos libros y el enorme silencio te recordaban que estabas en una sala de biblioteca porque ni tan siquiera te enterabas que cerca de ti había otra persona estudiando. Las mesas tenían la distancia perfecta.

Nunca olvidaré el silencio apacible de aquella sala. Parecía imposible de precisar la época histórica a la que pertenecía o la ciudad en que se encontraba. No he vuelto a encontrar un lugar así, que invite a trabajar con tanto relax…¿Seguirá siendo tan clara la luz, tan blancas sus paredes o tan tibia la temperatura de la estancia?

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Writing 101. Día 1: El túnel de los olores

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Anhedonia: incapacidad para disfrutar física o psicológicamente. Cuando se da de forma continuada y persistente en nuestro día a día podemos hablar de síntoma, afectando a un sólo área o a la experiencia vital en su globalidad. Este síntoma suele revelar algún tipo de transtorno, frecuentemente de tipo emocional (ansiedad o depresión) o un nivel de estrés importante.

Ocurre que en casos extremos de sufrimiento y desgaste emocional el sentido del olfato se apaga -como los otros sentidos-, puede incluso cambiar bastante, pero al estar situado en la parte más primitiva de nuestro cerebro, ligado a la capacidad de alerta, también es una vía para mantener una llama viva al final del túnel. No son pocas las personas que, estando en una situación emocional muy difícil encuentran necesario estimular su sentido del olfato impulsados por el instinto de supervivencia.

Y aunque esto no significa una solución para el problema si es una manera de mantener un vínculo entre distintas partes de nuestro cerebro; en medio de esa espesura en que flotan ideas dispersas y pensamientos circulares, discurre cierta certeza “que esto huele fresco y me relaja, que aquello es demasiado dulce y me molesta, que ahora descubro lo mucho que me gusta el olor del cuero…”. Este es un ejercicio bastante automático, conectando percepción con emoción y con expresión verbal. Se trata de un ejercicio de definición que engloba palabra y emoción, se trata de no dejar morir la motivación.

No estoy hablando de una panacea, ni de un milagro, sino de algo que sirve como anclaje o pivote para dar otros pasos hacia la recuperación. Tampoco es una banalidad. La percepción cambia cuando el cerebro está bloqueado por las emociones. Los gustos pueden hacerse más extremos o agudizarse la sensibilidad hacia ciertas notas que se vuelven más agradables o totalmente aversivas. Pero algunas personas tienen la iniciativa de intentar algo, quieren una solución y en ese proceso de búsqueda es cuando el olfato ayuda a salir del letargo durante segundos, permitiendo entender a la persona que esa situación árida es sólo una parte de la realidad aunque en ese momento sea la mayor parte de su realidad.

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Sorbete de sol: Eau de Mandarine Ambrée de Hermès

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DavidCheifetz
*Bodegón de David Cheifezt.

En lo más profundo del invierno descubrí que había un verano invencible en mi interior. Albert Camus (El verano, 1954)

La búsqueda continua caracteriza a la perfumería. No sólo es una búsqueda en el sentido individual y vivencial de quien crea o de quien admira sino también en el plano más pragmático de la investigación. Los cambios a nivel tecnológico provocan cambios en la manera de hacer las cosas o en el resultado final.

A este nivel más prosaico, en perfumería siempre se está buscando la forma de mejorar la fijación, de conseguir materias primas más puras, de crear moléculas nuevas que permitan renovar viejos temas, de conseguir un frescor más prolongado e intenso en la composición, etc, etc. Un género atemporal como la Cologne -especialmente en líneas de alta perfumería- a menudo es un gran campo de pruebas en el que se expresan estas nuevas sensaciones para acercarlas al público. El otro ámbito es la perfumería funcional donde las personas nos familiarizamos con los nuevos olores rápidamente.

Desde el Eau Sauvage de Dior y su 2% de Hedione en adelante vemos como los materiales nuevos y más abstractos se conjugan con los aceites esenciales cítricos más tradicionales para dar forma a ese preciado jugo que es la Cologne. Combinando el esquema tradicional con nuevas gamas de olores y efectos el tema se renueva continuamente. Y esta renovación no es baladí porque este tipo de fragancias tienen un atractivo prácticamente universal.

Fresca y estimulante. Limpia y sencilla, pero capaz de recordarnos las cosas tangibles de la naturaleza y el aire libre. Esas son sus virtudes. La otra cara de la moneda es su fijación. Siempre esperamos que su frescor se prolongue durante horas, no queremos una promesa fugaz.

En síntesis, la Cologne siempre tiene un aire clásico pero siempre se puede renovar y su flanco débil continuamente se intenta subsanar. Así que una parte importante de crear Colognes modernas radica en conseguir prolongar esa frescura inicial durante horas. Por eso, podemos ver ciclos en la historia de la Cologne que responden a la disponibilidad de nuevas materias. Ya a finales de los 60´s y especialmente en los 70´s, cuando nuevas moléculas permitieron recrear la sensación vivificante de la brisa fresca y las notas verdes cobran protagonismo, comienza a resurgir el tema en forma de Eaux enriquecidas con bases musgosas, patchoulí y vetiver: Ô de Lancôme (1969), Eau de Rochas (1970), Eau de Corrèges (1977) o la emblemática Eau de Cologne de Hermès (1979) rebautizada como Eau d´Orange Vert con esa nota de naranja aromática que luego volveremos a encontrar en varias composiciones de la casa como Eau des Merveilles o Elixir des Merveilles y, más aún, porque Eau de Mandarine Ambrée parece la hermana pequeña y juguetona del Elixir con su nota brillante y jugosa de mandarina.

Jean Claude Ellena que se ha encargado en los últimos años de continuar la tradición de la Cologne para la casa Hermès con jugos muy creativos no se ha limitado sólo al frescor cítrico, también ha jugado con la idea de limpieza e higiene en la tan sorprendente como astringente Eau de Gentiane Blanche o ha buscado renovar el verdor aromático y las notas empolvadas a través del prisma de una flor imaginaria como Eau de Narcisse Bleu. Pero con Eau de Mandarine Ambrée no sólo vuelve al origen de la colección sino incluso a las raíces del género, cuando la Cologne se creaba por maceración de materias primas en alcohol y la tintura de ámbar gris servía para dar vida y matizar las facetas cítricas y aromáticas. Así que esa faceta ámbar que algunas personas encuentran incoherente porque es un elemento cálido -pero también seco- no es una extravagancia sino algo muy tradicional.

Rigor y respeto por la tradición es lo que caracteriza Eau de Mandarine Ambrée pero ¿dónde renovación?…

Este jugo no deja de ser una composición cítrica llena de vitalidad a primera vista pero debajo de esa pátina de clasicismo tiene lugar un festival de efectos exóticos y novedosos que van más allá del acabado de los aceites tradicionales al uso. Es algo que centellea, que vibra como una especie de realismo mágico donde los cítricos tienen vida propia. Es algo vivencial.

Eau de Mandarine Ambrée va más allá de la idea de buen olor porque intenta -y consigue- transmitir con ese olor una emoción que en palabras de Jean Claude Ellena sería alegría, porque la mandarina es para él el olor más alegre. La innovación, es pues, una invitación al escapismo.

Su aroma gravita en torno a dos facetas:

-La cítrica anaranjada con una mandarina llena de volumen y vibración.
-La ambarina con una nota de fantasía llena de brillo solar.

La mandarina se dibuja como un fruto completo que puedes desentrañar: primero retiras la corteza y sientes como el aceite esencial de la piel te salpica la cara, luego percibes el amargor del albedo y finalmente llegas a los gajos, dulces y jugosos. La primera impresión es muy realista, realmente parece que estuvieras pelando una mandarina; luego comienza la fantasía jugando con tonalidades de tangerina, pomelo rosa, naranja amarga y el frescor de la fruta tropical con un efecto pulposo que sólo puede ser fruto de un material de nueva generación.

Este juego de tonos anaranjados veteados de verde que no termina nunca es delicado, ligero, transparente y suavemente meloso como un agua infantil ¿con un toque de mimosa? Pero también vibrante, incandescente, centelleante y lleno de acentos naturales, afrutados y frescos. Esta parte hace de la mandarina algo más lúdico y elusivo mientras el efecto de fruta tropical, sorprendente pero muy bien integrado, añade ese aspecto solar intenso que el ámbar refuerza.

Es un ámbar limpio y transparente, seco y profundo, que recuerda a la piel dorada bajo el sol ligeramente salada tras un baño en el mar. Una fotografía de las vacaciones junto al mar, las relajadas tardes de verano, los atardeceres infinitos.

Añadiendo profundidad el vetiver sirve también para continuar ese trazo de frescor con su recuerdo a pomelo rosa mientras introduce cierta rusticidad en la base. Y así, rústica y solar a la vez, la base nos ancla de nuevo en la realidad.

La Cologne es un tema sencillo sólo en apariencia, en realidad implica un gran trabajo de armonía y equilibrio, con notas pequeñas que han de tener el espacio justo entre ellas para que centelleen los matices. Eau de Mandarine Ambrée es una Cologne de estructura muy tradicional pero con textura moderna. Persistente y delicada. Translúcida y colorista. No puedo evitar decir e insistir en lo bien hecha que está porque esa es la verdad. No sólo por la calidad técnica sino, sobre todo, porque es rica en sugestión y ternura.

Mandarine

Laberinto Fu: Especial Sun Kissed. Algunos productos.

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*Guerlain Terra Tropica Edición 30 Aniversario de Terracotta 2014.

Cuando tenemos un cajón lleno de productos de maquillaje que no usamos podemos decir que ha dejado de ser divertido y también que hemos comprado cosas con poco acierto. Las colecciones están creadas para tentar y de vez en cuando todos queremos un capricho, pero lo ideal es usar las cosas y disfrutarlas. Así que a la hora de ir en busca de nuestros potingues lo mejor es informarse antes un poco porque las consejeras no siempre son sinceras. Así que en la última entrada del Especial Sun Kissed os dejo algunas sugerencias.

1. Comienzo por mi marca de referencia: Guerlain y la colección que espero cada año como agua de mayo: Terracota. El punto fuerte de Guerlain es crear una auténtica colección encapsulada en torno a los polvos bronceadores, año tras año, y seguir despertando interés a quienes somos fieles desde hace décadas. No sé cómo lo logran.

Los polvos bronceadores clásicos tienen una fórmula hidratante que prolonga su fijación, son muy finos, los tonos son variados, bonitos y eternos. Lo digo en serio, primero decides comprar una polvera nueva porque la que tienes ya está para el arrastre que comprarla porque acabaste el producto.

Las paletas 4 Seasons combinan cuatro tonos que permiten ir subiendo la intensidad del maquillaje según nos bronceamos, al mezclar el color más claro con el siguiente más oscuro y así progresivamente; también dan un acabado radiante que los polvos clásicos no tienen. Y si queréis un tono realmente tostado y rico echad un ojo a la Terracotta para hombres. Perfecto para contornear.

Pero este año el producto cumple 30 años y lo celebran con Terra Tropica una edición limitada ideal para las personas de tono claro tirando a medio que quieran hacer un Sun Kissed de verdad, con el toque de colorete para completar la sensación de piel bajo el sol. La pigmentación es media así que es fácil de aplicar. Y sí, es de capricho por su precio pero además de una lujosa polvera y el polvo bronceador, vienen dos coloretes lo que permite jugar bastante con el color.

2. En Mary Kay el último Polvo Bronceador en su catálogo se presenta en dos todos de matiz dorado que no sirven para contornear por el brillo que tienen pero sí dejan un halo bronceado y sedoso suave y bonito. Hay un iluminador en polvo a juego siguiendo la gama dorada. Funcionan bien en pieles claras porque no quedan anaranjados. Recomendables para quien no se sienta segura de poder hacer un look completo o para quienes tienen poco tiempo y busquen un efecto discreto.

3. La versión mineralizada de los polvos de sol tradicionales es otra opción. Hay varias marcas que los trabajan pero a mi me gusta el Bronzing Mineral Make up de Elisabeth Arden especialmente por su formato dosificador.

4. No se suele hablar tanto de éste pero Terre Saharienne de YSL es uno de los polvos bronceadores que mejor se adapta a diferentes tonos de piel -se comercializa en tres tonos- y logra dar un acabado muy luminoso. Mi favorito después de Guerlain.

5. Los iluminadores son clave en cualquier maquillaje pero en el Sun Kissed más. Hay cientos de opciones en polvo, crema o líquidos pero los Shimmer Brick de Bobbi Brown en tonos como Bronze o Beige son ideales para este tipo de look porque también se pueden usar como sombra de ojos, tomando el color de las tiras por individual o mezclándo dos a dos. Siempre es bueno tener productos multiusos, ahorras dinero y espacio.

6. Si lo único que queréis es un halo transparente de color uniforme en el rostro podéis optar por mezclar la base de maquillaje o BB/CC cream con un iluminador bronceador como el de Nars o el de L´Oreal o con el Fluído Iluminador Maestro Liquid Summer SPF 15 de Giorgio Armani. Este producto tiene cierta opacidad y funciona bien en pieles claras o de tono medio porque aporta un velo de brillo dorado fino. Se puede jugar con la intensidad y no difuminarlo mucho o crear capas más translúcidas, se puede usar por toda la cara o en puntos estratégicos pero una vez aplicado seca rápido y queda fijo todo el día.

7. Muy parecido al fluído Maestro de Armani pero más asequible, más bronce y mucho más transparente es el Dr Hauschka Translucent Bronze Concentrate. Al principio puede ser intimidante porque tiene un color bronce muy intenso pero una pequeña cantidad es suficiente para lograr la sensación de bronceado sobre pieles claras o muy claras. Basta con difuminarlo muy, muy bien para que forme ese velo de color transparente. Queda mejor si se aplica sobre una base o una pre-base que ayude a mejorar la textura de la piel, para que se vea bien terso y sedoso. Este serum también se seca, queda fijo todo el día y se puede construir poco a poco el tono con capas. Puede quedar muy bien pero hay que saber aplicarlo porque cuantas más capas se hacen más se muestra la textura del pigmento y llegado un momento ya parece demasiado. Lo mejor es aplicarlo con brocha redonda primero y acabar de difuminar con los dedos para un acabado más natural.

8. Siguiendo con la nueva generación de bronceadores líquidos, lo último es el agua-polvo de By-Terry. Tea to Tan. Al contrario que Armani o Dr Hauschka basados en aceites, esta es una fórmula acuosa bifásica que sirve para crear o realzar el bronceado y está diseñada para funcionar en todo tipo de pieles…aunque no estoy segura de que en pieles muy, muy claras funcione del todo. Pero al igual que los dos anteriores las fórmulas están enriquecidas con algo de tratamiento antioxidante para la piel.

Tea to Tan es realmente líquido y necesita agitarse muy bien antes de usarlo. Tiene acabado mate pero radiante por eso es menos sofisticado que Maestro de Armani o el concentrado del Dr Hauschka que dejan ver en la piel las partículas de pigmento y pueden funcionar como iluminadores. El de By-Terry sólo puede usarse como bronceador. La mejor forma de aplicarlo es con los dedos a toquecitos sobre una base o pre-base. Sabiendo dosificarlo es el producto ideal.

***Un extra: Prep+Prime Natural Radiance de MAC, es un gel de rápida absorción con un efecto hidratante e iluminador. Se usa como pre-base para mejorar el aspecto del cutis y está especialmente pensado para pieles grasas o mixtas.

¿Habéis usado bronceadores líquidos alguna vez? ¿Qué os parecieron?

Lo exótico existencial como cualidad estética: Bois Farine de L´Artisan Parfumeur

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*Fairytale (1911) de Isaak Brodsky.

En “La Reina Cristina de Suecia” Greta Garbo le pregunta a John Gilbert si alguna vez había soñado con lugares desconocidos. Tal sensibilidad provoca sorpresa en el galán, sorpresa que después se transformará en admiración. Pero a menudo las personas ven este tipo de ideas como pura extravagancia porque son incapaces de entender que se pueden imaginar otros paisajes a partir de retazos.

Quizás Greta Garbo interpretando su papel de reina prisionera de las circunstancias se estaba refiriendo a la libertad de soñar partiendo de un pretexto, es decir, a la libertad de usar nuestra imaginación. La imaginación -para quien tenga dudas- es , nada más y nada menos, que la forma de conocimiento que los humanos usamos en nuestra más tierna infancia para aprehender la realidad mientras nuestro cerebro va madurando y especializándose. Hay quienes mantienen esa capacidad imaginativa durante su madurez y esto les dota de más flexibilidad.

La cuestión es que quienes se sienten cómodos en la tesitura del pensamiento creativo deben perseverar en ella. Algunas personas se sienten torturadas por la creatividad porque las expectativas sociales no incluyen el pensamiento creativo en la tabla de estilo del ciudadano modelo (sea eso lo que sea). Pero huir de una facultad además de imposible es peligroso porque significa ir en contra de lo que uno es. Seguro que sabéis de lo que hablo, cuando alguien tiene un estilo en algo e intenta cambiarlo, acaba anulándose cruelmente. Quien es creativo siempre busca nuevos horizontes y esa conexión con otra forma de ver las cosas.

En perfumería también existe esa dualidad falaz entre “realismo” y “fantasía”. Y digo falaz porque la realidad de un sujeto puede ser muy diferente de la de otro. No sólo por circunstancias sociales y culturales sino también a nivel de percepción. Percepción en el sentido más básico que tiene la palabra en el campo de las neurociencias. Unas personas tienen vista de águila mientras otras son miopes; unas personas tienen un oído absoluto y otras no perciben ciertas frecuencias. La realidad para cada persona tiene una configuración distinta.

Pero siguiendo con el dualismo de escuelas. Hay quien apuesta por hacer perfumes naturalistas y muy minuciosos y hay quien prefiere llenar sus obras de sugerencias convirtiendo la realidad en un pretexto para la creación. Estos últimos parten de lo sensible buscando una dimensión más existencial en su obra. Así se crean paisajes mentales, flores imaginarias, bosques encantados…atmósferas extrañas y sutiles, llenas de familiaridad y de exotismo al mismo tiempo.

Se trabaja con la naturaleza, pero de otra manera. Y si Jean Claude Ellena es uno de los perfumistas que más ahonda en esta técnica Bois Farine es, posiblemente, uno de los mejores ejemplos de su estilo de trabajo.

No voy a negar que yo misma en ocasiones quiero un perfume que huela hiperrealista, es algo que a menudo me ocurre con los perfumes de rosa. Una obsesión. Pero he aprendido la importancia de la segunda mirada, la que permite ver otras cosas. La que te otorga una sensación de asombro retardado que es como un ramalazo y te permite comprender que cuando un perfume muestra atisbos de naturalidad entrelazados con fantasía se vuelve más poderoso y elusivo.

Pero en ocasiones se eligen notas inusuales que por sí mismas ya son evasivas. Este es el caso de Bois Farine, un perfume centrado en la madera de cedro envuelta en un acorde farináceo. Jean Claude Ellena estaba trabajando en ese acorde de harina cuando en L´Artisan Parfumeur le propusieron hacer un perfume que iniciara la serie inspirada en viajes llamada Les Voyages Exotiques. Los perfumes de esta serie -entre los que hay raras gemas- a menudo se inspiran en lugares que tienen una dimensión espiritual como Dzongkha o bien un tono más cosmopolita como Traversée du Bosphore. En todo caso, no hablan de un destino vacacional al uso sino de descubrimiento de otras realidades y, en esa búsqueda de lo peculiar, la nota de harina resulta más que llamativa.

En la Isla Reunión crece una especie de arbusto endémico conocido como Flor de Pan (Ruizia cordata) porque de sus flores rosadas emana un olor empolvado y farináceo. Esta rareza de la naturaleza fue la que inspiró a Jean Claude Ellena para dar un contexto a la nota de harina.

Sobre el tema de la harina parémonos un momento. Con el nombre flor de harina se conoce la harina que sale de la primera molienda. Es la más fresca, suave y ligera y posee un ligero aroma a frutos secos, especialmente a nuez. Si alguien tienen la oportunidad de visitar un molino artesanal podrá entender mejor que poco tiene que ver ese olor de la flor de harina que se trabaja en este perfume con el de la harina que compramos en el supermercado, que apenas tiene matices.

Así, Bois Farine está dentro de la categoría de los perfumes empolvados con una importante faceta de iris y almizcles blancos suavizada con ambreta. Esta parte es familiar y delicada. También la base es identificable: una nota amaderada ahora seca, ahora alcanforada, ahora ahumada… pero siempre bien envuelta en balsámico benjuí. Cedro jugando un papel central, guayaco aportando su calidez especiada y sándalo dando un aire oriental.

Sin embargo, los detalles desafían. Desde la salida a la base el perfume tiene inflexiones que llevan el tema hacia la orilla de lo extraño, casi onírico. El que haya entre sus capas un efecto de mimosa con un toque de heliotropina ayuda a que sea más elusivo pero, sin duda, las pirazinas (moléculas presentes en alimentos tostados) tienen un rol muy importante y, para mucha gente, son las causantes de que Bois Farine les decepcione con una nota de salida inclasificable. Ciertamente despista que un perfume comience oliendo como algo verde y a la vez radicular -casi húmedo- a lo que no podemos dar nombre. Pero tras unos segundos, lo verde se vuelve dulce y anisado revelando una nota de hinojo y la humedad radicular da paso a un tono más gourmand de frutos secos que va a caracterizar la nota de harina con una extraña profundidad. No es el único aspecto gustativo del perfume, también hay un matiz de praliné e incluso de Nutella que asoma de vez en cuando entre el iris y la ambreta.

Bois Farine explora espacios entre notas bastante inusuales en perfumería, especialmente en la faceta empolvada porque la tiñe de tonos gourmand pero no te permite entrar de lleno en el universo de la repostería. Al contrario, el perfume está construido para realzar el carácter amaderado de uno de los alimentos más antiguos de la humanidad y simbolo de pureza: el pan. Mientras, al mismo tiempo, alude a una flor tan lejana y rara que es difícil no querer usar la imaginación.

Laberinto Fu: Especial Sun Kissed. Construyendo el Look.

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*Via Tumblr.

El look Sun Kissed tal y como lo vemos en las modelos de pasarela o en las revistas es algo muy elaborado, construido a base de capas finas de color. Trabajado tono sobre tono hasta lograr ese aspecto bronceado tan sofisticado.

Cuando nos aconsejan coger nuestra brocha y aplicar los polvos bronceadores en las partes prominentes de nuestro rostro -donde el sol incide más- o dibujar un 3 o una doble C partiendo desde el nacimiento del cabello hasta la mandíbula nos están simplificando mucho la historia. Básicamente cuando dibujamos ese 3 contorneamos el rostro y lo hacemos con un bronzer porque es un producto muy atractivo y mucho más fácil de usar que un polvo para contornear con el que -si no tienes mucha técnica- es más probable cometer errores y ensuciar el maquillaje.

Quizás nos lo dicen así porque crear un maquillaje bronceado es algo más complicado de hacer que dibujar un 3 y nos falta tiempo para elaborar tanto un look antes de salir de casa un día cualquiera. Sea como sea, hagamos lo que hagamos, bueno es saber. Así que hoy vamos a ver los pasos básicos para construir la base del Sun Kissed look, ese que crea un aspecto tan saludable y veraniego.

No se necesita mucha cantidad de maquillaje pero sí distintos tonos y texturas dentro de la gama de los dorados-acaramelados, bronces tostados, siena, terracotta, miel, etc. ¿Por qué? Porque de manera natural la piel bañada por el sol -al igual que la no bronceada- no tiene un sólo tono sino varios. En las modelos cuando se quiere que luzcan un buen bronceado se juega con la gama de tonos tostados para conseguir esa naturalidad y, si se desea hacer algo con más glamour, se continúa trabajando el bronceado más y más a base de contrastes cada vez más sutiles con diferentes productos hasta tener esa imagen radiante y solar que desprenden las imágenes editoriales.

El primer paso siempre es contornear. Se comienza por los ojos, usando una sombra en la gama de los marrones dorados que esté como dos o dos tonos y medio por encima de nuestra piel y que combine con el color que hayamos elegido como nuestro bronceador principal. Es importante tener en cuenta que todo tiene que estar en equilibrio. Esta sombra se aplica dibujando una banana en el párpado pero sin marcar la línea. El objetivo es definir mejor el ojo y hacerlo más grande.

Pensad que si vais a subir el tono de vuestra piel con maquillaje tenéis que subir también el color de las sombras que de forma natural la luz crea en un rostro, de lo contrario perderéis definición en los rasgos. Perder definición en los rasgos es perder lozanía…

Una vez marcados los ojos hay que contornear el pómulo y el resto del rostro con un tono más oscuro, frío y mate. Esto hay que adaptarlo a cada caso pero en pieles claras o de tono claro tirando a medio algo como Hoola de Benefit o el colorete Harmony de Mac serían buenas opciones.

Para contornear bien el pómulo usad una brocha en bisel pero aseguraros de que sea suave y permita difuminar bien el pigmento. No queremos una línea gráfica sino crear una sombra bajo el hueso del pómulo. Para cometer menos errores:

-Coged poco pigmento de cada vez y hacer varias aplicaciones si es necesario.
-Usad como guía una línea imaginaria en diagonal desde el nacimiento de la oreja hasta la comisura de la boca y seguidla con la brocha hasta el centro de vuestro pómulo.
-Empezad siempre desde la oreja hacia el centro del rostro para no concentrar el pigmento en la mejilla.

Hecho esto continuad en el resto del rostro con toques muy, muy suaves casi con el pigmento que quede en la brocha. Centraros en la zona temporal, nacimiento del cabello y barbilla.

Estructurado el rostro, vamos a broncear. Si queréis ir a fondo con este look y construir el color poco a poco el siguiente paso sería usar un color chocolate en crema y aplicarlo de forma muy ligera con una brocha redonda y suave sobre la parte más carnosa de vuestras mejillas: la manzana. Haciendo movimientos semicirculares. Algo como Hourglass Cream to Powder Bronzer o cualquier otro producto en crema que os guste valdrá siempre y cuando sea más oscuro que el tono que hayáis elegido como bronceador principal. Con la crema vais a crear una base.

*** Sobre como elegir el tono principal aquí hay algo.

***Otra opción para simplificar sería aplicar un iluminador/bronceador con mucho tiento en esta zona. Algo tipo Nars Laguna Illumitanor o L´Oreal True Match Bronzer Glow.

Creada esa base es el momento de coger vuestro polvo bronceador, que habrá de ser más claro que la crema usada de base. Elegid bien el color en función de vuestro tono de piel. Bourjois, Bobbi Brown, Guerlain, Dior, Chanel…lo que sea pero elegid bien ese producto. Ahora sí, ya podéis aplicarlo como se suele decir, en aquellas zonas del rostro en que el sol incide más. Pómulos, un poco sobre el puente de la nariz (no la punta), barbilla, frente, mandíbula, clavícula e incluso zona externa de los párpados. Usad una brocha que difumine bien, trabajad con poca cantidad e id poco a poco mezclando bien los tonos. Mezclar, mezclar, mezclar. Si lo hacéis bien el resultado será un tono de piel saludable.

Esto es lo mínimo para construir el Sun Kissed Look. A partir de aquí se puede seguir a base de detalles y contrastes que exigen ir jugando con sombras cada vez más específicas.

Pero no olvidéis dar los toques finales para terminar de conseguir ese efecto solar. Un poco de iluminador en el pómulo y en el lacrimal para matizar bien los volúmenes. El iluminador elegido debería de seguir la gama de los bronces o los dorados. Y, finalmente, el toque más solar: un poco de colorete rosa-pink profundo aplicado en la mejilla e incluso -si queréis algo más playero- sobre el párpado fijo hacia el exterior. Sólo un toque, no debe parecer colorete sino crear ese aspecto algo sonrosado que tiene la piel después de un baño solar.

Laberinto Fu: Especial Sun Kissed. ¿Bronceas o contorneas?

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Los polvos bronceadores son un gran producto cuando se usan bien, pero también es muy fácil cometer errores. Unas veces porque no se elige bien el tono, otras porque se aplica en exceso y otras porque se confunden los conceptos y lo que busca ser un look bronceado acaba sólo en intento.

Contornear los rasgos faciales en cualquier época del año, usando polvos bronceadores o algo tipo Mineralize Skinfinish Natural de MAC porque son tonos más fáciles de usar que los productos específicos para contornear es una cosa y otra construir un auténtico Sun Kissed Look para lucir en verano. Aunque para crear un maquillaje bronceado el primer paso es contornear, pero eso lo veremos en la tercera entrega de esta serie.

Los productos específicos para contornear son mates y más neutros que los productos para broncear que pueden tener un brillo sutil o derivar hacia un matiz más rosado. Cierto es que algunos son más versátiles que otros pero si lo que buscamos es broncear de verdad, lo primero es lo primero: elegir el tono que mejor vaya con nuestra piel para dar un aspecto saludable más o menos favorecido por el sol. Es importante recordar que un color mal elegido o mal aplicado puede dar un aspecto sucio… y no queremos eso.

Hay cientos de opciones atractivas en el mercado pero los bronceadores de Bobbi Brown y Guerlain son muy recomendables: ambas marcas tienen un catálogo amplio de tonos y fórmulas de calidad. Elegir el tono adecuado puede ser un poco más complicado de lo que parece si te cuesta diferenciar los subtonos rosados o amarillos en el maquillaje, lo mejor es tratar de entender el principio básico y luego explorar los productos con calma. He aquí las cosas a considerar:

-Los polvos bronceadores con subtonos rosado como el Ultra Luminious Bronzer de Edward Bess dan un aire muy sofisticado y setentero pero no suelen lucir tanto en pieles demasiado claras, no si se usan como tono principal.

-Los fototipos I Y II no deberían de ir más allá de un color siena o miel suave aunque si predomina el subtono rosa en una piel casi blanca piel lo que mejor va a funcionar es un suave tono melocotón como el colorete 561 de Shu Uemura -Sí, colorete-.

-Las pieles olivaceas aceptan bien los tonos tostados neutros, es decir, aquellos que no tienen mucho rojo en la fórmula sino que recuerdan al café o al caramelo, mientras que las pieles más oscuras se realzan con bronceadores de colores más ricos en los que se distingue un matiz rojo o anaranjado profundo.

Elegir bien el tono adecuado de los polvos bronceadores es un paso clave. El color adecuado ya significa la mitad del trabajo hecho y así el bronceador podrá ser usado tanto para contornear como para crear un maquillaje de piel bronceada, aunque en cada caso el mismo producto se use de forma diferente.

En el aire se mece un recuerdo a violetas frescas: La Violette de Annick Goutal.

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*Un Idilio de primavera (1901) de Stefan Kuhn.

¿Qué esperáis de un perfume de violetas? Yo deseo que la dulce y elusiva fragancia de las flores no parezca un perseverante olor genérico sin misterio. Las violetas, encantadoras, merecen ser retratadas en un perfume con detalles de calidad porque son flores primaverales cuyo olor repica en la nariz con calma y jovialidad. Son en sí mismas una concentración de contradicciones y siempre quiero que esa misma riqueza de matices las intente reflejar un perfume. Al final, espero que el perfume sea un concentrado de emoción y me cautive oliendo profundamente a violetas, llenando la mente con recuerdos de infancia y abriendo una ventana imaginaria a un paisaje lleno de verdor y umbría. En definitiva, algo cuajado de audaces matices que al mismo tiempo sea souflé de violetas, suave y refinado, paseo entre los pastizales, bouquet delicado de rosas de té y jugosas frambuesas silvestres.

Yo aún no he encontrado ese perfume de violetas pero La Violette (2001, Isabelle Doyen) de Annick Goutal se acerca bastante a mi ideal. Se queda con los matices para dibujar la flor, así que no te da la imagen completa pero sí la sugerencia, lo cual es perfecto para representar ese ramalazo fugaz que dejan las violetas. Ahora flota en el aire el aroma acuoso de la sandía que luego se densifica y se transforma en frambuesa, ahora sugiere tímidamente una rosa empolvada, ahora intriga con ese matiz profundo de hierba fresca… Te obliga a pensar no sólo en la flor sino también en el contexto en que crece y en el idílico aroma que desprenden los campos en un día tibio de primavera. Un día en el que la brisa trae miles de olores frescos y dulces muy relajantes.

La Violette opta por la naturalidad y la sencillez de las flores campestres. El absoluto de hoja de violeta aporta esa faceta de verdor tangible y un toque acuoso más evasivo pero lo realmente elusivo es el tono floral, es como un hilo dorado que te invita a seguirlo esperando encontrar el aroma denso de los pétalos.

En palabras de Isabelle Doyen esta “es una violeta un poco bohemia” porque transciende el marco de la coquetería de salón en que se ha encasillado la flor. No es sólo dulce y empolvada, también es verde, ozónica y etérea. Un juego de equilibrio entre los aspectos más íntimos de la faceta empolvada y el poder primitivo de la flor en el campo, huyendo del preciosismo galante.

Decía Víctor Hugo que “la impresión artística está en el contraste” y nada más cierto en perfumería. Sin contraste no hay profundidad. ¿Quién quiere asentimiento continuo?, ¿quién quiere que una flor diga siempre -sí-?

En la naturaleza las flores también refutan despertando la intuición. Hacen pensar en más allá del invernáculo. Y las violetas, junto con el iris, se prestan al misterio y la imaginación más que ninguna otra flor porque hacen pensar en la campiña y en el bosque y lo que estos representan: el aire puro y la mente despejada por un lado, lo inaccesible y lo fantástico por el otro. En el fondo esto es otra aproximación a la infancia o, mejor dicho, a una parte del universo infantil. A aquella parcela de la edad temprana que ocupan los buenos olores, los bosques encantados y las criaturas mágicas que florecen por encantamiento entre el musgo y los helechos.

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Viaje el origen de la perfumería moderna: Shalimar Ode à la Vanille sur la Route du Mexique de Guerlain.

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Shalimar es la culminación de un proceso y el inicio de otro momento en la perfumería moderna. Caracteriza de forma sublime el olor del ámbar gris y cristaliza un modo de componer acordes ámbar hasta el punto de ser el modelo en el que se siguen inspirando tantos perfumes.

Creado en 1925, aún refleja el modo de hacer de la perfumería del s. XIX con áreas pungentes que delatan ingredientes sintéticos muy potentes como la etil-vainillina o la cumarina envueltas en tinturas naturales. En aquel momento era norma usarlas, pero en Shalimar todo fue más allá.

Así pues, centrémonos en el aspecto clave del tema ¿qué es una tintura? Una técnica tradicional para extraer la esencia de las plantas y otras materias orgánicas mediante maceración alcohólica. Una técnica importante porque el alcohol es un buen disolvente y esto permite revelar cualidades y matices muy finos que de otro modo no se apreciarían. Esta cualidad de la tintura proporciona redondez y gran calidad al perfume en un sentido global y rodea de naturalidad las notas más potentes y planas de origen sintético. Las tinturas contribuyen al dinamismo y la fluidez del tema -algo esencial para que un perfume tenga carácter- y, actualmente, pocas firmas de perfumería siguen usándolas. Requieren de la vieja maestría para saber dejarlas madurar hasta el punto preciso y mantener siempre el estocaje a punto…Entre esas pocas firmas está Guerlain.

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Ode à la Vanille es una colección de variaciones en torno al perfume Shalimar que en los últimos años Guerlain ha ido ofreciendo como serie de edición limitada. Cada edición se ha dedicado a explorar un tipo de vainilla diferente.

En estas nuevas interpretaciones del clásico oriental, la tintura de vainilla no sólo es un modo de dar más naturalidad al acorde ambreína de base sino que se convierte en protagonista del perfume, logrando productos de una suavidad maravillosa. La primera versión en 2010 dio nombre a la serie y combinaba tintura de vainilla Madagascar con vainilla Mayotte, realzando la faceta especiada. La segunda edición en 2012 fue Sur la Route de Madagascar y tenía un carácter más oscuro y amaderado.

Ode à la Vanille Sur la Route du Mexique (2013) es la última -hasta hoy- y, en mi opinión, la más especial. ¿Por qué afirmo tal cosa si las tres versiones son buenas? Porque nos ofrecen una rareza.

Pese a que la vainilla es originaria de México, hoy en día la vainilla mexicana es otra variedad más y, desgraciadamente, la menos usada en perfumería. Tanto es así, que la producción totalmente artesanal de esta materia prima que se desarrolla en las regiones de Puebla y Veracruz peligra. Así pues, el mero hecho de que se nos ofrezca un perfume con vainilla mexicana es ya una buena razón para prestar atención. Si además lo hace Guerlain, cuyos perfumes siempre han destacado por el tratamiento de las notas vainilladas, esto significa un plus de calidad.

La otra razón por la que digo que es una especialidad es por el propio carácter de la materia prima. La vainilla de México es más suave y más fresca, con una cualidad afrutada casi vinosa que la hace única. No es nada común encontrar esta nota de vainilla en un perfume ya que la variedad más usada hoy en día es la que se cultiva en Madagascar: la vainilla Bourbon, que tiene un tono más coriáceo y concentrado.

Thierry Wasser ha trabajado con la tintura de vainilla de México para ofrecer lo mejor de ella: su faceta afrutada entre ciruela pasa y cereza madura con dulzor de confitura. Junto a esto pone también de relieve otros matices clásicos de la vaina de vainilla como el recuerdo a chocolate, a caramelo, el tono balsámico y el ese matiz entre almendras amargas y heliotropo. Además, los aspectos más animalísticos de Shalimar están rebajados: no se percibe la pungente faceta de cuero especiado a la canela ni el tono feroz de la civeta sino sólo un refinado matiz de fondo almizclado-coriáceo al que contribuye el castóreo.

Sigue la senda clásica del perfume oriental cálido y empolvado pero ahora es un perfume de piel. Más etéreo e intimista. Subsumido por el espíritu tranquilo del incienso y otros bálsamos suaves.

No renuncia a la impronta poderosa de Shalimar, y quien lo lleva reconoce el perfume como tal oriental, pero ese efecto matizado, más fluído y afrutado del ámbar lo acerca un poco a L´Heure Bleue. Se podría decir que es como algo antiguo y, sin embargo, atemporal…algo muy bello.

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Usando perfume para enmarcar el tiempo. La escotadura supraesternal.

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*Vuelo de Fantasía pintura de Karl Bang.

Durante la última semana de enero ya es evidente que los días crecen, hay más luz y empieza a ser una luz más clara. A mitad del mes de agosto algo comienza a ser diferente, la luz se vuelve más blanca. En los primeros días de septiembre el olor de la tierra cambia y las jornadas, aún soleadas, ya dejan presentir en sus mañanas la humedad y el frío del otoño venidero.

Hay momentos del año en que la naturaleza es más perfumada que de costumbre, como si exhalara poesía. La atmósfera de alguna manera se vuelve más suave y el sosiego flota en el aire. En esos momentos los perfumes adquieren una cualidad más natural y se expanden como si fueran otro aroma más de la naturaleza, inundando los sentidos con emociones que nos implican más con el entorno. En esos días ocurre una extraña magia: nos olvidarnos de que llevamos perfume y simplemente disfrutamos con la sensación de oler algo infinito que nos hace sentir mejor.

Carpe diem. Necesitamos no olvidarnos de que vivimos y que podemos hacer por ser felices. Porque a veces, en la vida, llegamos a olvidar que intentar ser felices es muy importante.

No es una obligación, no de la manera que la publicidad y la vida social parecen dictar. Pero sí es una necesidad. Así que buscar pequeñas cosas en el día a día que nos permitan disfrutar es una buena disciplina. A veces es una taza de café con una onza de chocolate, otras un libro estupendo o una película que nos libera. Así que no me cabe ninguna duda que darnos cuenta de que olemos bien y más aún, que nuestro perfume se funde con nuestra piel, es una sensación muy reconfortante.

Los olores despiertan nuestros sentidos y nos hacen sentir más vivos. El olfato es un sentido de alerta pero también permite el deleite. Disfrutar de buenos olores siempre ha sido saludable.

El ser humano es un ser propositivo y una de sus metas más importantes es minimizar el dolor. Cuestión de supervivencia. Tanto si es un producto de aromaterapia como si es fruto del sentido estético, el perfume tiene la capacidad de influir en nosotros. Así que usemos perfumes para sentirnos mejor y, estando más cómodos con nosotros y nuestras circunstancias, es mucho más probable que nuestros momentos cotidianos se conviertan en recuerdos bonitos.

Llevar un perfume y olvidar que lo llevas mientras sientes su aura es, paradójicamente, la sensación más deseable…hechizante incluso. Los perfumes que tienen un sillage bien construido suelen crear esa sensación casi en cualquier circunstancia o momento del año, casi. Cuestión de evaporación.

Esa cualidad del sillage sólido es poco frecuente, muy poco frecuente. Sin embargo es la más deseable, especialmente si el perfume tiene una afinidad total con nuestra piel, porque entonces podrá desplegarse de modo especial en cualquier parte del cuerpo que lo apliquemos. Es cierto que probar los perfumes en diferentes zonas del cuerpo es un ejercicio para estudiar matices pero los perfumes más frágiles también son menos versátiles.

Así pues, ¿cómo disfrutar más de nuestros perfumes? Saber elegir es una cosa, saber perfumarse otra. El modo de aplicación también cambia la percepción.

Todos tenemos nuestros rituales. Hay gente que adora ponerse su perfume diario tras la ducha de la mañana, otros sólo conciben vaporizar la fragancia una vez vestidos. Hay quien crea una nube y hay quien sólo pone un par de gotas tras el lóbulo de la oreja.

Perfumarse en la nuca permite percibir oleadas de perfume y sentir mejor la estela, además el cabello queda sutilmente impregnado con la fragancia. Aplicar unas gotas en las muñecas es una actitud más pragmática ya que alejamos el olor de nuestra nariz y sólo sentimos un rastro tenue de aroma.

Pero si se busca la plenitud del perfume y poder apreciar las distintas intensidades en cada faceta; si se desea sentirlo como algo fluído y natural a la vez que poderoso, entonces perfumarse en el hueco que forma la base del cuello entre las clavículas, en la escotadura supraesternal, es la mejor opción. Así podremos respirar a través del perfume como si estuviéramos oliendo la brisa perfumada en medio de la naturaleza.

Sabemos poco del cerebro, menos de lo que pensamos porque aún nos falta la capacidad para poner todo el conocimiento que brinda la (neuro)ciencia bajo un modelo coherente y después ser capaces de traducir eso en términos de comportamiento general. Pero os diré una cosa, infravaloramos la capacidad que brinda la imaginación y la fantasía como instrumento de conocimiento. Porque la imaginación y la memoria están íntimamente ligadas y, quienes estudian algo sobre los perfumes enseguida entienden esto ya que los olores no se memorizan aislados tal cual, sino asociados a algo. Ese algo crea un contexto que caracteriza el olor. Puede ser color, puede ser música, formas o un paisaje: no existe un patrón exclusivo.

La imaginación ayuda a recordar una experiencia sensorial del pasado pero también permite variar los elementos y combinarlos de nuevo. En perfumería eso es trabajar con el recuerdo del olor. ¿Cómo puede la gente creer que la imaginación es sólo ensueño y por tanto desligable de lo humano? No lo sé, quizás porque culturalmente no se favorece un uso holístico del cerebro. Rita Levi Montalcini decía que el futuro de la investigación en neurociencias estaba en comprender mejor el funcionamiento holístico, si renunciamos a comprender la imaginación como una capacidad más, renunciamos a ese futuro. Por favor, alimentemos la creatividad.

Ahora esperad un poco más antes de acabar esta lectura. Fijaros en el cuadro de Karl Bang Vuelo de Fantasía que encabeza esta entrada, ¿os parece que la pieza musical Birds de Kokin Gumi la ilustra? ¿Qué perfume podríamos añadir? Yo tengo claro el mío pero no quiero influir en vuestra percepción. Pensadlo y compartir vuestra idea si así lo deseáis o guardadla en vuestra mente si os parece mejor. Pero pensadlo.