La trampa de azúcar: Poison Girl Eau de Parfum de Dior.

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La manzana envenenada o la casita de caramelo de Hansel y Gretel son claras advertencias aprendidas en la infancia de que lo dulce puede esconder un trago amargo. También sabemos que el azúcar crea adicciones importantes y, en exceso, perjudica seriamente la salud pero su olor también es una trampa para los sentidos: los adormece. Atrae, como muchos otros olores gustativos, porque conecta con la infancia -cuando el sentido del gusto aún no está del todo desarrollado y el paladar no acepta bien los sabores amargos- atrayendo aún más porque regenera esa sensación de comodidad y seguridad, siendo para unos un refugio y un escudo para otros…¿y quién no quiere sentirse cómodo y a gusto consigo mismo?

Así que los perfumes dulces o, mejor dicho, los perfumes gustativos -porque los florales también son dulces-, que son un fenómeno moderno, siempre están en el punto de mira de la crítica señalados por su populismo y vanalidad. Hablar bien de un perfume así puede ser interpretado como pérdida de seriedad o de gusto.

Hacer crítica de perfume supone hablar de aquello que parece ejemplar -para bien o para mal-, de lo que resulta singular -por el atractivo que tiene o del que carece- y también, como no de aspectos más societales o incluso filosóficos porque la Filosofía no es elucubración sino que enseña a usar el conocimiento, igual que los cuentos infantiles avivan el instinto. El instinto y la capacidad para usar nuestros conocimientos siempre van a ser necesarios para el desarrollo humano, sea cual sea la sociedad y condiciones que nos toquen vivir y yo creo firmemente que afilar la nariz y educar en la comprensión de los olores ayuda a despertar y cultivar capacidades, incluidas las nubes de algodón, pues también tienen su momento en la vida.

Pero sin necesidad de convertirme en abanderada de lo dulce puedo decir una cosa válida para todos los casos: un perfume que en la primera impresión desvela todo su carácter y, aún así, sigue capturando tu atención es algo que no se huele todos los días, algo que habla de esmero técnico y mucha escuela, en definitiva, algo que habla de perfumería. No es nada fácil construir un perfume que pasadas las horas -cuando ya ciertos ingredientes se han evaporado y otros están a medio camino- siga oliendo casi como al principio, manteniendo carácter y atractivo. Esas características son cada día más únicas y especiales porque implican un modo y un ritmo de trabajo del que no todos los perfumistas disponen.

Poison Girl es un perfume tipo oriental vainilla de factura moderna en el que reverbera el clasicismo de un intenso corazón floral y un sólido sentido de la estructura, enriquecido con facetas populares de crema de caramelo y frutos rojos (frambuesa, cereza). Dulce o, más aún, realmente dulce, con efecto algodón de azúcar a la Pink Sugar de Aquolina pero con más arraigo, complejidad y sobriedad gracias a una hermosa y rosada rosa y a un fondo que acompaña el tofe de una faceta amaderada almendrada a base de sándalo y haba tonka.

No se puede decir que guarde muchas similitudes con el mítico Poison aunque en su intenso corazón floral mantiene elementos verdes y especiados -gracias a la rosa turca engarzada con la suavidad melosa de la rosa de Mayo- en los que parece haber una reminiscencia lejana. Es a Hypnotic Poison a lo que se acerca más gracias al sándalo, la almendra y la vainilla pero sin las notas comprometidas del primo hipnótico.

Poison Girl es una delicia de vainilla y rosas llena de contraste e intensidad. Un sabroso floral, un oriental amplificado con rosa, un gourmand dinámico en el que siempre puedes encontrar un nuevo matiz luminoso u oscuro, dulce o amargo, profundo o aéreo.

Lo interesante es que la faceta gourmand es compleja y está muy bien ligada; fluye por todo el perfume funcionando como un eje, aunque sea su base en el sentido más tradicional, y deja que la rosa respire. Lejos de que los aspectos palatables sean simples y lineales como ocurre con mucha frecuencia en este tipo de perfumes cargados de azúcar, ofrece brillo y dinamismo y ese es otro de sus puntos fuertes: una paradoja atractiva que genera energía. Lo dulce en perfumería se identifica con pasividad, regresión, lentitud, tranquilidad, ingenuidad pero aquí hay dinámica. Esa dinámica característica de muchos perfumes Dior y especialmente notable en Dior Addict, otro perfume con el que conecta a través de la vainilla, los bálsamos y el almizcle aunque Poison Girl no ruge tan agresivamente porque en el fondo mantiene un espíritu pink! y sigue siendo lo que era al principio, un perfume de rosas y azúcar.

Momento musical: Just like fire de P!nk

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La gentil brisa floral: Lavanda & Lavadín, algunos usos (2ªparte)

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He aquí flores para vos: la ardiente alhucema, menta, ajedrea, almoraduj; la caléndula, que se acuesta con el sol y, llorando, se levanta con él. Son flores del medio verano, y creo que se dan a los hombres de una edad media. ¡Sed muy bien venido! Diálogo entre Perdita y Florisel en Cuento de Invierno de W. Shakespeare.

Propia de un gabinete de maravillas o de un botiquín casero, la lavanda siempre ha sido muy versátil y su imagen integra diferentes tradiciones folklóricas y prácticas medicinales muy antiguas que nacían de pequeños cultivos locales, aquí y allá, hasta casi finales del s. XIX. Antes de que la II Revolución Industrial trajera consigo el desarrollo de la industria química, farmacéutica y perfumística y de que surgieran nuevas disciplinas -como la aromaterapia- paralelas al estudio de los aceites esenciales y sus efectos sobre el humor y la psyché; antes de ese momento, la lavanda era otra cosa y su esencia también.

Hasta entonces los cultivos de lavanda seguían el viejo adagio de “cultivar y sacar beneficio” a pequeña escala, no existía un cultivo sistemático con fines industriales en Francia. Había pequeñas plantaciones familiares que usaban semillas para obtener la planta -lo que hoy se conoce como lavanda fina- pero principalmente se recolectaba la lavanda silvestre que crecía en alta montaña. Que en un jardín doméstico creciera lavanda era algo bastante común, también que en cada casa destilaran su propio aceite por un método de destilación muy tradicional, con alambiques a fuego directo, en el que la planta entraba en contacto con el agua. Todo lo que rodeaba a la lavanda parecía tener un aire medieval.

Así era hasta finales del s.XIX cuando la firma Schimmel se interesó por mejorar la calidad y la productividad de la planta, comenzando a ensayar con la destilación al vapor -la estándar hoy en día-. El método no sólo era más rápido sino que además permitía obtener un aceite mucho más rico en acetato de linalilo. A partir de entonces, este componente que dota al aceite esencial de lavanda de propiedades antiinflamatorias y sedantes se convirtió en la clave para determinar la calidad de un aceite: a mayor porporción de acetato de linalilo, mejor calidad. Aún hoy es así en perfumería porque da a la esencia un tono general mucho más fino y afrutado.

Leopoldo Lamothe, habitante de la Drôme, fue un pionero en el desarrollo de los campos de cultivo de lavanda no poblacional o clonal -obtenida por esquejes-, con plantas que llevan la misma carga genética y, por tanto, tienen un aspecto muy homogéneo. Esos perfectos y bien organizados campos de color púrpura que hoy son una fotografía icónica de la Provenza son fruto de los muchos intentos por mejorar el cultivo de esta planta.

Lamothe dedicó su vida a investigar sobre cosas como ¿cuál podía ser la configuración de plantas más óptima?, pero también promovió las agrupaciones de productores para negociar mejor los precios con la industria lo que supuso el germen de una carrera productiva en Provenza entre pequeñas granjas y compañías de la industria del perfume de Grasse. El objetivo era conseguir una planta más fuerte y productiva, es decir, más económica. La presión aumentó cuando los perfumistas, tras la I Guerra Mundial, comenzaron a ser sus propios productores, consiguiendo así el control sobre todo el proceso de producción. Este fue un punto importante porque los precios de la lavanda eran realmente volátiles: durante décadas, hasta mediados del s.XX, la lavanda no hizo más que encarecerse, a veces, a un ritmo loco.

Esta carrera implicó muchas cosas. Algunas interesantes, como la mejora en la calidad de las esencias, pero otras no tanto. La cuestión es que el cultivo de lavanda casi muere de éxito.

Conseguir un mejor precio va muy ligado al rendimiento de la planta en el proceso de destilación; hubo entonces un fuerte interés por conseguir variedades de lavanda que produjeran más y estas plantas eran las variedades clonales y sobre todo el híbrido del lavandín. La consecuencia directa fue que muchos agricultores abandonaron o redujeron de forma significativa el cultivo de lavanda fina por medio de semillas seleccionadas y se recolectó menos de la silvestre porque el acceso era complicado.

Por un lado la producción de lavandas clonales -aún hoy la mayoría- se optimizó gracias a la agricultura intensiva con campos totalmente organizados en filas que permiten un mejor crecimiento de la planta. Por otro lado el lavandín adquirió protagonismo, pasó de ser un híbrido espontáneo a un cultivo muy rentable pues como planta híbrida resulta mucho más fuerte y resistente, con un olor más intenso, afilado incluso, y mucho mejor rendimiento en la destilación; su esencia no es tan rica en acetato de linalilo y esto en perfumería lo coloca en un escalón inferior, pero su uso se extendión en la industria del jabón y los perfumes de gama baja. En síntesis, durante el primer cuarto del siglo XX, se producía más aceite esencial, pero no mejor. La labor de recuperación de aquellas esencias de lavanda de alta calidad, silvestre o cultivada por semillas, hoy vuelve a ser una cuestión productores locales.

Desde la Antigüedad se conocían y usaban con fines medicinales diferentes variedades del género Lavandula, principalmente el espliego y la lavanda propiamente dicha. Aunque la familia de las lavandas es muy amplia, actualmente, junto con el lavandín, son tres las especies -con sus múltiples variedades- de las que se obtiene aceite esencial:

-La alhucema.
-El cantueso.
-La lavanda auténtica.

El lavandín (Lavandula angustifolia P Miller x L. latifolia Medikus) es un híbrido espontáneo verificado por la empresa Chiris de Grasse cuyo uso se extendió durante el s. XX pero en aromaterapia comenzó a cobrar interés a partir de los años 60, especialmente en el ámbito del deporte porque funciona muy bien para dolencias musculares. Pero como híbrido también es una variedad muy heterogénea, cuyas características finales son una combinación de las características parentales. A menudo se le atribuyen usos similares a los de la lavanda, pero en realidad depende del quimiotipo.

La planta es más grande que el espliego, de tallos leñosos y con flores que pueden variar del azul al gris. En la industria perfumística se usa a menudo para extraer linalol y acetato de linalilo. De aroma penetrante y fresco pero con un tono más medicinal, verde y acuoso que la lavanda, revela un dulzor al evaporar que puede fluctuar entre propiedades más energizantes o más tonificantes, según la variedad. Aquellas variedades más ricas en ésteres (más del 40%) son más calmantes y descongestivas; las que tienen un mayor nivel de cetonas son más tonificantes.

Hoy en día es el rey de los campos de Provenza y cuatro son las principales variedades cultivadas: la más popular y robusta llamada grosso es de peor calidad pero en torno al 70 % de los cultivos de lavandín son de este tipo. La variedad super es la que tiene un olor más parecido al de la lavanda fina, mientras que el resto de cosechas se divide entre la variedad de calidad superior llamada abrial y la sumian que es bastante cercana a la anterior.

En perfumería suele usarse la variedad abrial, que tiene un olor más complejo y de propiedades sedantes; ejemplos como Prelude to Love y A Taste of Heaven de Kilian dejan ver como entre su perfil verde y aromático surgen matices más ricos y melosos de fondo casi acaramelado al evaporar.

El espliego o alhucema (Lavandula spica o latifolia) es la lavanda típica de España y Portugal. La planta tiene hojas más anchas y rugosas que la lavanda auténtica, las flores están más comprimidas y tiene un color más grisáceo y mate.

Por ser rica en 1,8 cineol su olor es más alcanforado y acre, reminiscente del romero, pero este óxido aporta al aceite sus propiedades expectorantes y descongestivas del pulmón. Culpeper la recomendaba para espasmos, convulsiones y dolores de cabeza en caso de resfriado. El Oleum Spica era una fórmula popular que mezclaba un cuarto de aceite de espliego con un cuarto de vino o trementina para tratar rigidez muscular o articulaciones doloridas. Actualmente sigue usándose mucho para problemas musculares, reumatismos e incluso en veterinaria para desparasitar. También la industria de las fragancias funcionales usan este tipo de lavanda para jabones, ambientadores o productos de limpieza.

El cantueso (Lavandula stoechas) también llamado hierba de San Juan, Tomillo borriquero o -para mayor confusión- lavanda española o lavanda francesa porque es típica de la cuenca mediterránea; es una de las variedades más antiguas, con seis subespecies. Esta planta comparte suelo con la jara y su olor es bastante diferente al de otras lavandas. Rico en fenchona, alcanfor, 1,8 cineol.

En la Antigüedad era una planta muy apreciada para la limpieza: los romanos la usaban en sus baños y en el Herbarius Latinus se recomendaba para limpiar úlceras, abcesos y todo tipo de heridas. También fue usado como afrodisíaco mezclado con leche de cabra durante la Edad Media.

El cantueso florece desde principios de marzo hasta finales de junio y era habitual quemarlo en la hoguera de San Juan para alejar malos espíritus. En la Inglaterra del s. XVIII se le conocía como Sticadro y era ingrediente del infame Vinagre de los Cuatro Ladrones.

Una subespecie del cantueso es la Lavanda de Sevilla (Lavandula stoechas ssp.luiseri), diferente a las otras variedades porque apenas contiene cetonas y si trans-alfa-necrodol y acetato de lavandulilo. En aromaterapia aún es un aceite nuevo que se aplica principalmente para el cuidado de la piel por sus propiedades reafirmantes, y en perfumería por su olor cálido y complejo de tipo herbáceo pero con declinación afrutada (frambuesa, ciruela, pera), melosa y vinosa que complementa muy bien un acorde ámbar.

La lavanda auténtica (Lavandula angustifolia Mill o Lavandula vera D.C. o Lavandula officinalis Chaix) es una variedad de flores violáceas y hoja pequeña. Tanto el tallo como las hojas contienen aceite esencial pero lo que se destila es la flor fresca recogida con tiempo seco y sin viento para que contengan el mayor volumen de ésteres posible. Es un aceite rico en linalool (alcohol monoterpénico típico de todas las Laminaceae que tiene un efecto analgésico) y en acetato de linalilo (ester terpénico del linalool con propiedades antiinflamatorias y sedantes a nivel de sistema nervioso central).

Se recolecta y destila entre julio y agosto, siendo la cosecha de este último mes de menor valor pues produce un aceite menos rico en ésteres y más oscuro en color. Su olor es el clásico olor de lavanda: terso, difuso y fresco, con un tono herbáceo de acabado dulce, cierto carácter floral-frutal y fondo amaderado -en las variedades más finas puede tener sutiles matices cítricos-.

La famosa lavanda inglesa también es L. angustifolia solo que cultivada en distinto terreno. Sigue teniendo un olor de carácter aromático pero algo más delicado y cercano al de la bergamota.

Ya en la Edad Media algunos escritos como el Herbarius Latinus diferenciaban entre el cantueso, entonces llamado stoechas, y la lavanda auténtica que se usaba para cosas tan variadas como el dolor de corazón, el insomnio, la picadura de escorpión o la conservación del lino.

Complementa especialmente bien con aceites esenciales de otras hierbas aromáticas: junto a la menta no sólo forma un olor deliciosamente verde y vivaz sino que es un clásico remedio para el dolor de cabeza; puede unirse al incienso o la manzanilla y potenciar su efecto calmante para ayudar a dormir o al romero y ser más energizante. Pero tanto en aromaterapia como en perfumería el aceite de lavanda brinda la oportunidad de crear una mezcla más redonda y fluida, así que además de sus múltiples propiedades es también un útil recurso compositivo. En perfumería se usa también su absoluto que tiene un tono más oriental, porque el dulzor herbal declina en un matiz terso de tabaco y cumarina que recuerda al olor de los campos de lavanda bajo el sol del estío, algo que funciona muy bien en acordes ámbar.

En el acorde fougére es un ingrediente clave junto con el geranio y la cumarina, también en las recetas de Agua de Colonia tradicionales y todas las versiones de Agua de Lavanda (blanca, ambarada, inglesa, etc). Este tipo de fórmulas hoy en día se asocian sobre todo con la perfumería masculina pero es una nota muy versátil que forma parte de muchos perfumes, no pocos clásicos de Chanel, Guerlain o Lanvin la contienen: Nº22, Ma Sin, Shalimar, L´Heure Bleue, Nº5

Algunos perfumes a probar:

-Entre las aguas de lavanda están el clásico de Yardley y el de Penhaligon´s además del famoso Pour un Homme de Caron cuya estructura derivada del fougére renueva Kilian en A Taste of Heaven usando el tema de la absenta como punto de partida para trabajar el cotraste entre lavanda herbácea, fondo vainillado y toques amargos.

-Muchos de los perfumes de Jacques Guerlain llevaban notas aromáticas, la lavanda se aprecia en muchos unida a la bergamota y al romero en Jicky , Eau de Cocq y en Mouchoir de Monsieur.

Brin de Reglisse de Hermès explora las facetas más gourmand y almendradas en contraste con el regaliz trabajando una faceta más oriental de la lavanda igual que en Mon Parfum de Guerlain.

-Como complemento de un perfume ámbar aparece con su cara más austera en Ambre Précioux de Maître Parfumeur et Gantier.

-Además de las aguas de lavanda que evocan la vida al aire libre y la naturaleza, los perfumes de lavanda pueden tener un carácter más austero o meditativo al asociarlo con incienso como en Gris Clair y Encens et Lavande de Serge Lutens o evocar algo confortable y acogedor como Jersey de Chanel, un perfume de lavanda y almizcle de factura moderna pero que se inspira en la tradicional receta de las Aguas de Lavanda que incluían tintura de almizcle para la fijación y difusión.

-Finalmente Kiki de Vero Kern recorre todas las tonalidades de lavanda a base esencia y absoluto, siendo un perfume de lavanda muy fluido, sutilmente fresco y con un acabado casi casi sabroso.

 

Flip Flop review: Aqaba Classic de Miriam Mirani

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De aquellos perfumes de rosas gigantes de los 80´s Aqaba Classic (1998) tiene un aire. Entre recuerdos de Coco de Chanel, Opium y Paris de YSL y el posterior Asja de Fendi deja ver una rosa especiada, engarzada en incienso y patchoulí.

El modelo de inspiración es la rosa de Taif, una de esas rarezas cuya esencia escasea. Un tipo de rosa que a menudo se esboza en perfumería con una faceta especiada entre clavo y pimienta pronunciada; cierto que se parece en este aspecto a la damascena, que tantas veces se usa en sus recreaciones, pero la especialidad de Taif, igual que la de Grasse, tiene un algo…una ligereza, una luminosidad y una suavidad que la transforman en un olor particularmente calmante y gentil.

Es curioso como en Aqaba Classic se conjuga toda esa riqueza y saturación propia de los perfumes de décadas pasadas con ese brillo y ligereza aérea de la rosa que gravita y se expande desde el centro mismo del perfume. Es la característica más notable de esta composición la que causa admiración: esa rosa compleja, ligera, balsámica y especiada pero vivaz y fresca, femenina pero algo ingenua cuando llega a oler a melocotón, cuyo aroma produce un efecto de bienestar. Ese efecto de sentir a la vez la concentración y la relajación.

Sí, puede parecer una locura de perfume porque en él hay tantas notas y tantas referencias…pero milagrosamente encuentra el equilibrio y se desarrolla de un modo más ágil de lo esperado. Cumple la promesa de evocar la rosa de Taif, símbolo de las exquisitas rosas de Oriente, pero el perfume en conjunto es pura orientalia, una fantasía occidental que ilustra imágenes propias de un pasado idealizado a través de materiales exóticos usados en antiguas tradiciones sacras y, de fondo, la mítica figura de la Reina de Saba, inspiración última de Miriam Mirani. Así, entre los aldehídos y el pungente clavo surge un efecto ahumado: el olor del incienso consumiéndose, una imagen vívida y extraña para presentar un perfume. Las brasas se calman con la rosa, que refresca el corazón del perfume; la canela la acompaña y junto a ella casi llega a expresar el dulzor de una confitura de frutas, de hecho, una importante nota de melocotón acompaña a la flor durante un rato, hasta que el perfume cambia; la rosa se vuelve más coqueta y empolvada -recordando un poco a Paris de YSL-, se refresca y rejuvenece aún más con un toque de hojas de té y el apoyo del patchoulí que le aporta sombra y humedad. La base se va haciendo cada vez más familiar con almizcles que asoman pero aún es lo bastante rica como para mantener el carácter.

Aqaba Classic es un perfume de larga evolución y gran fijación, por no hablar de una importante proyección recomendable para quienes realmente aprecien el estilo de perfumes como Opium o Coco pero busquen algo un poco más luminoso y expansivo. También es un buen punto de partida para reflexionar sobre cómo el concepto de perfume nicho ha ido cambiando a lo largo de las décadas o, en un nivel más particular, cómo el estilo de Thierry Wasser ha evolucionado desde sus días en Firmenich cuando componía perfumes en la línea de Aqaba o Dior Addict hasta la actualidad trabajando para Guerlain en cosas como Oud Essentiel donde de nuevo aborda la orientalia centrada esta vez en la combinación oud-rosa, ahora más actual en el mercado occidental. Pero de verdad que lo mejor de todo es disfrutar del perfume, porque es de lo mejor en su estilo.

Momento musical: Nuits d´Espagne por Dalida, quien se dice que tenía Opium de YSL entre uno de sus favoritos.

Érase una vez un perfume: Oro de Roberto Cavalli.

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Ya casi había olvidado que tenía aquel libro cuando, el otro día, dispuesta a cumplir con mi hábito de releer, mi atención se dirigió a él. Allí estaba, un pequeño tomo de tapas blandas con una hoja señalada.

Es curioso como cosas olvidadas pueden volver a tu vida inesperadamente y obligarte a pensar en cosas que normalmente obvias: cómo eras, cómo has cambiado y como algunas cosas siguen siendo igual que antes. Allí, olvidado entre las páginas del libro estaba un secante que ya sólo huele a libro antiguo pero que con verlo, evocó un perfume. Estaba allí señalando una página con una cita subrayada:

¿Qué son “La Tempestad”, “Troilo y Cresida”, “Los gentiles hombres de Verona”, “Las alegres comadres de Windsor”, “El sueño de una noche de verano”, “El cuento de invierno”? Son la fantasía, son el arabesco. El arabesco en el arte es el mismo fenómeno que la vegetación en la Naturaleza. El arabesco nace, crece, se anuda, se exfolia, se multiplica, se vuelve verde, florece y atrapa en sus ramas todos los sueños. El arabesco es inconmensurable; tiene un inaudito poder de extensión y crecimiento; colma los horizontes y abre otros nuevos horizontes; intercepta los fondos luminosos por medio de innumerables cruces. Y, si mezcláis a este ramaje el rostro humano, obtendréis un conjunto vertiginoso; es una conmoción. Cita de Manifiesto romántico de Víctor Hugo.

Era el secante del primer perfume de Roberto Cavalli (2003), aquel de frasco estilizado y tonos plata coronado por una serpiente enrollada. Esta silueta estaba grabada en el papel y, aunque no conservaba nada de la fragancia, tampoco hacía falta. La impresión de aquel perfume aún la puedo evocar de memoria. Parecía al principio algo extraña e incluso disonante pero después era suave, afrutada y evolucionaba de un modo intrigante, con un sillage ligero y expansivo en el que se revelaban notas de cedro, almizcle y sándalo con un filo acuático. Aquel perfume era paradójico: seco pero jugoso, dulce y luminoso, con sutiles acentos de manzana fresca. Aún pienso que aquel perfume asumía ciertos riesgos y que, de alguna manera descendía de Feminité du Bois: cedro, frutas, canela…pero con un aire más juvenil.

Oro (2004) fue el capítulo siguiente, también firmado por Maurice Roucel; mismo frasco pero tonos dorados para una reinterpretación más lujosa y atemporal, pero también más caleidoscópica: puede leerse como un ámbar suave, cremoso y especiado; como un oriental amaderado con etéreo y afrutado sándalo o como un floriental en el que la glicina -esa flor que se debate entre miel, humo, pimienta y mandarina- y la freesia -apimentada y húmeda- son protagonistas, en clave delicada, sostenidas por suave vainilla, guayaco y un sutil toque meloso que redondea la base ámbar.

Sea como sea en conjunto Oro es un perfume deleitoso, con todo lo bueno y raro del primero pero más redondeado. Aquí se lee fácilmente esa nota de manzana crujiente y refrescante que a ratos juega con la faceta empolvada a traer recuerdos de la infancia, incluido un tímido recuerdo a manzana caramelizada. Esa faceta frutal está ahora más presente aún y se redondea con el dulzor voluptuoso del albaricoque y se contrasta con un frescor alimonado y floral de magnolia. Pero ninguna nota destaca encima de otra, todo está concatenado mediante matices y pequeños contrastes. Así que junto a la fruta, las especias: canela, pimienta y vainilla. El conjunto es sedoso, almizclado, cremoso, empolvado.

Ni Oro ni su antecesor siguen en producción. Sólo con paciencia pueden encontrarse en tiendas online pero catorce y trece años después siguen aportando un aura inconfundible.

La gentil brisa floral: Lavanda & Lavandín, una introducción (1ª Parte)

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Ramilletes prendidos de largos vestidos; alfombras olorosas sobre suelos de piedra, entretejidas sus flores violetas con las del romero, perfumando las iglesias y las casas señoriales durante el medievo. Varitas tejidas, junto al jarrón de la ventana, protegiendo la estancia de distintas plagas y trayendo ráfagas de brisa perfumada. Saquitos rellenos de flores para cuidar el lino y demás tejidos. Potpuorrí con hojas de rosa. Decocción para lavar la ropa y plancharla. Cojines de tela de damasco cuyo relleno perfuma una estancia o almohadas desprendiendo una fragancia que promueve el sueño con descanso. ¡Tantos usos de la lavanda!

Medicina, higiene y santidad. Hildegarda von Binden (1098-1179) contribuyó a crear un aura milagrosa alrededor de la lavanda con sus obras científicas Physica y Causi et Cure:

La lavanda es caliente y seca, ya que tiene un poco de savia. (…) Su olor clarifica los ojos, porque contiene en sí las vistudes de las especias más fuertes y de los olores más amargos. Por eso, también aleja muchísimas cosas malas y los espíritus salen aterrorizados por ella. Cita de Physica, Libro I, Cap XXXV.

Lineo por su parte ayudó, con su clasificación, a extender la confusión entre las variedades de lavanda al mencionarla en su Species Plantarum (1753). Mientras que la especulación de la industria en busca de variedades más resistentes, fragantes y económicas casi acaba con las plantaciones de la lavanda fina de Provenza.

Hablar de lavanda es, ante todo, hablar de lavandas. Y casi al mismo tiempo de la Lavanda, esa flor de color violeta tan alabada y a la vez de imagen tan dañada por la carga de costumbrismo que arrastra. La lavanda es vista con frecuencia como el símbolo de una elegancia muy chapada a la antigua. Perfume de damas y caballeros. De abuelas y reinas.

La popularidad del Agua de Lavanda acabó siendo su condena. Mientras la auténtica lavanda fina, de olor fresco pero sereno, podía dar un toque de distinción a cualquier composición de calidad, su económico sucedáneo y los sustitutos artificiales extendían la idea de que la lavanda tiene ese olor poco sutil y áspero, pungente, alcanforado y metálico.

Dejando de ser tan deseable su olor en los perfumes comerciales pero no tanto la inyección de frescor que aportaba a cualquier composición, se convirtió en sugerencia, en una pincelada fresca imbuida y confundida con otras notas cítricas y transparentes. Con el boom del dihidromircenol, un material rendidor, se conseguía ese toque suficientemente familiar de frescor transparente pero lo bastante abstracto como para no elicitar la palabra lavanda. Un clásico en la perfumería masculina, a menudo usado en sobredosis, desde el éxito de Cool Water de Davidoff hasta el reciente Sauvage de Dior , pero también presente en perfumes femeninos de éxito como Coco Mademoiselle de Chanel, dando un toque de clasicismo.

Y extendiendo paradojas, porque la lavanda ¿cómo se define? ¿ Como un olor dulce, floral, fresco y difusivo asociado a la intrasigencia de figuras despóticas? ¿Como una flor usada en la Edad Media para preservar la castidad o purificar el cuerpo y el espíritu mediante baños pero que mezclada con leche de cabra se transforma en elixir afrodisíaco? ¿Como una panacea?…Decir lavanda y pensar en honestidad, en aire puro, en estival claridad, en pulcritud pero también en fiera disciplina, gesto marcial y rancia tradición es todo uno…Hablar de lavanda no se puede olvidar que es hablar de lavandas.

Desde la Antigüedad diferentes variedades han sido empleadas con distintos fines medicinales -y por tanto higiénicos-. A menudo, los mismos autores clásicos son los primeros en atribuir esas variadas propiedades de la lavanda sin hacer dintinción de la variedad, cuando en la práctica unas funcionaban mejor para calmar los dolores, otras para curar heridas…y así nace la idea de que la lavanda es la panacea y lo cura todo.

La planta es muy útil a nivel medicinal y en la cultura popular siempre se ha usado para el insomnio, la agitación y la buena digestión. Como aceite esencial es indispensable en cualquier aromateca, por sus muchas propiedades y buena aceptación, pero como todo tiene sus límites.

Hoy en día los estudios científicos coinciden con ese creer popular de que la lavanda es buena para tratar el insomnio,la ansiedad, el estrés, los dolores musculares y articulares. En general, promueve la relajación, ayudando a que el humor sea más estable, a que haya más predisposición para la concentración y aumentando la calidad del sueño; aunque también se están investigando usos en áreas más específicas como la disminución de la agitación en personas con demencia o durante periodos postoperatorios para una mejor capacidad de afrontamiento el dolor ,esto es, de controlarlo.

Hablar de lavanda en aromaterapia es hacer referencia a la Lavandula angustifolia Mill, también llamada Lavandula officinalis Chaix o Lavandula vera-, una variedad cuyo perfil aromático está principalmente definido por contenidos mínimos aproximados de linalol (alcohol terpénico) del 35% y de acetato de linalilo (éster terpénico del linalol) en torno al 45% y no tanto por las notas alcanforadas. De hecho el acetato de linalilo es el ingrediente clave.

Los ésteres terpénicos, en general, tienen propiedades antiinflamatorias, antiespasmódicas y una acción sedante del sistema nervioso central. La bergamota también rica en acetato de linalilo, el Petit Grain y la manzanila romana y el lavandín super comparten propiedades calmantes con la lavanda, pudiendo funcionar como sustitutos de la misma.

Actualmente, la técnica de la cromatografía permite determinar el porcentaje de cada componente en un aceite esencial. Algo que no sólo es útil para tener un conocimiento más profundo de las esencias y sus propiedades sino también para poder determinar su calidad y procedencia pues la lavanda también es una cuestión de terroir y frecuentemente víctima de adulteraciones.

Junto con otras hierbas aromáticas es símbolo de la Provenza, donde fue introducida hace 2000 años por los romanos. Antes de la I Guerra Mundial su producción provenía de las plantas silvestres que crecen en los Alpes Marítimos de Francia y la vertiente italiana. Desde Cuneo hasta Barreme. Hoy en día destaca el Drôme provenzal, de límites difusos en el área prealpina.

Parry en su Enciclopedia de Materias Primas señala la división de la Lavandula angustifolia o vera en dos subgrupos:

1)Lavandula delphinensis que crece en regiones más altas y es más rica en ésteres.

2)Lavandula fragrans propia de alturas intermedias, que desarrolla un olor más penetrante. Ésta fácilmente hibrida con otra variedad llamada Lavandula latifolia o spica (alhucema,alfazema, espliego o lavanda portuguesa) , propia de zonas más llanas, y de esta combinación natural procede el lavandín que se cultiva a menor altitud.

La producción silvestre de la lavanda se basaba en la propagación de las semillas gracias a polinizadores como las abejas -que adoran la lavanda- o el propio viento que arrastra las semillas a otras áreas. De forma natural, las semillas de las distintas variedades de Lavandula vera germinaban entre los 600-1200 metros de altitud y radiaban hacia áreas inferiores donde se encontraba el espliego (Lavandula spica) dando lugar a una planta híbrida más resistente y fuerte en olor que conocemos como lavandín (Lavandula hybrida). Así, a distintas alturas se puede ver el cambio de variedad y también como, en determinado punto, lavanda, espliego y lavandín se encuentran.

La lavanda silvestre, cada día más escasa, se recoge a mano segando a hoz los pequeños macizos de la planta que crecen diseminados por el campo a más de 1000 metros de altura. Como planta silvestre que es tiene una apariencia mucho más sencilla, con una sola hoja y menos densidad floral por tallo que las variedades cultivadas, pero su olor en fresco es impresionante: ¡huele a vainilla! Para la destilación se recoge sólo la flor con tallo y el aceite resultante tiene un olor realmente fresco y suave, herbáceo cumarinado, profundo y ligeramente especiado.

De aire y sol en los trópicos: Absoluto de tiaré y Lys- Ylang.

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Es un hecho indiscutible que el olor de una flor tiene rasgos en común con el olor de otra flor, con eso la perfumería juega para crear y recrear aromas. Una característica de olor compartida por distintas flores puede ser un criterio de clasificación para agruparlas o un punto de partida para construir el perfil de un perfume monotemático o un gran bouquet, que se irán revistiendo y caracterizando a pinceladas. Sin embargo, en ocasiones, un material capaz de crear nuevos efectos puede llegar a convertirse en el protagonista del perfume, o casi. Dos ejemplos en el espectro de los olores exóticos son el absoluto de tiaré y el Lys-Ylang.

El absoluto de tiaré, como cabe esperar, no huele directamente a flor de tiaré (Gardenia tahitensis), pero tiene un perfil muy característico que concentra algunos rasgos clave de las flores tropicales: es difusivo, dulce, con un frescor húmedo y denso a la vez y está lleno de recuerdos de otras flores blancas. Su olor, con sus vagas referencias, evoluciona de forma laxa, desplegando lenta y suavemente sus matices; por eso va tan bien para recrear un aura tropical pero también puede complementar un perfume de fantasía más complejo o experimental.

Su olor resulta embriagador y calmante, casi podríamos describirlo como mesmeriano. Es exótico y solar con un recuerdo a vainilla y salicilatos, con una sutil faceta ambarada, pero acompañado de un frescor verde, cercano al del té verde, y húmedo como el de la lluvia en la jungla.

Es extraño como persiste y a la vez cambia delicadamente, haciendo pensar un momento en el jazmín, otro momento en la flor de naranjo y después en la gardenia y la tuberosa. Pero lo más destacable, sin duda, es la sensación final que transmite de cremosidad transparente -un auténtico oxímoron- como flores mantecosas flotando en dorada miel líquida.

Los bouquets de inspiración tropical como Elle L´Aime de Lolita Lempicka, Tiaré de Ormonde Jayne y Terracotta Le Parfum de Guerlain son el contexto esperable para esta nota. Pero a menudo se usa por estos efectos singulares de luminosidad, cremosidad, sutilidad, sedosidad, vaguedad e incluso porque puede crear una textura aterciopelada en otro tipo de perfumes. En Poudré du Riz de Huitieme Art interviene en un acorde tipo cosmético un poco diferente al esperable en el género. En Douce Amère de Serge Lutens se puede apreciar lo bien que combina el absoluto de tiaré con las notas verdes más extremas que llegan incluso a amargas: la cremosidad del tiaré compensa la faceta seca, amarga y amaderada que forman el acorde de absenta y el cedro.
Los cítricos son otro aliado de este material; así en Un Matin d´Orage EdT de Annick Goutal se alía con yuzu en un retrato de gardenia especial por su frescor suntuoso -oxímoron de nuevo- y en Escale aux Marquises de Dior es casi pleno protagonista de la composición acompañado de las notas cítricas de la naranja sanguina, el elemí y el limón.

Lys- Ylang es otra historia tropical, más típica pero de acabado moderno. El producto procede del gran árbol de la Cananga odorata var. genuina cuya flor conocemos por el nombre de ylang-ylang. Los destilados más tradicionales, como el absoluto y el aceite esencial en distintos grados, representan una de las notas más clásicas de la perfumería, un básico gracias a su tenaz y balsámico tono floral con recuerdos de tiaré, jazmín y azucena y su capacidad para crear un efecto difusivo, cremoso y especiado que por sí mismo puede sentirse como un perfume. Es la nota que late en el corazón de bouquets florales desde Quelques Fleurs de Houbigant al más abstracto Nº 5 de Chanel y Arpège de Lanvin, que llena perfumes orientales como Samsara o con la que se suelen recrear de notas de clavel y azucena.

Lys- Ylang es una destilación fraccionada a partir del aceite esencial de Ylang III, el que tiene el carácter más especiado, amaderado y ajazminado de todos los grados de destilación. La especialidad de Lys- Ylang mantiene esas mismas características: tienen una nota clara de jazmín y reminiscencias de frangipani junto con una faceta especiada empolvada que recuerda a las azucenas. Pero, al contrario que la nota clásica, presenta un olor más limpio, fresco y delicado en matices con un efecto incluso acuoso al principio pero que al evolucionar se torna lechoso y recuerda al monoi: la infusión de flor de tiaré y aceite de coco, en ocasiones incluso hace pensar en leche de coco. Es un olor poderoso.

Por su transparencia se usa para crear perfumes de flor blanca sin estridencias, ligeros y limpios pero con cuerpo y buena proyección como en Gardenia Petale de Van Cleef & Arpels donde se puede disfrutar del material a placer. Pero, como el clásico, puede funcionar en composiciones más complejas, porque sigue añadiendo una faceta especiada y un efecto difuso, delicado y a la vez rico. Memoir Woman de Amouage lo combina con cashmeran, tuberosa y absenta, mientras que en Rose Anonyme de Atelier Cologne complementa la rosa en su faceta especiada reminiscente de clavo.

Las referencias tropicales son un ámbito al que la perfumería actual parece inclinarse bastante. Ya sea con nuevos florales, frutales notas incandescentes, el frescor denso y verde de nuevos salicilatos o los aspectos lechosos que tanto intervienen hoy en los perfumes de carácter más solar para recrear a fondo una idea de ocio y estilo de vida vacacional. Es curioso observar como a lo largo de la historia los perfumes de carácter más exótico van cambiando su perfil, porque el exotismo es hasta cierto punto una construcción.

Laberinto Fu: ¿Necesitamos tanto?

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Hace 11 años MAC creo una colección de maquillaje en colaboración con Catherine Deneuve que estaba llena de neutros básicos y algún toque de color. Recuerdo una entrevista de ella por aquella época a propósito del maquillaje y cómo, en ese estilo a veces un poco retador que tiene para contestar, decía “las mujeres en realidad no necesitamos tantos productos”.

Es más que cierto, una vez has encontrado tu estilo de maquillaje, más o menos lo mantienes. Pequeños cambios de textura o color en un labial o una sombra porque te apetece cambiar un poco o porque tu producto favorito ha sido descatalogado… Las actrices son un gran ejemplo de eso: todos los grandes iconos del cine como Marilyn, Sofia Loren, Audrey Hepburn, la misma Catherine Deneuve y demás personas que queráis agregar a la lista han buscado un modo característico de maquillarse. Ha sido característico porque lo han mantenido.

Los principios suelen ser muy básicos porque se trata de definición de rasgos más que de color:

-Imagen de elegancia clásica: pómulos y línea de pestañas resaltados. Limpio y estrucutrado.
-Imagen sexy: labios en colores intenso o nude y pómulos más angulares.
-Imagen sensual: pómulo y párpado marcado ya sea por un eyeliner que por sombras aplicadas con acabado ahumado.

Esto no requiere una barbaridad de productos sino los adecuados. Hay un patrón y ligeras variaciones. Y con unas pocas cosas puedes hacer bastante.

Siendo una chica joven es lógico querer experimentar más y acabar comprando una sombra de ojos que, al final, rara vez vas a usar aunque te sigue haciendo ilusión tenerla por el color. Vale. Pero está aún mucho mejor encontrar tu estilo, tener buenos básicos que además te ayudan a ahorrar porque te centras en lo que vas a usar. Si puedes y te gusta también puedes tener algo más especial -una edición limitada, un color atrevido, algo más lujoso- para ocasiones singulares. Yo con los años lo veo cada día más claro: realmente no necesitamos tanto.

Cada cual tendrá sus básicos favoritos. Para mi son Terracotta de Guerlain y el Warm Soul Mineralize Blush de MAC, desde el primer día que los compré hasta hoy. Y confieso que aún me atrevo a jugar un poco con los labiales, si bien mi tono básico es un rosa empolvado al estilo Brown de Bobbi Brown. Pero si tuviera que ser más práctica y esencialista a la hora de enumerar mis básicos, señalaría los siguientes:

a) Ojos: un buen producto delineador, porque es lo que realza la mirada y con lo que las mujeres muchas veces podemos jugar para expresar algo sin excesos usando una línea más clásica, más felina, más oriental, etc.

Cuando puedo esmerarme y busco un acabado más pulido prefiero un delineador líquido o casi… no es la fórmula más popular ni la más fácil de usar pero es con la que más cómoda me siento yo. Guerlain tiene uno cuyo pincel permite mucha precisión y la fórmula tiene una consistencia ideal pero lo que más me gusta de verdad es el delineador en pastilla que se activa pasando un pincel humedecido en agua y así regulas la consistencia a tu gusto. Este tipo de producto es un clásico pero aún destaca porque mantiene muy bien la intensidad del color a lo largo del día y no se transfiere. Son difíciles de encontrar pero creo que los más conocidos son los de Kryolan y La Ligne de Chanel -que no en todos los lugares se comercializa-.

b) Labios y pómulos: un bálsamo cremoso que sirva para avivar labios y mejillas en el color más favorecedor que se pueda encontrar porque con ese toque de color y una buena textura en el producto se consigue un aspecto saludable rápidamente. Bobbi Brown tiene un surtido de colores muy amplio, Becca además de amplio es muy acertado en sus tonos. Maybelline Baby Lips y Dr Paw Paw Lip Balm son las opciones económicas y aunque con pocos colores, funcionan bien.

c) Piel: un corrector cremoso y que mezcle bien con la piel para ojeras y demás imperfecciones. Aquí puede haber cientos de opciones. Si alguien ha encontrado el corrector perfecto por favor que lo diga, yo mientras sigo usando el Moisturecover Concealer de MAC.

No pretendo hablar de productos milagrosos que todo el mundo debería tener. Quien haya seguido las entradas de Laberinto Fu sabe que nombro pocas cosas y la mayoría de las veces las mismas (las mías): Mac, Guerlain, MUFE, etc porque para mi si algo funciona lo mantengo años y años. No experimento probando cientos de cosas, como ya decía al principio, en realidad no necesitamos tanto. Y sinceramente prefiero mantener mis estándares porque así controlo mejor mi presupuesto, ya que sé lo que voy a gastar en esto o aquello cuando se acaba. Esa es mi filosofía actual pero a ella llegué después de experimentar con diferentes colores y productos; mi mente cambió en el momento en que empecé a encontrar mi paleta de colores ideal o lo que, en mi opinión, más me favorecía y más fácil de resultaba de usar. Supongo que también es un proceso para otras personas.

Lirio de los valles y flor de naranjo para este mayo.

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Mayo puede ser el mejor momento para llevar esos florales más suaves y sencillos de nuestra colección; tan sólo ribeteados de verde, de musgo o de algodonoso almizcle se despliegan con naturalidad y acompañan la brisa primaveral. Estos son mis favoritos:

Muguet Blanc de Van Cleef & Arpels. Hay muchos perfumes de lirio de los valles realmente bonitos, muchos de ellos ponen el acento en el verdor, así se muestran frescos y crujientes. Este perfume de Van Cleef & Arpels no se aleja de esa idea pero tiene la peculiaridad de mostrar los distintos matices del muguet acompañados de una textura cristalina que lo hace realmente especial. Como Murmure sigo sin entender por qué lo retiraron. ¿Alguien más recuerda aquel perfume llamado Murmure?

Le Chèvrefeuille de Annick Goutal. La gente comenta a menudo como este perfume hace pensar en el té helado al limón y es cierto que en verano muestra más ese aspecto, pero en el templado mayo es cuando mejor se aprecia su filo anaranjado reminiscente de flor de naranjo y el verdor que aporta el toque de narciso en este perfume.

Narciso Rodriguez for Her. A veces prefiero un perfume que insinúe las tonalidades de flor de naranjo que oir la conocida melodía directamente, si además se le une la indulgencia de un almizcle ambarado ¿qué más se puede pedir?

Momento musical: Celtica de Emma Shapplin.

Flip Flop review: Versace pour Femme Oud Oriental.

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Al más puro estilo perfume de diseñador Oud Oriental (2013) está hecho para gustar y ser llevado por el mayor número de gente posible. Como tal, no es un perfume de oud propiamente dicho, sólo algo reminiscente del acabado seco, amaderado y ligeramente ambarado que los perfumes occidentales inspirados en el oud suelen exhibir. Es la faceta más popular del oud en el mercado generalista lo que aquí se plasma con el singular efecto añadido de frutos secos que algunos acordes de oud muestran por intervención del patchoulí.

Unido a esa faceta oud por aproximación basada en el mínimo común denominador, encontramos lo esperable para completar el cuadro: rosa y sándalo, pero la rosa y el sándalo más etéreos que se puedan imaginar, junto a una vainilla blanca, translúcida incluso, y vagos recuerdos de almíbar. Oud Oriental se nutre más del glamour que evoca la palabra Versace y la moda por las maderas desestructuradas que de ese tradicional y precioso material que es el oud.

Este perfume es como un fragmento de perfume oriental más que una historia completa, pero lleno de pinceladas de distintos colores, agradables de por si pero que en global no termninan de formar un conjunto característico. Pinceladas que insinúan azafrán unido a un vago efluvio coriáceo, el toque refrescante de las violetas junto a sombras de verde acuoso y especiado que insinúan melón y pimienta, aportando el punto de contraste necesario para que el perfume tenga cierta sustancia.

Queda claro rápidamente que sin que aumente mucho la complejidad del perfume, lo que no van a faltar son las referencias a esto y aquello, pero todo está muy diluido. Y para completar la paleta de lo super agradable y fácil de llevar, una envoltura de heliotropo tímidamente anisado reforzando esa textura glaseada del perfume que ayuda aún más a difuminar notas y aumentar ese efecto de cosa inconcreta y lejana.

Las alusiones a las ricas especias, exóticas resinas y preciosas maderas que en las antiguas rutas comerciales se transportaban como tesoros, toda esa suntuosidad, Oud Oriental la concreta en su frasco dorado. El jugo, sin el repiquetear frutal ni el brillo ajazminado, es como un Lady Million a la oriental: etéreo, laxo e inmaterial mientras muestra un poco de todo aquello que gusta fácilmente, los matices afrutados, lo lechoso del sándalo y el almizcle, la vainilla, el contraste del frescor especiado y, acompañando ese fondo amaderado y radiante, algo ligeramente medicinal para que no se diga que no se intentó darle un toque de algo…

Si es que se le puede considerar un perfume de oud, es un oud muy fácil de llevar. Un jugo pop e incluso bonito para las chicas jóvenes que intentan distinguirse un poco de su grupo y dejar atrás la marea de florales frutales que se siguen ofreciendo sin piedad.

Clásicos para una novia: Aldehídicos florales.

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* Claudette Colbert en Sucedió una noche.

Todo lo que rodea a una boda es como de locura. Tantos detalles que tener en cuenta y tanto dinero dedicado al evento, da como vértigo. Muchas mujeres desean simplificar en lo máximo posible y el perfume puede ser una de esas cosas. Unas deciden usar el que llevan siempre, el de toda la vida, porque eso ya es una seguridad. Otras desean buscar algo especial -mejor dicho, diferente, porque el perfume de toda la vida también se vive como especial- para acompañar la ocasión y recordar el momento a través de ese perfume. En mi opinión, si se elije esta opción, la tarea es mejor emprenderla con bastante tiempo de antelación, como la búsqueda del vestido.

Dicho esto, seguramente haya tantos perfumes perfectos para boda como novias, cada cual tiene derecho a soñar con algo especial para sí misma. Habrá quien guste de florales etéreos como Hiris de Hermès, quien acuda al tradicional azahar y no se complique eligiendo el bonito y brillante Elie Saab -¿acaso no es ideal?-, o prefiera la versión elegante de APOM pour Femme también de Francis Kurkdjian o algo un poco más edgy como Fleurs d´Oranger de Serge Lutens. Habrá quien desee un bouquet de flores brillantes y delicadas más sólido como Bulgari pour Femme (el nuevo Iris D´Or en la colección Splendida es muy, muy, muy similar) o piense en un estilo más perfumado y busque un chipre como Cristalle de Chanel o Mito de Vero Kern. O rosas o algo limpio como un almizcle blanco o incluso algo sencillo y fresco como un aroma cítrico de calidad. ¿Por qué no? La cuestión es ¿qué es lo que realmente quieres tú?

A mi los aldehídicos florales me parecen ideales o quizás debiera hablar con más propiedad y decir que encajan con mi ideal. Cierto que la gente los ve muy de otra época, en general, pero hay distintas opciones y, para quien se preocupe por las modas, este grupo de perfumes parece que tiene un pequeño revival en el momento actual. Sin duda son complejos pero sobre todo presentan un acabado muy sofisticado y elegante. Con toque romántico y sensual incluido porque también es importante. Pero lo más bonito es que transmiten una sensación limpia, diáfana incluso y a la vez muy femenina que acompaña bien un vestido de larga,larga cola y precioso velo.

No todos resultan ideales para una boda de verano, suelen funcionar mejor en un clima frío o templado. Yo los veo particularmente primaverales no sólo porque puedan tener en muchas ocasiones un acabado húmedo, jabonoso y refrescante o por los matices verdes asociados al lirio de los valles que resultan tan característicos del género sino, sobre todo, porque algunos parecen traer el olor de las flores florecientes. Y esa es una bella sensación. Así que ahí van algunos ricos perfumes aldehídicos florales en los que pensar:

-Lo primero es lo primero, así que digamos Chamade de Guerlain. Se me antoja el más representativo de este grupo de perfumes cuando se piensa en un perfume de novia. Para quienes admiraron el antiguo Arpége de Lanvin o para quienes busquen algo definitivamente retro, cuajado del fresco verdor primaveral del jacinto y envuelto en un manto balsámico típicamente guerlinesco. Ultra romántico. Guerlain tiene otro aldehídico floral mucho más sobrio pero también más atemporal, y bastante cercano al Nº 5, que es Liú.

First EdP de Van Cleef & Arpels es una gran opción si se quiere un poco de glamour y brillo porque deja una estela dorada y jabonosa aderezada con un jazmín clásico y suntuoso a la vez. Un plus es que se encuentra con facilidad y con un precio majo.

Nº22 de Chanel. Más que perfecto por su clasicismo y equilibrio: un efecto champagne delicioso hace brillar las flores mientras la nota de incienso -pronunciada en el extracto- lo hace profundo y sereno.

Dia de Amouage. En teoría la versión suave de Gold Woman, pero en realidad, tiene su propio carácter. Juvenil, afrutado y tierno, con delicadas notas de rosa e incienso. Recuerda un poco a Caléche.

Iris Poudre de Frederic Malle. Está en la estela del Nº 22. No es tan jabonoso como el de Chanel pero desprende pulcritud. La estrella es el iris, con acento especiado de clavel y base de vetiver. Para quienes admiren Calandre de Paco Rabanne pero quieran algo más nostálgico y complejo en acentos, es una opción a considerar.

Fleurs de Rocaille de Caron. Generoso como suelen ser los perfumes Caron, éste es un aldehídico de acentos verdes, melosos y con el típico efecto de humedad jabonosa bien marcado -no confundir con Fleur de Rocialle porque sin la “s” es otra cosa-.

Izia de Sisley como alternativa fresca y quizás más veraniega de un aldehídico. Esta es una feliz rosa rosa acompañada de notas cítricas y cedro. Chispeante.

– Y finalmente, si hay alguien que lo atesore o lo encuentre en outlets que no lo deje pasar porque Sicily de D&G reúne toda la buena armonía de un clásico aldehídico pero con un estilo moderno que es a la vez suave, etéreo y evocador. Muy femenino.