Ni tan dulce, ni tan fiera: Rose Muskissime de Maitre Parfumeur et Gantier

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La joven podía consentir muy bien en ser la hija de un corsario, pero de ningún modo estaba dispuesta a ser presa de ninguno de ellos. De niña había sido bondadosa; de joven era despiadada. “No -se decía así misma-; ellos son quienes serán mis víctimas” . De todas formas, la desusada admiración, la nueva defensiva y ofensiva, trajeron inquietud a los primeros años juveniles. Y como aquí lo que se está escribiendo y leyendo es la historia de Malli, uno es libre de imaginar que, de alargarla más, se habría convertido en lo que los franceses llaman une lionne, una leona. En la historia misma, no es más que un cachorro de león, un poco cachorro en sus movimientos y, hasta el último capítulo, insegura a la hora de calcular su propia fuerza. Tempestades en “Anécdotas del destino” de Karen Blixen.

Cuando la perfumería nicho se cernía a la idea de la mínima distribución y la oferta alternativa, sus perfumes tendían a buscar la singularidad con acabados más artesanales o con perfumes monotemáticos o con notas realmente particulares, o simplemente seguían un estilo tradicional con buena claridad en todas las facetas. Diferentes marcas, diferentes catálogos y acabados, sin duda, pero varias de estas firmas nicho que hoy son bien conocidas comenzaron en Paris con pequeñas tiendas de cierto aire bohemio chic. Diptyque fue pionero, luego L´Artisan Parfumeur, Annick Goutal, Maître Parfumeur et Gantier…aquello era el equivalente al slow food de ahora, salvando las distancias.

De estas firmas pioneras seguramente Maître Parfumeur et Gantier es la que ha mantenido un tono más conservador en sus perfumes, que no buscan ser el colmo de la originalidad pero si del rigor y la discreción. Realmente son composiciones de acabado casi cartesiano, sin muchas concesiones pese a bautizar sus perfumes con nombres caprichosos.

Rose Muskissime (1989) , siguiendo la tradición iniciada con Amazone de Hermès de emparejar rosa y notas frutales en un acorde serio apoyándose en absoluto de brote de grosella, tiene -pese al superlativo en su apellido- un carácter más intimista que la portentosa Amazone. Es, con todo, una rosa persistente gracias a la presencia de rosa de Marruecos y de Turquía.

De ambos tipos de rosas se pueden apreciar rasgos: ahí está ese olor afrutado, como de vino de moras, que es un aspecto revelador de la presencia de rosa damascena y que aquí, lejos de disimularse, se adorna y realza, para enmarcar un acorde de rosa roja y ámbar suave; pero también por otro lado se aprecia el tono más amaderado y meloso de la rosa centifolia que crea un efecto más profundo e incluso pesado. Juntas forman el corazón de este perfume intensamente rosado pero de poca proyección y que, paulatinamente, va dejando ver un fondo discreto de almizcle ambarado en el que de nuevo se puede apreciar ese rastro a moras que también puede ser característico de los acordes de ámbar gris.

Ese equilibrio entre la tenacidad de la rosa y la sutilidad ambarada dan un aire juvenil al perfume en general, pero lo más juvenil y chispeante es la salida, un auténtico festival de color y sabor en el que se distinguen varias notas frutales. El absoluto de brote de grosella es clave aquí, aporta ese peculiar contraste entre dulzor licoroso y acidez verde bastante aguda y junto a él se aprecia el tono exótico lactónico del mango, recuerdos de bayas y una juguetona nota de cereza.

En nuestros días, las notas frutales han acabado por tener mala fama: ubicuas, simplificadas pero empalagosas y tremendamente comerciales. Lo cierto, es que son matices que siempre han podido surgir en los perfumes de calidad porque los propios ingredientes naturales contienen estos matices, que luego se pueden trabajar hasta crear un efecto de fruta madura que no todo el mundo podrá llevar, se pueden suavizar hasta tonalidades más pastel más fáciles de apreciar o hacerlas brillar con colores casi chillones. Bien trabajadas pueden tener un gran atractivo y resultan reconfortantes, sin olvidar de su afinidad con el olor de la piel.

Rose Muskissime pese a su colorida salida es básicamente una rosa roja. Ni tan intensamente floral como Ce Soir ou Jamais de Annick Goutal, ni de una calidez tan encendida por especias como La Fille de Berlin de Serge Lutens sino una rosa afrutada y compacta que revive con esa nota de vino de moras un aspecto afrutado muy clásico de los perfumes de rosa y ámbar.

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Una narrativa: Soir d´Orient de Sisley.

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Una narración es, a fin y al cabo, lo que un lector concreto entiende que es, porque leer significa implicarse con la mente. En este sentido la olfacción puede equipararse a la lectura y tendríamos que decir que un olor será lo que la persona entienda que es según su experiencia y conocimientos pero añadiendo algo más: el esfuerzo consciente de poner nombre a las cosas y de cultivar la objetividad para poder desarrollar un criterio más allá del “me gusta” o “no me gusta” .

Nunca es un ejercicio fácil intentar cultivar la objetividad y tampoco es baladí, de hecho es una ardua pero importante tarea que combate el embrutecimiento y tal como va la sociedad dominada por el impacto emocional y la búsqueda incesante de estímulos, esforzarse por ser más objetivo representa un gesto cívico. Curiosamente en el proceso de buscar la objetividad hay que alimentar la propia identidad, conocerse mejor, a la vez que querer conocer la alteridad.

Así que si hay algo realmente bueno que yo resaltaría en la disciplina de educar el olfato es precisamente la posibilidad de dejar de lado el mundo de las generalidades más superficiales para entrar en uno más personal en el que el olor reclama la atención consciente elicitando ideas que hay que intentar expresar con las palabras más adecuadas: buena gimnasia para la mente, especialmente para mejorar el control de impulsos. Igual que en una narrativa los elementos van surgiendo a lo largo del texto, sembrados aquí y allá, y nosotros al leer debemos ir encontrado la relación, especialmente en las historias de aire oriental donde las cosas son más indirectas, intrincadas, laberínticas y profusas en detalles, exigiendo una mayor participación durante la lectura.

Al probar un perfume el aspecto narrativo es muy importante, pero aclaremos que lo narrativo no es algo añadido -no es el marketing publicitario que rodea al perfume- sino la fragancia en si misma y su capacidad para despertar la imaginación. Y la imaginación se puede despertar porque todos tenemos una base de datos con la que jugar que incluye la memoria olfativa y también una capacidad de respuesta instintiva ante determinados olores. Tiene mucho que ver con la fantasía, sino todo, así que, al final, un perfume es lo que una persona concreta entiende que es.

Pongamos un ejemplo con el que es fácil comprobar la importancia de cultivar la objetividad. Soir d´Orient de Sisley brinda esta oportunidad por dos razones: por un lado se ha construido partiendo de otro perfume anterior, pero por otro lado al ser un jugo rico en matices y de perfil muy característico es mucho más fácil de comparar que si solo fuera otra insulsa fragancia más.

La primera impresión al oler Soir d´Orient fácilmente se puede resumir así: “Eau de Soir a la oriental” o afinando un poco más “como Eau de Soir y algo más”. Esta segunda expresión es mucho más auténtica y fiel a la experiencia incial, mientras que la primera es un elaboración posterior pero algunas personas ya asumirían esta frase como la última palabra a decir, una especie de último juicio y también una clara declaración de que no van a poner más interés en seguir indagando en el olor.

El propio frasco ya indica por donde van las cosas: con Soir d´Orient la idea fue crear una variación a partir de ese clásico chipre floral basado en flor de naranjo y seringa que es Eau de Soir. Lo interesante es olerlos juntos y atender a las diferencias intentando concretar que es ese “algo más”.

Ese algo más parece tener un sabor más oriental, se presenta más oscuro y sinuoso, pero no llega a ser totalmente oriental porque, en el fondo, conserva una estructura chypré. Es interesante pensar que entre la familia de perfumes chipre y la de perfumes orientales hay un espacio, una especie de tierra de nadie, que permite muchas posibilidades. Un área que siempre da pie a renovaciones en el campo de la perfumería, desde Shalimar hasta La Petit Robe Noir de Guerlain pasado por Aromatics Elixir de Clinique o Portrait of a Lady de Frederic Malle…todo girando en torno al ámbar y sus declinaciones.

Así pues, dejando la impresión rápida y fácil atrás y sumergiéndonos mejor en las propias sensaciones podemos apreciar que en Soir d´Orient la oscuridad rica y envolvente está saturada de acentos especiados y tonalidades amaderadas y balsámicas que fluctúan con serenidad alrededor de un corazón floral de rosa turca -esa rosa más especiada y angular- refrescada con geranio. Tiene el embrujo de una rosa negra.

Sin duda, la calidad de la faceta especiada destaca por su buena definición. Basada en el contraste del cálido azafrán y la más refrescante pimienta negra, esta faceta va más allá de lo que normalmente encontramos en un perfume especiado, es rica e intensa -al estilo de los perfume Amouage- y marca mucho el carácter del perfume. De hecho, sin esa prominencia de especias Soir d´Orient podría parecer como otro perfume occidental inspirado en la tradición árabe estilo Midnight Oud de Juliet Has a GUn o Aoud Queen Roses de Montale: propuestas con un sabor más neto y literal. Sí, todo hay que decirlo, Soir d´Orient juega con esa idea e incluso a veces parece surgir una nota de oudh en el perfume. Siempre esa sensación de “algo más”

Algo más como el incienso susurrante unido al azafrán creando juntos una sensación final de cuero y el patchoulí, con su característica profundidad húmeda y amaderada a la vez, que tanto puede reforzar el acorde oudh como rememorar la tradición de un chipre animalístico, aunque el perfume no llega a ese extremo en ocasiones se insinúa. Así, mientras por un lado tenemos una rosa a la árabe, por otro disfrutamos del refinamiento de una rosa chyprée pero, el cuero, en este caso seco y con ese punto oscuro y amargo, parece el tema último del perfume. Al menos determina una trayectoria que podríamos describir como de boomerang, porque tras todo ese trayecto por parajes exóticos de rosas, especias, incienso, y maderas preciosas volvemos al territorio más clásico y reservado de los perfumes chipre, donde el cuero jugaba un rol casi tan importante como el musgo. Así, aunque Soir d´Orient está construido evidenciando su época con un acabado más limpio y ligero, proyecta una sensación de gravitas de la que carecen un gran número de perfumes hoy en día que lleva a la mente a pensar continuamente y algo más.

Momento musical: Lovely Spring interpretada por el maestro del duduk Djivan Gasparyan.

La flor incidental: Nuit de Tubereuse de L´Artisan Parfumeur.

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*Folies Bergère de Richard Burlet.

La tuberosa tiende a ser caprichosa, necesita rodearse de amigos para mostrar su buen talante en un perfume. Al menos así sucede cuando se usa el ingrediente natural, pues su absoluto tiene tal contraste de sensaciones que fácilmente declina en estridencia. No es un material dócil ni sutil y, puesto que su precio además resulta elevado, en muchos perfumes se opta por reconstruir la nota con otros ingredientes no necesariamente sintéticos siempre pero si menos rebeldes.

Opulento y oscuro a la vez, su absoluto recorre una amplia gama de matices desde el goloso chocolate blanco o el coco, pasando por multitud de recuerdos de otras flores blancas hasta la menta y el alcanfor; pero esta extensión de tonos no se corresponde con una versatilidad de conducta a la hora de mezclar con otros ingredientes -al contrario que el jazmín al que en su olor recuerda- sino con algo más cercano a la arrogancia: “o estoy con los míos y entonces me comporto o avasallo al resto” parece ir diciendo. Así se las gasta esta flor.

Por eso, el perfil más típico en los perfumes es el de una tuberosa rodeada de otras flores blancas con las que tiene tantos rasgos en común o en un contexto exótico al que se adapta bien gracias a la rica cremosidad solar que debe a lactones y salicilatos. Pero tiene otros rasgos más vegetales y radiculares que son menos populares, que contribuyen a matizar un perfume pero difícilmente se desarrollan como tema central. Nuit de Tubereuse no constituye la excepción a esta regla, no exactamente, pero si una tentativa interesante. Básicamente es un perfume especiado en cuyos matices reverbera suavemente la sensualidad de la tuberosa.

Cierto que con el calor estival este perfume es como un fuego fatuo: se revela intensamente tropical pero rápidamente se apaga. Es en el más tibio clima de la primavera cuando florece, dejando ver un verdor exótico y lleno de delicadas sensaciones frutales entre notas amaderadas y terpénicas que esbozan el característico olor del mango junto a otros matices vegetales más tenues. Lo especiado domina siempre el perfil del perfume pero con la evolución más lenta y pausada permite apreciar mejor que Nuit de Tubereuse es el diálogo de dos aliados: la pimienta rosa y la tuberosa, donde esta última permite que su amiga se luzca.

Bertrand Duchaufour, el autor del perfume, suele optar por esta técnica de crear armonía uniendo las facetas menos evidentes de los ingredientes principales hasta convertir lo esquivo en tema central; una técnica que ha ido refinando hasta conseguir acabados muy sofisticados que no todo el mundo entiende como tal. Así que quien se acerque a este perfume esperando un floral al uso puede que se quede sin palabras porque el perfume nunca llega a ser totalmente floral, en todo caso, incidentalmente floral.

Las facetas en común sobre las que está construido el perfume son el efecto cremoso por un lado y el frescor especiado que recuerda a la angélica por el otro. Ambas engloban en sí un contraste de texturas y son características tanto de la tuberosa como de la pimienta rosa.

La evolución misma del perfume refleja el carácter contrastado de la especia, auténtica protagonista del perfume. Nuit de Tubereuse es en la salida afrutado y dorado, a ratos muestra algo más profundo, dulce y cremoso y, paulatinamente, va revelando un fondo seco y amaderado ligeramente pinoso, resinoso y medicinal. Ese es el perfil general, un perfil de pimienta rosa. En el camino surge el verdor tropical y ese matiz anisado que recuerda al hinojo o a la angélica y esa cremosidad propia de la flor blanca que resulta tan deliciosa. Así, mientras el perfume fluctúa entre lo fresco y lo radiante, entre lo cremoso y lo verde, dejando que a veces luzca una luminosidad alimonada que recuerda a las magnolias o una melosidad propia de la flor de naranjo o la aguda efervescencia de la madreselva, el olor típico y esperable de perfume de tuberosa nunca se deja ver por completo. Sólo de forma ocasional, con pequeñas pinceladas, manifiesta partes de su complejo carácter.

Paradójicamente, siendo sólo floral de forma secundaria, puede recordar -a mi me recuerda mucho- al floral super especiado que era la versión vintage de Jardins de Bagatelle, aquel perfume en el que rosa y pimienta formaban una parte importante del acorde de flores blancas. Y si recordamos que Nuit de Tubereuse fue presentado en principio como un perfume evocativo de las noches parisinas, la ecuación cuadra, porque aquel retrato femenino dotado de cierta mundanería positiva que era el clásico perfume de Guerlain sigue estando presente en el de L´Artisan Parfumeur aunque como un rasgo mucho más sutil, moderno y cool.

Momento musical: Goodnight moon de Shivaree.

Día de San Patricio


*Mystical de Josephine Wall.

Algunas cosas para hacer:

Volver a soplar un diente de león creyendo en el deseo. Darse un atracón de nubes pero disfrutando con deleite. Releer La Historia de Genji . Hornear pancitos acaramelados. No dejar de escuchar música por San Patricio, más aún bailar alguna giga el Día de San Patricio.

Flip Flop review: Snob Le Galion.

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En la resurgida marca Le Galion los perfumes femeninos son de halo suave y elegante. Todos tienen impreso este sello de estilo más bien conservador por el cual los riesgos han sido eliminados pero Snob es seguramente el más ejemplar de la colección porque huele a caro, más concretamente, huele caro y tradicional, siguiendo muy de lejos la estela de Joy de Patou pero sin la pungencia narcótica ni la intrincada complejidad de un perfume de antaño.

Cierto que el acorde floral tiene ese clásico regusto rico del jazmín adornado por la rosa pero sin estridencias. Lo que predomina por encima de todo es una suave flor blanca delicadamente afrutada y ligeramente especiada con azafrán. Esto del azafrán contribuye a perfilar una faceta lechosa de corte moderno en la que se mezclan también los aspectos frutales y la faceta más amable del sándalo. En el fondo huele casi como una magnolia muy idealizada, agitada por una brisa oriental.

Su evolución no cambia demasiado, es prácticamente esa flor blanca suave todo el tiempo, hasta que el perfil floral se diluye en un fondo ambarado amaderado discreto. Lo destacable de Snob, lo que digamos lo diferencia de algo como Dahlia Divin de Givenchy o perfumes de ese mismo estilo es que, por un lado, la faceta frutal entre ciruela, melocotón y albaricoque aporta un dulzor ligero que resulta encantador y, por otro lado, la textura tiene un efecto casi aterciopelado que delata el cuidado en los detalles.

Snob, cuya fórmula original data de 1951, es en su actual forma una opción ideal para quien, admirando la riqueza de perfumes como Joy de Patou o Scherrer 2 de Jean Louis Scherrer o incluso Femme de Rochas, huya de las huellas vintage de tales perfumes. Dicho de otra manera, perfecto si se quiere un perfume que huela caro, seguro y a la vez entrañable.

Potencia de rosa: Paloma Picasso Mon Parfum.

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Las tendencias en moda apuntan hacia un revival de los 80´s: de nuevo un intento por revivir el oversize, las grandes mangas afaroladas, los volantes por doquier,etc,etc,etc…pero hoy todo son tendencias, lo cual resulta escalofriante porque nada más alejado del concepto de estilo que las modas pasajeras. Curioso es que en los ochenta, quienes los vivieran lo saben bien, los iconos de la moda más ligados a la cultura pop podían jugar con las extravagancias que les brindaba el diseño y aún así convertirlas en una expresión de su propio estilo. Ni que decir tiene que entonces, como ahora, podía haber mucha frivolidad pero aquella gente proyectaba la sensación de que el arte y música en especial podían mejorar el mundo y que el vestir, como otro modo de expresión más, representaba una auténtica declaración de principios. Aquella forma de vivir la cultura era algo que estaba en el aire igual que ahora el ocio sólo parece limitarse al exhibicionismo más burdo y el griterío más zafio.

En fin, entre aquellas estéticas destacaba una especialmente rotunda a la hora de expresar femineidad consistente en combinar prendas de corte más masculino, estructurado e incluso arquitectónico con grandes y poderosas piezas de bisutería o joyería. Aquello -que ahora también vuelve aunque más asociado a un perfil gamine que a la exuberancia natural- era entonces el modo ultra chic de declararse poderosa e independiente. Quizás porque ella siempre ha diseñado joyas con mucho carácter yo siempre he acabado asociando ese modo de usar el patronaje masculino para expresar sensualidad con Paloma Picasso y su perfume.

Hoy en día la fórmula ha sido rebajada en potencia, riqueza y difusión; de hecho, un descendiente directo como es Soir de Lune de Sisley, aunque más brillante y refinado en sus detalles, lo supera en términos de proyección; pero Mon Parfum conserva su carácter y sigue siendo uno de esos perfumes para desplegar poderío.

Su perfil aún gravita entre un fougére oriental y un chipre floral animalístico sin que quede del todo claro el tema, pese a que en el pasado su desarrollo era más musgoso esta indefinición era una de sus características. Sí, Mon Parfum (1984) expresaba exuberancia a base de acompañar el tema principal de rosas y mimosas melosas con un poco de todo, y como muchos perfumes de aquella década su acabado era rico en notas animales y amaderadas.

La sensación de perfume potente lleno de notas perdura en la versión actual y aún puede calificarse de perfume barroco en el sentido de que las facetas están tan llenas de matices que casi pierden agudeza. Aquello de la saturación era muy años 80 pero las raíces del perfume podemos buscarlas en la década anterior, cuando muchas fragancias tenían como eje central una buena dosis de Hedione, un acorde complejo de rosa acompañado de geranio y una base rica en maderas donde destacaba el patchoulí, el vetiver y el iris. Perfumes como Coriandre de Jean Couturier o Aromatics Elixir de Clinique son ejemplos de esto.

Junto a coetáneos como Caesars, La Perla y, especialmente, Knowing de Estée Lauder, tiene ese carácter de rica rosa melosa rodeada de calidez animal pero en su fórmula original añadía un toque afrutado-aldehídico y un halo de flor blanca que lo hacía más fresco y luminoso. En realidad, el perfume de Paloma Picasso era un poco más de todo: más especiado incluso desarrollando una nota de clavel, más almizclado, rico en castóreo y pleno de tabaco, ambarado, bastante musgoso y salpicado de verdor floral mediante notas de jacinto, lirio de los valles y angélica.

Hoy más rebajado, especialmente menos meloso y animalístico y sin que sea evidente el aspecto afrutado ni el musgoso, Mon Parfum sigue siendo uno de esos perfumes que dejan huella. A quien le guste el revival de los 80´s y quiera, como ahora mucha gente hace, volver a usar un perfume del pasado, prueben eso de la moda tan masculina-tan femenina y añadanle el perfume de Paloma Picasso. Ya me contarán.

Momento musical: Na neh nah de Vaya con Dios.

Algunos perfumes de flor de tilo.

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princesa

Leyendo El Acre del Dolor -en Cuentos de Invierno– de Karen Blixen este párrafo me atrapó con su exactitud y belleza:

En la corta vida del verano danés, no hay momento más rico o más dulce que esa semana en que florecen los tilos. La divina fragancia embriaga el cerebro y el corazón; parece unir los campos de Dinamarca con los del Elíseo; contiene heno, miel e incienso sagrado, y es mitad país de las hadas y mitad alacena del boticario. La avenida (de los tilos) se transformaba en edificio místico, en catedral de las dríadas, desde la cima hasta la base profundamente adornada, cubierta de numerosos ornamentos y dorada por el sol. Pero detrás de los muros, las bóvedas eran benignamente frescas y umbrías, como santuarios de ambrosía en un mundo deslumbrante y ardiente; y allí dentro, el suelo estaba húmedo todavía.

Cualquiera que haya caminado por una avenida de tilos reconoce la imagen. Se puede caminar bajo los tilos como conducido por un hechizo, sin ser muy capaces de explicarnos porque el lugar en el que estamos se transforma en un camino sereno y refrescante hasta que lo dejamos atrás. Sólo cuando esta experiencia se repite varias veces se comprende lo que ocurre sin que desaparezca esta sensibilidad: avanzas en ese estado de ensueño porque el aire está saturado del aroma de los tilos.

No hay perfume que consiga reproducir esta magia al completo. La flor de tilo tiene un perfil rico, difuso y a la vez delicado; lleno de sombras, sequedad, brillos y humedad. En general, por ser sus flores ricas en farnesol -un componente de aroma sutil, verde y almizclado, reminiscente de lirio de los valles- suele aparecer frecuentemente unida a perfumes de muguet, en un contexto fresco y ligero, es decir, se retrata casi de forma genérica.

Así que un gran perfume de flor de tilo yo casi diría que aún no existe pero en algunos se encuentran trazas de esa sensación mágica que tiene cruzar una avenida de tilos un día de verano. He aquí algunas sugerencias:

5th Avenue de Elizabeth Arden. Flores aéreas: entrando en la avenida. Simple pero efectivo a la hora de recrear un verdor acuoso que recuerda al pepino, con toques de lila y un efecto empolvado suave. Para quienes gustaran del clásico frescor floral de Elizabeth Arden EdT basado en un muguet cítrico, esto es dar un paso más en la misma línea de frescor limpio pero más redondo y sofisticado en sus notas verdes.

Eau de Ciel de Annick Goutal. Ya en medio de una avenida de tilos, no lejos del bosque, tras una tormenta de verano. Húmedo y refrescante pero también amaderado con la sequedad casi abizcochada característica de las flores. Ese contraste entre lo húmedo y lo seco lo hace especial.

Musti de Mustela. Pétalos en tu nariz. Construido con extracto floral de Tilia cordata y de flor de aciano, es una fragancia infantil sin alcohol que deja entrever la faceta tímidamente empolvada de la flor junto a su tierno aroma afrutado de piel de manzana. Dulce y etérea.

Debut delRae. Los densos racimos cuajados de flores. Es tilo y muguet magnificados. Intenso en notas verdes y cítricas pero con una declinación floral ajazminada que lo acerca a Diorissimo.

Lindenblossom de April Aromatics. Recuerdos tras el paseo. Por ser un perfume en aceite, tiene un desarrollo más plano y cercano a la piel, entre lo cítrico alimonado, lo herbáceo y lo meloso empolvado recrea una difusa sensación floral reminiscente de ese caminar entre los tilos. La versión en EdP llamada Unter den Linden tiene más contraste entre notas verdes y melosas, pero también evoluciona bastante dulce y floral, mientras el aceite mantiene unas trazas terrosas que lo hacen más carnal.

Quizás sea la promesa del reverdecer, cuando las tardes son ya más luminosas y comienzan a florecer las mimosas, que para mi se hace tan apetecible probar perfumes más tiernos y afrutados o más empolvados y verdes como los de flor de tilo, pero en realidad el olor tiene algo terapéutico que sienta bien recordar en cualquier momento del año. ¿Tenéis vosotros un perfume de flor de tilo preferido?

Momento musical: El faro de Patrick Watson.

En la tesitura de las violetas: las iononas.

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borla

En torno al 1900 el colmo del refinamiento era un perfume de violetas. De fragancia elusiva pero rica, con un denso olor a tierra húmeda y verdor ribeteados por un fino hilo floral reminiscente de rosas. Flor representativa de los pastizales y el sotobosque en primavera. Asociada a la timidez, la delicadeza y el romanticismo pero flirteante en su fragancia como ninguna. Y esa es quizás la cualidad más difícil de conseguir en un buen perfume de violetas: que la flor no pierda su carácter evanescente y delicado en detrimento de la estabilidad y que mantenga la frescura y la dulzura de un modo singular porque, al fin y al cabo, como perfume también suele caer en el estereotipo. Más aún, las iononas, ingredientes clave para construir su olor, es uno de los grupos de materias primas más usados tanto en perfumería fina como en la funcional…sólo que hay muchas calidades diferentes.

Las iononas, junto con otras materias de síntesis como los aldehidos, la cumarina, la heliotropina o la vainillina forman parte de ese grupo de ingredientes que, al albor del s.XX, permitieron modernizar las antiguas fórmulas de la perfumería tradicional -basada en naturales- para comenzar a crear temas más abstractos, fantasiosos y sobre todo, estructurados. Estos ingredientes permitían crear notas dulces más densas y pesadas que comenzarían a florecer en las bases tipo ambreina o conseguir un halo fresco y abstracto de flores difuminadas o todo lo contrario, perfilar aún más la faceta de una flor como el heliotropo o la violeta con el acabado dulce y empolvado exagerado.

Los siempre preciados olores del iris y la violeta habían sido durante décadas asociados a las rosas en recetas de polvos de peluca y polvos de arroz, asociación de la que deriva el acorde empolvado. El iris se obtenía del rizoma de iris, también llamando “raíz de violeta” por lo parecido de su olor, mientras que la esencia de violeta se conseguía normalmente partiendo de un pomada preparada con la espléndida violeta de Parma, cuyas flores se caracterizan por ser dulces y fragantes. Pero en ambos casos el procedimiento era laborioso y el rendimiento relativamente bajo, especialmente en el caso de la violeta. Así pues, al calor de la revolución industrial, una investigación química del olor de las violetas que permitiera la producción de algún odorante de síntesis fue el objetivo de Tiemann y Krüger, quienes alimentados de curiosidad decimonónica, emprendieron la empresa de lograr un material sintético con olor a violetas.

Puesto que las flores de violeta son muy frágiles y la cantidad de odorantes que contienen son pocos y difíciles de aislar, los investigadores decidieron usar en su experimento algo que recordaba mucho al olor de la flor: la raíz de iris. Durante su estudio lograron aislar una cetona a la que bautizaron como irona, cuyo olor, sin ser exactamente igual al de las violetas, recordaba bastante a ellas. Establecida la estructura de la irona, intentaron reproducirla vía síntesis a partir del citral (que aún es la fuente principal) -un odorante clave en el olor de limón y responsable del caracter punzante de la hierba limón, la citronela , la verbena, etc. Lo que obtuvieron no fue una irona ( hoy en día aún es una estrutura difícil de producir y muy cara), que supone una estructura con 14 átomos de carbono sino una estructura relacionada, con 13 átomos de carbono, que bautizaron con el nombre de ionona. Paradójicamente la ionona tenía un olor aún más cercano al de la flor natural. Esto unido a su buena capacidad de fijación convirtieron el producto en un éxito.

Al principio esta ionona no era un ingrediente muy asequible, así que normalmente se vendía ya diluída, pero Tiemann y Krüger pensaban que su producto era un químico aromático individual cuando en realidad era una mezcla de dos isómeros: alfa iononas y beta iononas; ambas poseen olor a violetas pero con un tono diferente. Aunque no lo parezca, Tiemann y Krüger hicieron bien su trabajo, porque aún hoy en día es un reto obtener iononas puras y con un olor bien caracterizado. Hay iononas e iononas.

Las alfa iononas tienen, junto con las metil iononas (relacionadas con el olor del iris) un rol principal en la producción de fragancias creando un acabado floral empolvado muy característico. En general, es el tipo de ionona mejor aceptado porque se reconoce como un olor de flor de violeta. Tienen un perfil floral y afrutado tipo frutos del bosque -especialmente frambuesas- dulce con matiz meloso y acabado amaderado. Son el estereotipo del olor a violeta y a menudo forman parte de bases para crear perfumes de rosa.

Las beta iononas tiene un carácter más verde y amaderado, con un tono seco que hace pensar en tiza y matices cerosos. Aún muestran dulzor y el aspecto frutal es más intenso que el de las alfa iononas, entre melocotón y frambuesa. En general el público las acepta peor como representante del olor a violetas pero lo cierto es que se acercan más al modelo natural, su olor se relaciona tanto con la violeta como con la rosa, la flor de vid y la freesia. Representan el lado primitivo y natural de estas flores.

Las iononas, que en la naturaleza son componentes derivados de la degradación de carotenoides, están presentes en numerosas flores y frutas. Alfa iononas caracterizan el aroma de las frambuesas pero también el aceite de costo que, tiempo atrás, se usaba en perfumería para reforzar el carácter del iris y aportar cierta calidez animal, como ocurría en Vol de Nuit (vintage) de Guerlain. Beta iononas pueden encontrarse en numerosas frutas exóticas como el mango, la carambola y la uvilla de campo o physalis; también en la seta chantarela o rebozuelo y en multitud de flores y hierbas como el mate, la litsea cubeba, el té verde, la hoja de higuera, la flor de osmanto, la rosa, la boronia, la freesia, el lirio de los valles o la adelfa amarilla.

No es de extrañar que las iononas sean tan usadas en perfumería, son versátiles y existe un amplio rango de calidades con las que jugar. Además tienen el plus de contribuir al efecto empolvado, con todas las connotaciones positivas de familiaridad, limpieza y ternura pero también negativas de exceso y demodé que esa textura puede tener en un perfume.

Ernest John Parry en su The raw materials of perfumery de 1921 hablaba de la pomada de violeta como un ingrediente natural cada día menos usado. La histórica Violetta di Parma de Borsari (1870) era famosa por emplear tan exquisito material, pero realmente eso era ya una rareza a principios del s.XX. En su lugar, las notas de violeta se hacían con las ya consagradas iononas y otros ingredientes naturales como el caro absoluto de aromo (véase Guerlain en el extracto de Après L´Ondée), el de reseda, el de mimosa, el aceite de costo o el absoluto de hoja de violeta cuyo olor recuerda bastante al de la propia flor.

Vera Violetta ¿1893? de Roger& Gallet, inspirada en el tema verde, fresco y empolvado de Fougére Royal (1882) de Houbigant, es el primer ejemplo del que se tiene constancia del uso de iononas combinadas con absoluto de hoja de violetas. A partir de entonces tal mezcla comenzará a ser popular y pasará a formar parte de famosas bases de violeta cuyo sabor aún perdura en nuestros días como arquetipo de olor a violetas: dulce, verde, empolvado… el tipo de violeta que puede apreciarse desde Paris de YSL o la antigua Verte Violette de L´Artisan Parfumeur a la bohemia La Violette de Annick Goutal o la refinada violeta de Parma tintada con iris y melocotón de Love in Black de Creed.

Un perfume de violetas más natural difícilmente se acepta. Una violeta más natural tendría que mostrar ciertos matices sucios, indólicos a los que algunas personas son muy sensibles. Yo aún no conozco ese perfume pero quien vaya en pos de algo diferente, algo como el perfume de una violeta carnosa, debería darle una oportunidad al aún raro y perfumado Une Fleur de Cassie y al poderosamente almizclado Dans tes bras de Frederic Malle; ambos rinden homenaje a la nota de violeta que Jacques Guerlain perfiló en sus trabajos: una nota aún estilizada y empolvada pero de carácter más denso y especiado, que brillaba en todas sus obras de un modo u otro y hoy en día aún es una de las facetas más importantes en los perfumes Guerlain.

Buenos deseos para estas Navidades 2016

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Para estas noches de diciembre, luz y calor, que alumbren las Fiestas y aviven el espíritu navideño. Luz y calor para estar con los vuestros. Que podáis disfrutar de la Navidad y tengáis un próspero año nuevo.

Un saludo con cariño,

Botanyuki.

P. D. En torno al solsticio de invierno se celebraba el retorno de la luz en las antiguas tradiciones paganas. Aún quedan muchos vestigios de aquellos ritos en la cultura europea; entre los más sutiles, los villancicos con influencia celta. Noël Nouvelet es un ejemplo bretón del s. xv y en esta versión de Apollo´s Fire Baroque Orchestra brilla voz de la soprano Meredith Hall.

De impresiones y oscilaciones: Elixir des Merveilles de Hermès

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Suave, empolvado, oscilante, con trazas boscosas, finamente lechoso y afrutado, con trazas marinas, raro… el ámbar gris es un material fascinante cuya tintura ha sido usada tradicionalmente como unificador en perfumería. Al igual que el musgo de roble tiene una faceta oriental amarga y un carácter ambivalente que habla de la tierra y el mar al mismo tiempo. Pero mientras el musgo ha sido siempre más popular y tangible, el ámbar gris ha continuado como especialidad de la alta perfumería.

Aún existen farmacias, que fabrican sus propios perfumes o comercializan fórmulas locales, en las que se pueden encontrar frasquitos de “Musgo de”. Antes podía ser algo tan típico irse de viaje y traer un frasco de perfume de musgo del lugar de recuerdo como comprar un plato de cerámica o cualquier otro producto de artesanía. Y los perfumes basados en un acorde ámbar son todo un clásico de la perfumería, ya se sabe. Pero lo que resulta más excepcional es un perfume centrado en recrear de alguna manera la complejidad del ámbar gris, de igual modo que Musc Nomade de Annick Goutal o Muscs Koublaï Khän de Serge Lutens hacen, de forma totalmente opuesta, con el almizcle.

Eau des Merveilles fue la primera propuesta clara que trabajaba sobre esa idea. Basada en un acorde amaderado, con una importante dosis de musgo y sal, sosteniendo una faceta cítrica anaranjada muy refrescante; pronto se convirtió en un favorito de quienes prefieren un olor tonificante y complejo alejado de la tradicional Cologne.

Elixir des Merveilles (2006) continua con esa idea, de hecho profundiza más en ella y ofrece un perfil más próximo aún al material. Se podría decir que Eau des Merveilles ofrece el esqueleto y las distintas versiones de la saga van añadiendo y profundizando en unas u otras facetas. Por eso, muy a menudo, Elixir des Merveilles es descrito como un perfume raro: es menos claro, menos fácil de leer porque remite a algo poco conocido. Aún así, en su estructura, mantiene la referencia clara y clásica de los perfumes chyprée, especialmente de los chipres verdes que dominaban el panorama en los años 70.

Siendo fiel a esa idea original de crear una impresión refinada de ámbar gris busca no sólo los matices de olor sino también el comportamiento oscilante del olor. Ahora es como un bosque húmedo con cedros y pinos, después como la brisa marina. Ahora recuerda al sándalo balsámico y almizclado, después al caramelo. Es vainilla y espuma de mar. Leche y alcanfor. Rosas y algas. Delicadamente empolvado. Infinito. Radiante. Astringente por esas vetas amargas de heno y tabaco, con un fino toque afrutado reverberando. Pero todo esto es muy sutil, difuso y a la vez persistente. Este juego entre suave y tenaz que es clave para definir el ámbar gris es uno de los aspectos más logrados del perfume.

Sí, la oscilación es su mayor logro pero también su mayor pecado. Convierte al perfume en algo estiloso pero a la vez raro y distante y así, el público en general, ve Elixir des Merveilles como un perfume que no se puede llegar a describir con exactitud, sensación esa un tanto incómoda. ¿Habéis escuchado alguna vez la charla de Mark Bowden “The importance of being inauthentic”? Describe escenificando como las personas nos clasificamos unas a otras basándonos en rasgos que delatan la pertenencia o no a la tribu. Pues con los perfumes ocurre un poco lo mismo: buscamos lo que nos habla de la tribu, buscamos lo similar y normalmente creemos que eso está en nuestra biografía pero ontogenia y filogenia convergen de forma curiosa en nuestras elecciones. Y el ámbar gris es algo raro, raro, raro…

Elixir des Merveilles, para dar forma a esta rareza, se asienta en una estructura chyprée: salida cítrica versus fondo musgoso ambarado y facetas resinosas como aglutinante. La nota cítrica en esta versión sigue siendo anaranjada pero menos fresca que en Eau des Merveilles. Así, aún teniendo un efecto efervescente y ligeramente metálico, hace pensar en las cortezas de naranja confitadas bañadas en chocolate y en los kumquats confitados. El chocolate seguramente es un efecto pero no es un adorno sin más, legendaria es la receta del chocolat ambrè como afrodisíaco; son notas con afinidad, aunque el chocolate prácticamente combina con todo. También hay una nota floral empolvada muy abstracta que une distintos matices siendo parte iris, parte lirio de los valles y parte rosa. En conjunto, para mi nariz, es sobre todo rosa verde, húmeda y musgosa con un toque de clasicismo inconfundible. Las resinas balsámicas aportan ese característico tono cinámico con trazas de vainilla y, lo que oficialmente se describe como un acorde de azúcar vainillado en la práctica es otra de las sutilezas que acompaña la faceta cítrica creando un suave fondo azucarado.

La base, sin embargo, es poderosa. Oscura y amaderada, tiene por un lado una fuerte presencia de patchoulí, vetiver y notas de cedro que recuerdan un poco ese aspecto seco-verde-amargo de Terre d´Hermès. Cuando la tierra se enfría y llega el invierno, este aspecto más austero es más dominante mientras que en un contexto más cálido las notas amaderadas se hacen más cremosas y emerge el sándalo y el haba tonka. La otra parte importante de la base es la faceta musgo: una recreación a base de tintura de roble y Evernyl -o similar-, combinación parecida a la que se puede apreciar en Vanille Insensée de Atelier Cologne. La tintura de roble da tonos de corteza con suaves toques de vainilla ahumada y algo licoroso muy vago que en el perfume resulta perceptible y elusivo a la vez. El Evernyl añade algo aterciopelado que sugiere sensualidad.

A grandes rasgos, Elixir des Merveilles se puede leer como un perfume amaderado especiado adornado con naranja y de acabado seco. Pero al final sugiere muchas cosas, entre las más curiosas pueden leerse aspectos de cuero y piel salada, a la vez que deja una impresión ligeramente medicinal que recuerda hasta cierto punto el rastro que deja la turba en el whiskey. Especialmente de aquel whiskey en cuyo proceso de fabricación se ha usado turba recogida cerca de la costa y que conserva el regusto marino de alguna forma. Existen versiones más finas y suaves de esta bebida, especialmente cuando es de producción irlandesa, como por ejemplo el popular Connemara mientras que otros brebajes tienen los aspectos de turba muy marcados y resultan áspero al paladar, como el famoso Talisker, así que depende de lo que cada uno conozca podrá o no leer esta faceta pero para mi gusto este perfume de Hermès está más cerca de la limpieza de los destilados irlandeses. De todos modos la sensación whiskey está ahí como otra oscilación más del perfume. Otra impresión más.